

I. DEFINICIÓN. La corrupción definida como el abuso de una posición de poder o confianza para obtener beneficios personales o privados, en detrimento del interés público o colectivo. Implica acciones deshonestas, ilegales o fraudulentas realizadas por individuos o grupos que utilizan su posición pública o privada para su propio beneficio.
En México, el mundo y con afectación a la sociedad, históricamente la corrupción ha ocurrido en distintos ámbitos, siendo algunos de éstos, el gobierno, instituciones, los tres poderes y niveles federal, estatal y municipal, así como, empresas privadas, partidos políticos, órganos autónomos, medios de comunicación y organismos internacionales.
Dicha conducta deleznable requiere de dos partes en las que se manifiesta o materializa la extorsión, el soborno, el desvío de fondos públicos, el fraude, el abuso de autoridad la omisión voluntaria o por opacidad para actuar con honestidad, el enriquecimiento y favorecimiento ilícito, entre otras formas.
Sin duda alguna, la corrupción tiene consecuencias negativas, afecta las arcas públicas, desestabiliza las instituciones, limita el desarrollo económico, y resulta en agravio directo a la justicia y los derechos de las personas. ¡La solución contra la corrupción somos todas y todos!
II. ANTECEDENTES. Nadie está exento de verse afectado por los actos públicos y privados de corrupción, el silencio ante dichas prácticas que se han estilado a través de las últimas ocho décadas en el devenir cotidiano del conglomerado social, nos remite a una herencia maldita en la que los más involucrados escupen al cielo y cuando estuvieron e posibilidad de remediar, prevenir y sancionar, hicieron mutis o negociaron la impunidad a cambio de privilegios.
Esto es el marco del flagelo que a cada día carcome las entrañas del tejido social desde la cosa pública y acompaña una complicidad constante venida desde intereses particulares de personas físicas y morales que se benefician con las conductas de servidores públicos.

III. COMPROMISO. La corrupción existe a la par de la impunidad, la ausencia de rendición de cuentas, de transparencia y necesidad de procedimientos estrictos y efectivos de auditoria, prevención, verificación, procedimientos ejemplares disciplinarios y de sanción VS quienes traicionan la confianza del pueblo y se enriquecen ilícitamente.
A ello nos enfrentamos en desde el servicio público, todas las instituciones como un equipo y en oportunidad ante los morelenses, para limitar discursos y aportar ideas, acciones, resultados y soluciones en el combate a ese cancerígeno histórico social, con el compromiso de allegar beneficios, en pro de la consolidación de una transformación en el estado de cosas del quehacer público que se sostiene del erario.
Corresponde a la contraloría social o ciudadana, a la par de la Ley e instituciones con sus facultades y obligaciones, exigir condiciones en la actividad institucional siempre garante de transparencia y honestidad, para abatir la impunidad y alcanzar estándares de erradicación al flagelo que por 80 años ha infiltrado en el país las estructuras institucionales, siendo la herencia maldita que ha carcomido la confianza del pueblo.
IV. PROFESIONISTAS. Diversos, entre ellos, médicos, arquitectos, contadores y abogados; pasando por el ejercicio de otras u oficios especializados incluso de carácter altruista, religioso, de comunicación o político. Unas y otros, en el concierto social van y vienen, para éste momento, en los poderes y niveles de gobierno, la mayoría de servidores abonan a la transformación con honestidad y auténtico espíritu para darse a los demás, agitándose la espada de Damocles para los que aún estilan aquellos repudiables actos de rapaz corrupción.
1000 PALABRAS. Próximos a tenerse los festejos del día de abogado, sumado a recordar los deberes de los mexicanos con la aplicación de las leyes y la justicia; desde 1960 es un día que concita a la unidad del gremio y que impone mayores retos y compromiso social para la profesión que en humanidad sentida, debe acompañar y abrazar las causas más nobles, sentidas y justas de la sociedad entera. Ante los ciudadanos, frente a la familia, y pos sí mismo, en el ejercicio de la abogacía, la honestidad debe asumirse como un principio diario de vida.

