

Ciclo
Pasos para usar su lavadora inteligente… Oralba cerró el folleto, decepcionada por anticipación de tener que enfrentar la lectura asidua de las veinte páginas del manual que acompañaba su aparato de reciente adquisición. La anterior habiendo cumplido su ciclo de vida útil según la declaración compasiva comercial o comercial compasiva del vendedor de electrodomésticos, según el punto de vista de quien hubiera asistido a la compra junto con Oralba; situación que no sucedió porque Oralba vive sola. Una soltería escogida a medias: mitad, porque a los hombres que ha conocido durante los últimos años les falta valentía, compromiso, elegancia, sentido del humor, ganas de viajar en pareja, así como una lista que llevaría páginas de palabras caídas en desuso durante las últimas décadas. La otra mitad pudiéndose atribuir a circunstancias externas o bien internas, aunque buscar desenredarlas también podría llevar horas de reflexión en nuestra vida ocupada en resolver cómo salvar el mundo en vez de salvarnos nosotros mismos primero.
Después de haber vivido años en la modalidad nietzscheana del eterno retorno, Oralba consideró la mediocridad gris como mejor opción, también para aplicarla a la forma para lavar su ropa. Lo anterior sucedió con su lavadora anterior, cuya vida estaba a punto de cumplir dos décadas, cuando un día de la semana pasada, el tambor decidió desprenderse por completo. Consternada por tan abrupta decisión, pero reconociendo al mismo tiempo la validez de tal acto consumado por corresponder a momentos reales de su vida; me refiero a su última separación sin tambores ni trompetas, sino un simple silencio estruendoso, Oralba dirigió sus pasos a la tienda departamental donde solía realizar las compras importantes para su departamento, no con el afán de conocer a otro pretendiente, sino más bien para conseguir la mejor lavadora disponible en ese momento. Tuvo que examinar una cantidad sorprendente de modelos antes de escoger la que los chalanes habían ido a entregarle al inicio de su primera semana de vacaciones. Oralba observó la rapidez con la que los hombres desempacaron el aparato, teniendo prohibido llevar a cabo su instalación por instrucciones de sus superiores. La mujer recordaba haber escogido un modelo con más ciclos que la lavadora vencida y retirada por una señora dedicada al oficio de comprar todo tipo de electrodomésticos inservibles. “Se compran lavadoras, refrigeradores…” siendo la canción grabada que ella difunde por las calles de la ciudad varias veces por semana. Ya no se reparan los aparatos ni los humanos en esta versión de mundo desechable a voluntad inagotable.
Algunas lavadoras ofrecen ciclos adicionales, como el ciclo de lavado a mano, el ciclo de limpieza del tambor o el ciclo de centrifugado rápido. Oralba escogió además un modelo que indicaba inteligencia integrada. Obviamente, la máquina sigue siendo incapaz de separar los colores o de servirse la cantidad adecuada de detergente y de suavizante para la carga de ropa considerada. Tampoco vacía automáticamente los bolsillos de las prendas ni sabe si se encuentra correctamente instalada en un lugar nivelado y con conexiones de agua y electricidad adecuadas. Sin embargo, algo sabrá para merecer el adjetivo de inteligente. Finalmente, Oralba concluyó la lectura del manual antes de encender su máquina desde la aplicación instalada satisfactoriamente en su celular.
Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.
*Escritora, guionista y académica de la UAEM


