

Muriendo en el intento
En la última década la cultura Fitness y la adopción de un estilo de vida que incluya el entrenamiento físico han prevalecido en una generación preocupada por las consecuencias de una mala salud con un agregado de interés estético para la consolidación de una sensación de comodidad frente a lo que perciben en el espejo; es complejo determinar las razones inconscientes en la toma de decisiones rotundas en la adopción de un estilo de vida que incluye la modificación total de la dinámica cotidiana individual además de una inversión económica para la que muchos es desconocida y aterradora una vez que se incluyen en la batalla de la que se cree es salud. Quien toma la decisión de iniciar un cambio rotundo, por lo general inicia con una fuerte motivación dirigida a la mejora de su organismo, pero también objetada a conseguir un físico que llene la concepción de comodidad y belleza al mismo tiempo.
Inicia entonces el proceso de “copiar y pegar” aquellas acciones que observo a mi alrededor funcionales para muchos incluyendo tipos de alimentos y suplementos consumidos que bajo la percepción empírica, garantizan el éxito en la modificación corporal; algunas veces -y si el presupuesto lo permite- se busca orientación profesional y otras simplemente se replica lo que le rodea. La mala dirección en la alimentación trae consigo consecuencia a largo plazo como lo son deficiencias multivitamínicas, excesivo consumo de proteínas que pueden generar falla renal, limitación en variaciones de alimentos, déficit de calorías o mal entendimiento de conceptos referentes a la nutrición. Pero ¿Qué pasa si el inicio del entrenamiento dentro de un gimnasio no respeta el proceso natural adaptativo? Es muy común que dentro de la motivación y éxtasis emocional para iniciar cambios saludables se olvide o ignore el proceso natural del cuerpo humano sobre todo si el ejercicio no ha formado parte de la rutina cotidiana.
Durante las primeras seis semanas el organismo comienza a desarrollar adaptaciones neutrales que incluyen la mejora en la coordinación muscular y la regulación de la frecuencia cardiaca, es decir, el acondicionamiento del sistema circulatorio (corazón), entre la semana cuatro y 12 inician los cambios perceptibles del tejido muscular observado mediante pequeños cambios corporales y la sensación de incremento de fuerza; hasta la semana 24 se desarrollan las adaptaciones de tejidos conectivos (tendones y ligamentos) garantizando mayor resistencia y disminución del riesgo de lesión, esto se logra mediante un control de pesos utilizados en el entrenamiento además del cuidado de posturas y técnicas. Este proceso concluye después de doce meses constantes en el que se logra la adaptación ósea observada por un incremento de densidad mineral acompañado del crecimiento muscular.
Lo anterior denota la importancia del cuidado de la técnica y la importancia que implica el buen acompañamiento durante un proceso largo que debe quedar claro para quien inicia estos cambios para evitar daños de vital importancia; en contraste, lo que se observa es la exigencia de cambios notorios inmediatos omitiendo importantes procesos adaptativos tanto físicos como químicos, es decir, ignorando el correcto inicio de entrenamiento físico en conjunto con el descuido en la alimentación y suplementación.
Como resultado nos encontramos en una época donde noticias de fallecimiento dentro de instalaciones de gimnasios han comenzado a ser comunes, a pesar de una frecuencia alarmante, no existe un registro global centralizado de muertes dentro de gimnasios; por ello, el número exacto de casos reportados en los últimos tres años es desconocido. Sin embargo, algunos datos parciales disponibles son: (de acuerdo con GymMaster), en 2021 se informaron 40 485 muertes por lesiones asociadas al uso de equipo de ejercicio; en México se reportan al menos 9 muertes de usuarios entre 2022 y 2025. A pesar de estos datos alarmantes existe una ausencia de datos consolidados provenientes de organismos como la OMS o asociaciones internacionales (por ejemplo, IHRSA), por lo que no es posible determinar con precisión cuántas muertes han ocurrido dentro de gimnasios a nivel mundial. Para obtener una cifra más certera, sería necesario que estas entidades incorporen reportes de fatalidades en sus estudios y reportes anuales, lo cual resulta un reto frente para gobiernos e instituciones que no han alcanzado a percibir la magnitud de un nuevo estilo de vida aprobado mundialmente.

Las muertes asociadas a la práctica de ejercicio en gimnasios y centros deportivos se explican principalmente por dos grandes grupos de causas: cardiovasculares (infartos, arritmias malignas, síndromes coronarios, obstrucción por crecimiento acelerado del miocardio, entre otras cardiopatías; y no cardiovasculares que incluyen golpe de calor, ahogamiento, asfixia, lesiones en el tórax y accidentes dentro de las instalaciones. Actualmente se han incluido riesgos de derrame cerebral, el cual sigue combatiendo una disputa de la razón de su origen buscando a quién o a qué responsabilizar, intentando dirigir la culpabilidad de quien pierde la vida.
El inicio de un cambio de vida debe ser progresivo y vigilado de una manera multidisciplinaria donde médico, nutriólogo y entrenador deben entender sus funciones y límites pero también aceptando la inclusión de un profesional de vital importancia frente los riesgos importantes observados actualmente, la participación de un profesional de la psicología será la clave para la disminución de riesgos, pues no se debe olvidar que no solo se trata de un proceso físico, es también el resultado de una serie de emociones y pensamientos ocultos bajo el velo del discurso que debe ser desmenuzado hermenéuticamente para ser dirigidos hacia un proceso de salud y no de destrucción.

*Psico nutrióloga

