I. Las condiciones actuales implican pruebas, retos y desafíos con los que todo gobernante tiene la oportunidad de cumplir, dar resultados o simple y sencillamente retirarse de la escena pública para que así, otros arriben a los espacios determinados por el pueblo sabio exigente del servicio público honesto con soluciones efectivas y objetivas a cada reclamo popular.

Las discursivas estiladas por quienes en otro tiempo ya pasaron tiempo corto, mediano o de largo plazo en espacios de gobierno, o son incongruentes, cínicas y reprochables o simplemente se trata de resabios que provienen de las vociferaciones más rapaces con que atacan sin argumentos muchos que aún disfrutan de lo mal habido o lo que es peor, de sus enriquecimientos ilícitos plagados de corrupción.

II. No obstante lo anterior, la realidad es una, no existe justificación para vivir del erario, vulnerar las arcas públicas y fingir trabajo; el horno no está para bollos y en el terráqueo civilizado y democrático, la herramienta que atempera el resabio u odio social, sigue siendo únicamente el diálogo, las aportaciones propositivas y de compromiso solidario real.

El apostarle a la denostación sin generosidad y menos respeto para con los demás, lleva a las sociedades más avanzadas a un ritmo creciente al fracaso de sus sistemas, la caída de sus estructuras institucionales y la reprobación total a su imagen como proyección de desarrollo.

Caso concreto, lo que se vive en países y lugares de esparcimiento en calidad de paraísos habitables, otrora receptores de potencial turismo, comercio, cultura e inversión y en los que hoy se reciente un declive económico sin que se tengan a primera vista opciones remediadoras.

Cuando se ha apostado a la explotación de las riquezas naturales sin prever las consecuencias a futuro, lo que se genera es injustamente una afectación al medio ambiente y, por ende, a otros habitantes del planeta que también respiran. Vrgr. De la corrupción ambiental más vil.

III. En México, tenemos la oportunidad de reflexionar como un todo, lo que le pase negativamente a unos nos alcanza en afectación a las mayorías, esa es la razón de una transformación que requerimos como nación, de manera inevitable y urgente, más allá de los procesos electorales y las rebatingas por el poder mismo en la que todos y todas nos vemos atrapados y ponderando la supervivencia de las actuales y futuras generaciones.

Nadie más que cada ser vivo pensante puede aportar para la atención de lo que cada vez se tiene más distante; el combate a los flagelos inicia con la participación organizada en un marco de derecho, justicia y legalidad a toda prueba en donde la parte institucional cumple y el pueblo sabio participa, observa, valora, califica y aprueba o repudia.

IV. De ello habla la extendida protesta para que, por un lado, la unidad nacional se alcance con niveles ciertos para que gobernados y gobernantes contribuyan y aportemos al combate a la inseguridad, la corrupción e impunidad en cada punto cardinal de la Nación.

Lo peor es que esos y otros tópicos relacionados con la herencia maldita de hace más de ocho décadas y desde antes de 2018, son los temas que dirigen la agenda, establecen diques y suman a otras conductas mediáticas de antipatriotas sumados a intereses extranjero; con las que más allá de encontrar soluciones tal pareciera que se prefiere uno y otro día, tener en el radar comunicativo lo negativo de la historia antes de las proezas realizadas por mujeres y hombres ejemplares en el paso del tiempo y con quienes la república ha ubicado en primeros lugares de ejemplo, trascendencia o reconocimiento al país entero.

Pero, en fin, esta es una más de las reflexiones, pensamiento libre y sostenido en el ideal de una sociedad de valores y principios nacidos y abonados desde las familias; lo que no cabe para quienes en sus espacios procuran delinquir en corrupción participativa, mediante la protección, complicidad y ocultamiento de auténticos delincuentes que en ese confort presumen de una vida holgada, en familia y disfrutando lo que se han robado del erario.

1000 PALABRAS. Las letras se escriben para articular palabras, éstas provienen de una amalgama del raciocinio con el que los seres humanos contamos, mismo que hoy merece especial atención en la proximidad de las consecuencias mundiales en guerras elevadas de temperatura y cambios climáticos que afectan la tranquilidad y la paz.

Leonel Díaz Rogel