El anunciado cambio en la Secretaría de Hacienda se verificó este viernes sin mayores sorpresas. En la fecha programada se nombró a quien estaba previsto, Jorge Salazar Acosta, quien asumió el encargo unos días antes de que el Congreso de Morelos autorice, como se ha propuesto, la fusión entre las secretarías de Administración y Hacienda en una búsqueda por lograr mayor eficiencia en la gestión de los recursos del estado.

Salazar Acosta es uno de los funcionarios de confianza de la gobernadora, Margarita González Saravia, la ha acompañado en diversos encargos administrativos y si se suma eso a su experiencia hacendaria, fiscal y en derecho administrativo, parecía el más obvio candidato a ocupar el despacho con el que se pretende establecer un criterio único en el manejo del dinero público que va desde la recaudación y gestión de recursos federales, hasta la inversión y el pago a proveedores.

Aunque para algunos el cambio podría haber esperado hasta que el Congreso aprobara la fusión de las dependencias, lo cierto es que se dio en el momento más conveniente para la administración de la gobernadora. Primero porque la renuncia de quien ocupaba la Secretaría de Hacienda, Mirna Zavala Zúñiga, avisaba de su retiro justo el 15 de agosto. Pero también, y esto parece ser lo más determinante, por la necesidad de eficientar el flujo de pagos del gobierno estatal justo a tiempo para que, al final del año, no se presenten subejercicios en las dependencias.

Porque, de acuerdo con la propia gobernadora, las diferencias de criterios en el uso de los recursos públicos habían generado retrasos mucho más largos de lo que uno esperaría en el primer año de cualquier administración gubernamental. Esas diferencias provocaron diferendos en el gabinete estatal, que al final habrían sido rescatables, pero también comenzaban a afectar a sectores sociales diversos y la marcha programada de las acciones de gobierno. En esas condiciones el relevo era más que urgente.

Además, tendrían que considerarse la colección de fallas de la Secretaría de Hacienda desde octubre pasado, particularmente los proyectos fallidos para aumentar la recaudación que, al no haber sido socializados, llevaron a conflictos innecesarios con grupos de interés y sectores productivos del estado. Al final, lo que era un proyecto para fortalecer la recaudación quedó como una miscelánea local llena de boquetes que generó más conflictos sociales que mejoras en las finanzas estatales. Si bien es cierto que las primeras proyecciones apuntan a una mejora moderada en la recaudación local, las cifras parecen quedar lejos de la meta programada y de los plazos para ella, por ejemplo, en los casos del refrendo vehicular y el impuesto a los servicios de hospedaje por plataformas.

En medio de esa vorágine administrativa, la figura de la secretaria Zavala se fue desgastando innecesariamente, por lo que ella misma determinó retirarse del ejercicio gubernamental y dedicarse a labores académicas.

A Salazar Acosta le tocará enderezar un barco que no hacía agua, pero estaba flotando hacia un rumbo diferente al resto de la flota estatal. Y si bien es importante la primera tarea que se le encargó, atender los pagos atrasados; la aduana real para su gestión será, sin duda, el diseño del paquete económico para el 2026, que deberá continuar la tendencia de aumento a la recaudación sin provocar los conflictos que se generaron en el primer intento, una tarea nada fácil si no se considera la incorporación del sector informal de la economía.

La Jornada Morelos