

Morelos bajo amenaza:
la minería que devora cerros, agua y comunidad
Josemanuel Luna-Nemecio[1]
Fleur Gouttefanjat[2]
Pocas actividades expresan con tanta crudeza las contradicciones del capitalismo como la minería a cielo abierto. Bajo el discurso del desarrollo, gobiernos y empresas transnacionales promueven este tipo de proyectos como sinónimo de inversión y progreso. Pero lo que avanza sobre los territorios es un modelo que devora cerros, envenena ríos, fractura comunidades y sacrifica el futuro de las comunidades a cambio de ganancias privadas.
La minería a cielo abierto consiste en excavar enormes cráteres para extraer metales como oro, plata o cobre. Se dinamita el suelo, se tritura la roca y se utiliza cianuro para separar los minerales. Este proceso, altamente tóxico, genera millones de toneladas de desechos contaminantes y requiere cantidades descomunales de agua, lo que agrava aún más la crisis hídrica que viven muchas regiones del país.
Según datos de la Secretaría de Economía, hasta 2023 existían más de 25,500 concesiones mineras vigentes en México, que abarcan el 8.59% del territorio nacional. Aunque Morelos no figura entre los estados con mayor número de concesiones, enfrenta amenazas reales por parte de proyectos mineros de gran escala.

Uno de los casos más alarmantes es el del proyecto del Cerro del Jumil, impulsado por Esperanza Silver de México, filial de la empresa canadiense Álamos Gold Inc.. Esta compañía ha invertido 42 millones de dólares en exploración y obtención de permisos legales para extraer, en un periodo de mediano plazo, 1.5 millones de onzas de oro y 16 millones de onzas de plata, dentro de un polígono de aproximadamente 15 mil hectáreas en el municipio de Temixco.
La mina se ubicaría en el Cerro del Jumil, una zona sagrada para comunidades indígenas tlahuicas y parte de un corredor ecológico vital para la región. Diversos estudios alertan sobre los riesgos que implicaría este megaproyecto: afectaciones a los acuíferos que alimentan la cuenca del río Apatlaco, pérdida de biodiversidad, contaminación por metales pesados y daño irreversible a la salud pública de poblaciones cercanas.
Lo que se presenta como inversión es, en realidad, una forma brutal de extractivismo: un modelo que convierte a los territorios en zonas de emergencia ambiental y sanitaria para alimentar la demanda global de metales. A cambio, las comunidades reciben empleo precario, fragmentación social y suelos infértiles. La historia reciente en estados como Sonora, Zacatecas o Guerrero muestra que donde se instalan estas minas, el agua escasea, los bosques desaparecen y las enfermedades aumentan.
Pero los pueblos no se quedan de brazos cruzados. En Morelos, organizaciones el “Movimiento Morelense contra la minería tóxica por metales” ha impulsado movilizaciones, amparos legales y procesos de organización para detener estos proyectos. Su defensa del territorio es también una defensa del derecho a decidir sobre su futuro.
La minería tóxica no es una solución a los problemas económicos que se presentan en la entidad, es parte del problema. Es tiempo de replantear el rumbo: apostar por una economía que priorice la vida, que respete la tierra y que reconozca que la verdadera riqueza está en los ríos limpios, los cerros vivos y la organización comunitaria.
Morelos sin mina: de resistencias territoriales a transiciones socioecológicas
Nancy Merary Jiménez Martínez[1]
Las concesiones mineras en Temixco, Xochitepec y Miacatlán han traído consigo incertidumbre, agobio y una movilización intensa para evitar a toda costa la extracción minera, que ha tenido algunos frutos, como las declaratorias de dichos municipios como libres de minería a cielo abierto, o el dinamismo del colectivo “Morelos sin mina”, que ejemplifica una resistencia al extractivismo, pero también una experimentación propositiva y cotidiana que merece ser reconocida y divulgada.
La resistencia comunitaria de “Morelos sin mina” no se limita a protestas visibles, sino que incluye la producción de saberes locales —como el taller de medicina natural, el curso-taller de autocuidado o la identificación de la biodiversidad de su territorio—; formas organizativas autónomas, como sus ya cuatro torneos de resorteras contra la minería en Morelos o papalotizas colectivas; y la articulación del “buen vivir”, basada en los recorridos al cerro del Jumil para reconectarse con la esencia de la vida y ver que la Naturaleza no es sinónimo de recursos explotables.
“Morelos sin mina” no solo resiste, sino que propone formas alternativas de relación con el entorno: una ecología territorialmente situada que también apunta a una politización desde abajo, y que ejemplifica formas de transición socioecológica que desafían al extractivismo.

