Si duda el evento máximo del futbol, la Copa Mundial FIFA es un enorme atractivo que reposiciona en el mapa mundial al país (o en el caso del 2026 los países) sede. 270 millones de personas en todo el mundo practican el futbol y varios cientos de millones más siguen a equipos, figuras y escuadras nacionales, lo que haría parecer que la organización de un torneo de tal magnitud sería un estupendo negocio para los anfitriones.

El análisis económico, sin embargo, apuntaba históricamente a otra cosa: los altos costos de inversión, el impacto ambiental y social de las infraestructuras, el aumento de riesgos de corrupción, han hecho que la recepción de mundiales de futbol en muchos países se haya asociado a periodos de crisis económicas diversas.

Pero el Mundial 2026 tiene un enfoque muy diferente. Para empezar la sede se repartió en tres naciones, México, Estados Unidos y Canadá, que presentaron una candidatura unificada, lo que significa que cada nación hará su propia inversión en infraestructura, lo que reduce los costos asociados. Además, la enorme tradición futbolera de México ofrece instalaciones bastante preparadas para alojar los partidos (en el caso de Estados Unidos y Canadá, cuya afición prefiere otros deportes, tampoco ha representado mayores gastos pues también tienen estadios de primer nivel, aunque los dedican mayormente a otras disciplinas).

Pero quizá el detalle más relevante, que reduce de forma considerable el riesgo económico y los impactos del próximo mundial para México es la voluntad de coordinación que algunos estados han puesto para apoyar la organización con su infraestructura, presente y futura; lo que representa un ahorro importante en los gastos de inversión pues, aunque existirán, no se consideran dedicados exclusivamente al Mundial.

Un caso que podría convertirse en ejemplar es el de Morelos, estado cuya ubicación permitirá apoyar a la sede de la Ciudad de México. La administración de la gobernadora, Margarita González Saravia se había planteado, como parte de su proyecto de desarrollo económico, la inversión en infraestructura carretera, la reactivación del aeropuerto internacional Mariano Matamoros y el impulso al turismo mediante un proyecto de respaldo a los diferentes segmentos de visitantes a los que el estado puede atender.

Se trata de inversiones necesarias para reactivar la economía local que desde 1997 había tenido un crecimiento mediocre que, a partir del 2019 se convirtió en prácticamente nulo. La coyuntura del Mundial de futbol permite, sin embargo, acelerar los proyectos de inversión, aprovechar una parte de la derrama económica que el país recibirá de visitantes y participantes en el torneo, posicionar al estado como parte de la oferta turística que el país ofrece a los visitantes de otras naciones, y con ello absorber un poco del costo que tiene la infraestructura para un estado que aún presenta la mayoría de las condiciones económicas que heredó Margarita González Saravia el 1 de octubre pasado, cuando asumió la gubernatura.

A diferencia de lo que ocurrió en 1986, cuando México fue sede única de la Copa Mundial y Morelos logró beneficios menores pese a la cercanía con el estadio donde se jugó hasta la final del torneo; para el 2026 el estado ha trazado un proyecto de colaboración, a través del gobierno federal, con la sede de la Ciudad de México que podría multiplicar los beneficios sin mayores riesgos para las finanzas del estado; porque el Mundial llegará pronto y se irá aún más rápido, pero la infraestructura y la imagen, si se aprovechan, traerán beneficios durante muchos años.

La Jornada Morelos