Ahora hay muchas noticias sobre el tema migratorio, se cumplen no exactamente 10 años de la crisis migratoria en el Mediterráneo, Trump no deja de ejecutar redadas y de pelear contra las ciudades santuario, en América del Sur Ecuador deporta presos de nacionalidad colombiana de manera unilateral. En ese contexto y con la fugacidad eterna rondando, vale la pena hacer una pausa con algunas notas que se pregunten ¿Cuál es el papel del cuerpo en las investigaciones sobre migración? ¿Cómo se producen los acercamientos a los procesos migratorios? ¿Los conocimientos están cruzados por otras variables o se observa con total claridad? Son algunas reflexiones en torno al papel del cuerpo, no sólo para académicos sino para toda persona que desee comprender efectos de la movilidad humana y al médium a través del cual se les percibe.

Desde hace casi dos siglos, sino es que, desde antes, las personas que se acercan a investigar otros grupos desarrollaron metodologías para acercarse a sujetos/objetos de estudio. Uno de estos métodos es la etnografía, que consiste en la sistematización de datos recopilados en algún contexto. La etnografía clásica ha comenzado a pasar de la observación participante hacia la participación perceptiva, donde el cuerpo de la persona que investiga adquiere un protagonismo central. El cuerpo no sólo permite el movimiento en un espacio físico del trabajo de campo, sino que es en sí mismo una estructura que configura cómo se establecen las interacciones sociales.

Este cambio de perspectiva implica reconocer que la forma en la que somos leídos corporalmente influye en las posibilidades y límites de nuestra investigación. El género, la raza, la clase, las identidades y la especialidad visual se convierte en fronteras o puentes invisibles pero determinantes. El cuerpo de la persona que investiga es interpelado por otras personas, facilita o restringe la interacción. Así sucede cuando las mujeres dudan en realizar ciertas actividades por inseguridad, mientras que sus colegas leídos hombres actúan con libertad relativa, a menudo sin medir los riesgos inherentes a su propia corporalidad.

El proceso de racialización también se presenta de manera sutil y constante. La persona que investiga puede ser leída como alguien próxima, lo que genera confianza inmediata debido a su color de piel o puede enfrentar barreras culturales significativas que dificultan la interacción. Esto va a depender del contexto. Es el cuerpo un contexto social que condiciona la manera en que se desarrolla el trabajo de campo etnográfico.

La clase social y sus divisiones aún son un juego vigente, hay quienes tienen más y quienes tienen menos. No sólo dinero o capital monetario. No sólo por trabajo o desparrame sino también por despojo. Las prendas que vestimos, el lenguaje que utilizamos. Esto es especialmente revelador cuando las personas se dedican a leer otras personas. Policías que intentan averiguar el estatus de otra persona a través del desgaste de sus tenis, la marca de su mochila o por la forma en la que habla. Aunque muchas lecturas se basan en prejuicios, estos generan realidades subjetivas: «ese tendrá dinero porque trae tenis nuevos», «ese siempre porta mucha joyería», «esta otra persona viene planchada», entonces el trato se modifica de tal o cual forma. «Ese se mira como estudiante», «ese viene de la iglesia», «ese es periodista».

No todo son materialidades, también la identidad juega un papel fundamental. No sólo se pertenece a grupos sociales por materialidad o aleatoriedad corporal, también se hace por auto adscripción, aunque a veces esto genera tensiones. Serás leído de un tono de piel oscuro si visitas un espacio lleno de blancos, serás leído como moreno si visitas un espacio lleno de personas negras. Esa auto adscripción tiene un límite que se juega con las otras personas y con las otras materialidades. Caso similar al de la espacialidad, sorber un plato de sopa es de mala educación en México, es elogio para el que cocina en países asiáticos. Quizá, añadir tiempo también al espacio, será adecuado irse a dormir en la noche y levantarse en el día, espacio y tiempo.

Algunas experiencias corporales de campo como cortarse el cabello o cruzar una frontera revelan dimensiones profundas del conocimiento etnográfico. Cada experiencia corporal implica un proceso de aprendizaje, no sólo sobre las poblaciones con las que se interactúa, sino también sobre la propia posición social de la persona que investiga.

La reflexión sobre el cuerpo en la etnografía y otros métodos de acercamiento físico desafía lógicas de razón. ¿Cómo hacer más ético y consciente el diálogo entre investigadores e investigados? ¿De qué manera el cuerpo del investigador podría convertirse en una herramienta para una comprensión más empática y menos colonizadora? Dicho enfoque corporal, material y llenos de subjetividades invitan a repensar no sólo cómo hacemos etnografía sino para qué y para quién la elaboramos.

*Momoxca, internacionalista, escritor y migrantólogo.

Imagen: Redes Sociales

Víctor Villarreal Cabello