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Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM-UNAM) ↑
La minería anti campesina
Fleur Gouttefanjat[1]
Desde hace dos décadas, el extractivismo minero en el estado de Morelos ha ido en aumento, como consecuencia de la multiplicación de concesiones mineras otorgadas en el territorio nacional durante los gobiernos neoliberales de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Hoy un 25.1% del suelo morelense está siendo destinado a minería.
Un proyecto minero relativamente reciente es el de la empresa Alamos Gold, que persigue la extracción de oro y plata en la localidad de San Agustín Tetlama, en el municipio de Temixco. A pesar de que esta empresa, y sus defensores, dicen promover un modelo de minería sustentable, la realidad es que su actividad es altamente depredadora de la vida y del ambiente de las comunidades rurales.
En dichas comunidades, donde la agricultura de pequeña y mediana escala sigue siendo importante, el emplazamiento de las concesiones mineras se traduce en una serie de impactos altamente negativos: escasez de agua, contaminación de mantos acuíferos y de suelos, riesgo para la salud de los pobladores, tala de árboles, destrucción de la estructura del suelo y pérdida de fauna y flora. Hasta el momento, el extractivismo minero no ha mostrado ser compatible con la vida campesina.

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Universidad Nacional Autónoma de México ↑
Minería tóxica en Morelos: una amenaza para la salud pública
Josemanuel Luna-Nemecio[1]
En Morelos, la expansión de la minería a cielo abierto representa una amenaza creciente para la salud de las comunidades. Aunque varios megaproyectos mineros aún no entran en operación, sus posibles efectos ya generan preocupación.
El uso intensivo de sustancias químicas, las detonaciones diarias y el consumo masivo de agua en un contexto de escasez hídrica anticipan un escenario de degradación ambiental y riesgo sanitario paara toda la población.
Según datos de la Secretaría de Economía, existen más de 120 concesiones mineras vigentes en el estado (abarcando casi 10% del territorio estatal), muchas de ellas en zonas urbanas o cercanas a centros de población. La experiencia en estados como Sonora, Zacatecas y Guerrero confirma los riesgos socioambientales: contaminación de fuentes de agua, liberación de metales pesados al ambiente, enfermedades respiratorias, renales y neurológicas. En un territorio densamente habitado como Morelos, con ecosistemas frágiles y mantos acuíferos interconectados, los impactos pueden ser irreversibles. Ante el silencio institucional, urge frenar este modelo extractivo que sacrifica la salud pública en nombre del crecimiento económico de unas cuantas empresas.

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Universidad Autónoma Metropolitana ↑
¿Quién controla la minería mexicana?
Isidro Téllez Ramírez[1]
Pese al ingreso del capital extranjero, principalmente canadiense, Grupo México, Industrias Peñoles (Fresnillo Plc), Minera Autlán y Minera Frisco controlan la producción nacional de minerales clave en México: 100% del molibdeno, 99% del manganeso, 85% del cobre, 50% del zinc y 41% de la plata. Las extranjeras se centran en hierro (61%), oro (43%) y plomo (41%).
Este dominio ha posicionado a Grupo México como el quinto productor mundial de cobre y a Peñoles como líder global en plata, ubicando a sus dueños como la segunda y cuarta familias más ricas del país. Sin embargo, ambas arrastran graves daños ambientales sin reparación hasta la fecha: el derrame tóxico en el río Sonora -el peor en la historia de México- y la intoxicación por plomo de miles de niños en Torreón.
Estas corporaciones controlan la riqueza en el subsuelo y proveerán los metales para la transición energética, nueva fiebre minera que augura más beneficios para los de siempre y mayores costos socioambientales para los territorios.

