

Engels y la vivienda
A partir de la lectura crítica de La cuestión de la vivienda de Friedrich Engels [1873], es posible comprender que el problema habitacional en México —y en particular en Morelos y la región centro del país— no es un simple resultado de la falta de viviendas, sino una expresión estructural de las contradicciones del capitalismo.
Engels demuestra que, bajo este sistema, la vivienda no es construida para satisfacer una necesidad humana fundamental, sino como mercancía para generar plusvalía, renta y especulación. El caso de Morelos, donde existen más de 130,000 viviendas deshabitadas, según datos oficiales recientes, ilustra con claridad este fenómeno: no se trata de que falten casas, sino de que el sistema impide que las personas puedan habitarlas.
Engels afirmaba que el desarrollo capitalista reorganiza el territorio no para vivir, sino para producir y acumular capital. Así ocurrió en la Alemania del siglo XIX con la industrialización, y así sucede hoy en Morelos, donde el modelo urbano ha sido moldeado por el crecimiento acelerado del Valle de México.
A partir de los años ochenta y noventa, con el auge del INFONAVIT y la expansión de las desarrolladoras privadas, el estado se convirtió en un territorio de expansión inmobiliaria. Fraccionamientos masivos se construyeron en municipios como Emiliano Zapata, Jiutepec, Temixco, Xochitepec o Yecapixtla, bajo la lógica de “solucionar el problema habitacional” de los trabajadores formales. Sin embargo, miles de estas viviendas fueron abandonadas o nunca habitadas.
¿Por qué hay tal cantidad de viviendas vacías en un estado con altos niveles de pobreza y carencia de vivienda adecuada? Engels lo anticipa: bajo el capitalismo, no se construye para habitar, sino para vender. Lo que determina si una vivienda es utilizada o no es su valor de cambio, antes que la necesidad social de ocupación. En Morelos, muchas casas fueron edificadas en zonas con servicios deficientes, sin transporte suficiente, y lejos de los centros de trabajo. Otras están mal diseñadas, deterioradas por el tiempo o por la baja calidad de los materiales.

Engels también señalaba que una solución impulsada por la burguesía de la época era la de convertir al trabajador en el propietario de su vivienda. Sin embargo, esta “solución” vincula al asalariado a una deuda, a un lugar fijo, y lo vuelve más vulnerable a la explotación. En Morelos, esto se traduce en miles de trabajadores que deben pagar por casas alejadas, inservibles, o incluso imposibles de habitar, pero cuya deuda persiste. No tienen acceso real a su propiedad, pero tampoco tienen derecho a una alternativa digna.
Mientras tanto, en las zonas céntricas de ciudades como Cuernavaca o Cuautla encarecen el suelo, se gentrifica o es reservado para el comercio, el turismo o los desarrollos de lujo. Engels advertía que el capital tiende a expulsar a los trabajadores del centro urbano hacia la periferia, generando hacinamiento, largos traslados y ruptura del tejido social. Morelos no es la excepción. A pesar de tener una población predominantemente trabajadora y campesina, la lógica de mercado ha marginado a grandes sectores de los espacios habitables.
Esta sobreproducción de vivienda invendible es un ejemplo perfecto de lo que Engels llamaba una contradicción del capitalismo: la abundancia coexiste con la necesidad, porque la propiedad privada bloquea el acceso real a los bienes esenciales. En este contexto, la crisis habitacional no puede entenderse solo como un problema técnico o de planeación urbana. Engels nos invita a reconocer su raíz estructural: la subordinación del suelo, la vivienda y la ciudad a la lógica de la ganancia. Las soluciones de mercado —créditos, subsidios, legalización de asentamientos irregulares— son apenas paliativos. No enfrentan la raíz del problema: que el derecho a la vivienda es negado por el derecho a la propiedad.
Una solución real al problema habitacional en Morelos requiere medidas estructurales como la recuperación de viviendas deshabitadas con fines sociales, la expropiación del suelo ocioso y una planificación territorial democrática. Pero, como advierte Engels, este cambio no vendrá desde arriba, sino que dependerá de la acción organizada del pueblo trabajador en donde será necesaria una planeación urbana efectiva que integre las condiciones reales de la población y las perspectivas de desarrollo colectivo, permitiendo así la reapropiación del territorio, el cuestionamiento de la lógica del capital y la construcción de nuevas formas colectivas de habitar y de vivir.

Viviendas adosadas de la clase trabajadora construidas originalmente hacia 1900, Newcastle, Reino Unido. Foto de archivo

