

Agua, clima y justicia en Morelos: un llamado a la acción desde la comunidad y la solidaridad internacional
Jazmín González Zurita
En un contexto global marcado por conflictos bélicos, tensiones geopolíticas y una posible disminución de la cooperación internacional, México enfrenta desafíos sin precedentes para garantizar el Derecho Humano al Agua y Saneamiento y la adaptación a los efectos adversos del cambio climático. Morelos, un estado con ecosistemas estratégicos y comunidades con profundo arraigo territorial, refleja estas tensiones y retos, y a la vez abre espacios de oportunidad.
La sobreexplotación de acuíferos, la contaminación de cuerpos de agua y la deforestación, agravadas por el cambio climático —que intensifica sequías, incendios forestales y fenómenos meteorológicos extremos—, ponen en riesgo la seguridad hídrica y la biodiversidad de la región. La crisis del agua en Morelos no es solo un asunto ecológico, sino también un problema de justicia social. En este sentido, la región denominada “Bosque de Agua”, conformada por ecosistemas forestales y barrancas, constituye zonas de recarga hídrica vitales para Morelos y la región centro-sur de México. Todos los ciudadanos de la región, industrias, productores y comunidades locales deberíamos tomarnos muy en serio este tema, que cada vez nos afecta de manera más directa, donde mujeres y grupos vulnerables enfrentan las peores desigualdades y vulnerabilidades. La privatización y el acaparamiento del agua, así como la expansión de monocultivos de exportación, profundizan estas brechas, poniendo en peligro la vida y el bienestar de sus habitantes.
Frente a estas amenazas, la solidaridad internacional y la cooperación sur-sur emergen como caminos viables y necesarios. México, como país que transita entre las demandas del Norte y las realidades del Sur, con su experiencia en gestión comunitaria del agua y en soluciones basadas en la naturaleza (SbN), puede fortalecer su autonomía mediante alianzas con países del Sur que enfrentan retos similares. La integración de conocimientos ancestrales, tecnologías sociales y la participación activa de las comunidades y conocimientos locales son claves para construir soluciones sostenibles y justas.
El país ya ha dado pasos importantes, como la incorporación de SbN en sus políticas públicas y en sus compromisos internacionales, así como la promoción de proyectos de restauración ecológica y protección de ecosistemas estratégicos, como el Bosque de Agua. Sin embargo, la verdadera escala de transformación requiere ampliar estos esfuerzos, asegurar financiamiento estable y fortalecer la gobernanza participativa.

Es fundamental que las comunidades locales, y las iniciativas lideradas por mujeres y grupos vulnerables, tengan un papel protagonista en la defensa y gestión del agua. La formación de comités de agua, la implementación de sistemas de captación de agua de lluvia, la restauración y recuperación de los bosques, los sistemas de barrancas y el uso de tecnologías apropiadas de saneamiento de agua residual son acciones concretas que pueden ser replicadas y escaladas.
Morelos tiene en sus manos la oportunidad de convertirse en un ejemplo de gestión comunitaria, justicia climática y soberanía hídrica. La articulación de redes internacionales, el intercambio de saberes y la movilización social deben ir acompañados de políticas públicas que reconozcan y fortalezcan la diversidad de actores y conocimientos. Solo así podremos enfrentar los retos de un mundo en crisis, garantizando un futuro justo, resiliente y sustentable para todos. Las soluciones no residen únicamente en tecnología o financiamiento externo, sino en fortalecer el tejido social, recuperar y proteger eficientemente los ecosistemas clave y generar alianzas a diversos niveles, incorporando siempre el conocimiento local.

Imagen cortesía de la autora