Participación por empresa en la producción minera nacional, según mineral, 2023
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Instituto de Geografía, UNAM. ↑
El agua y la minería: una incompatibilidad estructural. El caso de Zacatecas
Dra. Grecia Eugenia Rodríguez Navarro y Mtra. Priscilla Estefanía Rodríguez Navarro
La sobreexplotación de los acuíferos representa una problemática ambiental creciente en México. El país cuenta con 653 acuíferos subterráneos, de los cuales 195 presentan condiciones de sobreexplotación, 32 poseen suelos salinos y agua salobre, y 18 presentan intrusión marina. Estos datos evidencian una alarmante disminución en la disponibilidad hídrica y es importante destacar la relación desigual entre el uso del agua y los intereses vinculados con la minería.
Particularmente, Zacatecas atraviesa una crisis hídrica profunda, el Gobierno del Estado ha reconocido que, de los 34 acuíferos de la entidad, 20 se encuentran sobreexplotados y los 14 restantes carecen de disponibilidad. Resulta significativo que los acuíferos más afectados coincidan geográficamente con las zonas donde se concentra la actividad minera. Estas regiones enfrentan la escasez de agua y están sujetas a una constante presión por parte de proyectos mineros que priorizan el beneficio económico por encima del bienestar socioambiental.
El caso de Zacatecas ilustra la contradicción estructural entre la conservación de los bienes hídricos y el modelo extractivo. Esta dinámica plantea una urgente necesidad de revisar las políticas de gestión del agua que permiten su apropiación privada.
Buzón Ambiental
Este es tu espacio para hacer oír tu voz. ¿Tienes alguna inquietud, pregunta o denuncia sobre el medio ambiente en Morelos? El “Buzón Ambiental” de Xoxoctic está abierto para que compartas tus opiniones, experiencias y propuestas sobre la naturaleza, la ecología y los problemas que nos afectan a todos. Escríbenos y juntos hagamos nuevamente de Morelos el lugar de la “Eterna Primavera” ¡Tu participación es clave!
Manda tu contribución de no más de 1200 caracteres al correo:
lajornadamorelosxoxoctic@gmail.com
Hola, me llamo María Teresa y soy vecina de San Agustín Tetlama, en el municipio de Temixco. Quiero compartir mi preocupación porque desde que empezaron a hablar del proyecto de la mina, ya no vivo tranquila. Aunque todavía no empieza, solo de pensar en lo que puede pasar se me revuelve el estómago. Aquí vivimos del campo, sembramos maíz, cuidamos nuestros árboles y tomamos agua del pozo. ¿Qué va a pasar si llega la mina? ¿Y si se contamina el agua? ¿Y si ya no podemos sembrar? A mí me da miedo que nos quiten todo y que luego digan que fue por el bien del progreso. Yo no quiero que destruyan nuestro pueblo. Por eso escribo, para que se escuche nuestra voz.
María Teresa García, habitante de Temixco, Morelos.
Lectura RecomendadaTe invitamos a sumergirte en el conocimiento a través de libros que abordan temas ambientales claves. Cada recomendación busca inspirarte, informarte y generar conciencia sobre los desafíos ecológicos que enfrentamos en Morelos y en todo el país.
En esta ocasión te recomendamos Minería mexicana. En el capitalismo del siglo XXI, de Violeta R. Núñez Rodríguez, publicado por Editorial Ítaca. Se trata de una obra clave para entender las condiciones estructurales que rodean al sector económico más rentable de América Latina, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). En este sector —organizado como un enclave que concentra beneficios en manos de unos cuantos privilegiados mediante concesiones otorgadas por el Estado— han surgido el segundo y el tercer hombres más ricos del país, mientras las riquezas nacionales se transfieren a empresas extranjeras.
Violeta Núñez advierte que es urgente poner un alto a este “paraíso minero”, que ahora avanza incluso hacia el fondo marino (donde ya se han concesionado miles de hectáreas). Lejos de ser un motor de desarrollo, la minería se ha convertido en un infierno para muchas comunidades rurales e indígenas. Más que buscar mecanismos para controlar los conflictos entre pueblos y empresas, sostiene la autora, lo verdaderamente importante es garantizar el respeto pleno a los derechos de quienes habitan estos territorios. De lo contrario —como ya lo han demostrado en múltiples casos—, los pueblos están dispuestos a dar la vida por defender lo que les pertenece.
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Léelo completo aquí: https://editorialitaca.com/libro/mineria-mexicana/


