

Por más de dos décadas los negocios irregulares de venta de bebidas alcohólicas en Tepoztlán se dejaron crecer con la venia o por las omisiones de las autoridades municipales. Decenas de familias manejaban los establecimientos que, a pesar de su ilegalidad (en tanto siempre ha estado prohibida la venta callejera de embriagantes) no tenían que operar en el clandestinaje.
La avenida Tepozteco, una de las principales en el Pueblo Mágico vio crecer el problema en medio de un abierto cinismo. Con carteles fluorescentes, los puestos anunciaban toda una gama de bebidas a los consumidores ávidos de ellas, locales y foráneos, que convirtieron al místico Valle Sagrado en una enorme cantina con todas las terribles consecuencias en el proceso.
Los ilegales permisos expedidos por alguna “autoridad” municipal se fueron heredando y la actividad se convirtió en un uso arraigado en algunos comerciantes en medio de la indignación ciudadana y de miles de familias visitantes que, paulatinamente, dejaron de considerar el Pueblo Mágico como una opción de visita. En contraste y a diferencia de lo que podría pensarse, los vendedores de bebidas alcohólicas no construyeron riqueza en estos años, su economía familiar sigue siendo de subsistencia.
Con el turismo de calidad se fueron muchas opciones de prosperidad, y los problemas de desintegración social y familiar en el Pueblo Mágico crecieron al grado de que la policía se convirtió en un instrumento de cuidado de personas en estado de ebriedad, las conductas antisociales se multiplicaron, creció la incidencia de violencia y de delitos como los homicidios, el robo y el narcomenudeo; se llegó a suspender un carnaval y hasta el distintivo de Pueblo Mágico que nadie podría haber negado a Tepoztlán estuvo en riesgo.
Por supuesto que era necesario recuperar el orden, no sólo por las exigencias de los visitantes, sino mucho más por la protección de la seguridad, la vida y las posibilidades de desarrollo de la comunidad tepozteca que, en su mayoría, ha demandado frenar la venta irregular de bebidas alcohólicas y recuperar la tranquilidad y armonía de las calles en Tepoztlán. Así que los operativos de las recientes semanas para impedir la venta de alcohol en las calles, y verificar que los bares establecidos cumplan con la normatividad eran no solo necesarios, sino urgentes frente al crecimiento de la inseguridad y la enorme merma a los ingresos por turismo.
La prohibición de la venta de bebidas embriagantes no busca afectar a los comerciantes callejeros, de hecho, se les ha sugerido desde el ayuntamiento cambiar su giro. Algunos podrían volver a la venta de comida, actividad que dejaron pues era más difícil que solamente destapar y servir cervezas.

Sin embargo, hay una enorme resistencia de quienes han hecho de la venta ilegal de bebidas alcohólicas un modus vivendi y ahora exigen al ayuntamiento optar por dos alternativas, la instalación de un enorme chelódromo para retirarlos de las calles, algo que para nada solucionaría el problema; o dotarlos de recursos suficientes para cambiar de giro en sus negocios y así entrar a la legalidad, algo que también parece difícil desde la administración municipal, aunque el gobierno del estado tiene programas para impulsar los pequeños emprendimientos.
Por lo pronto, la mayoría en el Pueblo Mágico respalda la postura del alcalde, Perseo Quiroz en el conflicto con las ilegales chelerías. Devolver el orden a Tepoztlán permitirá, y esto lo saben todos, recuperar al Valle Sagrado y con ello impulsar la prosperidad desde una visión de turismo comunitario que ya está en marcha y promete beneficios generales.

