“Orgullosa de sí misma, se levanta la gran Tenochtitlan”: Cantares Mexicanos



Cada miércoles que inicia el documental Tenochtitlan Ciudad Viva a las ocho pm por el canal 11 de TV, se escucha el inefable sonido del caracol que hacían sonar (unos dicen que cada cuatro horas seis veces al día y otros que cada hora) desde lo alto de los templos para marcar el tiempo, así de precisos eran los aztecas-mexicas que sabían cómo medir el tiempo con el ajuste que hicieron en Xochicalco durante la ceremonia del Fuego Nuevo que se llevaba a cabo cada 52 años.

En esa ocasión, luego del encuentro de sabios en el que también se dio a conocer por parte de los mayas el descubrimiento del Cero y del Pi (3.1416), dejaron constancia del cambio calendárico esculpiéndolo para la posteridad en la pirámide de Quetzalcóatl de ese lugar.

Es menester reconocer que su calendario era más preciso que el impreciso, valga la redundancia al revés, calendario gregoriano adoptado por la fuerza del Papa Gregorio III, vean el desastre del mes de febrero por ejemplo, que es de 28 días salvo los años bisiestos cuando termina en 29 días. Pues qué creen, en esa ciudad construída sobre las aguas del lago de Texcoco, en cada programa nos revelan una faceta distinta de la formidable ciudad, cabe resaltar que Tenochtitlan Ciudad Viva, idea original de Hugo Castro Aranda, presidente nacional de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, es toda una cátedra de historia que se debía pasar en todas las escuelas de México.

Lo digo porque esta serie revela lo que pocos maestros definen con tal precisión: cómo se vivía en esa urbe, su enorme cultura y la manera en que de la nada, una de las siete tribus salidas del misterioso Aztlán (aún se desconoce a ciencia cierta su ubicación precisa), la tribu de los aztecas, los últimos de las siete tribus en llegar a la Cuenca de México alrededor del año 1300 d.C. al estar ya ocupadas las mejores tierras de los alrededores, aceptaron el islote en medio del lago. Y bajo esas difíciles condiciones, en tan solo 200 años, levantaron un formidable imperio que, como parte de Mesoamérica, constituyen una de las seis civilizaciones antiguas totalmente independientes en el mundo.

Este programa propiciado por la SMGE, apoyado en su preparación por el Conacyt, el INAH e investigadores de la UNAM, entre otros, es fundamental conocerlo porque además de que detalla cómo de un pequeño islote, los aztecas-mexicas crearon la gran ciudad. En el documental se aprecia cómo se entrelaza la vida cotidiana y la historia imperial de esa gran cultura.

El programa del pasado miércoles se refirieron al zoológico de Tenochtitlan conocido como la Casa de los Animales o Totocalli en lengua náhuatl. “Ese zoológico es uno de los primeros del mundo y en ese momento prácticamente era el único y era enorme y se dice que estaba muy cerca del Palacio de Moctezuma”, para que se den una idea queridos lectores, estaba más o menos de la hoy calle 5 de Febrero hasta la Alameda Central. Y era muy grande para el tamaño de la ciudad.

Construido por el huey tlatoani Moctezuma Xocoyotzin, el que también solía descansar en los jardines florales de Oaxtepetl (en el actual Morelos), se preocupaba, además de los asuntos bélicos la política era eminentemente bélica además de su cultura, arte, etc., por conservar la fauna y la flora de su entorno, tanto que se avoca no solo a mostrar a sus pobladores todas las especies animales de entonces, sino crea uno de los zoológicos, tal vez el más grande del mundo conocido. Tan solo para su mantenimiento contaban con 600 trabajadores atentos al cuidado, conservación e investigación de las especies. Hoy en día, en la Ciudad de México no tenemos uno igual.

Incluía mamíferos como lobos, pumas, jaguares, linces y coyotes, zorros, osos, ocelotes, felinos medianos, pecaríes, bisontes, entre muchas otras especies. También aves como ibis y flamencos, garzas y patos, quetzales, loros y guacamayos así como todo tipo de aves cantoras pero también águilas reales y hasta pequeños halcones. Todos con hábitat acondicionado. Un área importante era el Reptilario que incluía serpientes de varios tipos como cascabel, boas pero también cocodrilos, sapos y ranas. El espacio estaba organizado en forma de jardines, estanques con especies de agua salada y de agua dulce y jaulas de madera, cada sitio contaba con todo lo necesario para su mantenimiento. Entre muchísimas especies más. Destruido durante la conquista, mientras existió, reflejó el cuidado que mostraban la rica biodiversiad y la importancia cultural de la fauna en los antiguos mexicanos.

Ese zoológico mostraba no solo la riqueza de los animales de Mesoamérica, sino que servía para efectos prácticos: plumas de quetzal, pieles de animales y era un espacio para la investigación además de ser un lugar muy apreciado en la ciudad. Lo increíble, refiere en Tenochtitlan Ciudad Viva, es que era una metrópoli muy limpia porque los aztecas-mexicas no producían basura, era una economía circular donde usaban todo, hasta el excremento humano. Tenochtitlán era quizá la región más limpia del mundo, en la región más transparente. Ya seguiremos describiéndola. Y hasta el próximo miércoles.

El zoológico de Moctezuma, la Casa de Animales de aquella gran ciudad. Aquí tan solo una imagen representada en el Códice Florentino, libro 8, folio 30, de fray Bernardino de Sahagún. Foto tomada de Arqueologíamexicana.mx. Y proporcionada por la autora para esta columna.

Lya Gutiérrez Quintanilla