Gonzalo Lira Galván

Cuando Manuel García-Rulfo tenía tan solo doce años, una salida al cine en su natal Guadalajara lo marcó. Sin saberlo, Jurassic Park de Steven Spielberg marcaría el rumbo de su futuro.

“Esa película la fui a ver al cine varias veces y me marco. Yo creo que marcó a toda una generación, pero a mí en lo personal sí me abrió como al mundo del cine. Me hizo decidir que yo me quería dedicar a esto”, comentó el actor mexicano en entrevista durante la presentación de Jurassic World: Renace en México en la convención de cultura pop CCXP 2025.

Al mismo tiempo que el tapatío se enamoraba del cine a través de la visión de Steven Spielberg, un cineasta en ciernes surgía también del otro lado del mundo. El director británico Gareth Edwards apenas tenía 18 años cuando Jurassic Park llegó a los cines y el impacto de esta película en su vida fue tal que durante años se dedicó a explorar el cine de monstruos con Spielberg como inspiración. Sin planearlo, estaba trazando un camino.

“Si fuera un niño y alguien me dijera que trabajaría con Spielberg no me lo creería”, confiesa Edwards. “Eso estaba pensando el otro día. Pensaba que si alguien me lo hubiera advertido de joven se sentiría demasiado bueno para ser verdad. Es lo que siempre quise hacer. Todas mis películas, incluso las que hice como estudiante, fueron películas de monstruos. Le copié muchas cosas a Jurassic Park”, continúa el británico.

La fascinación por Jurassic Park y el fenómeno que derivó de aquella primera película se mantiene vigente. El estreno de Jurassic World: Renace, a más de tres décadas de distancia es un testimonio de ello. Gran parte de su éxito proviene de su origen, siendo la novela de Michael Crichton el material que engendró lo que ahora es una exitosa franquicia cinematográfica cuyas bases se cimentan en la especulación científica.

Crichton fue un médico graduado en Harvard que eventualmente utilizó sus conocimientos científicos y tecnológicos al servicio de la ficción. Libros adaptados al cine como Jurassic Park o ideas originales como Westworld, que él mismo dirigió y que se centraba en un parque de atracciones en el que los robots cobraban vida desatando una cadena de violencia contra vacacionistas nos demuestran que más que un mero divertimento, la visión de Crichton tenía una fuerte carga de advertencias.

“Últimamente he estado clavado en el tema de la inteligencia artificial y me vuela la cabeza”, comenta Manuel García-Rulfo. “Sí es aterrador eso”, continúa. Porque lo que en apariencia son historias llenas de acción e imaginación, viniendo de Crichton tienen un sustento en el desarrollo de la humanidad a través de la investigación y la tecnología.

Las máquinas autónomas y la manipulación genética son realidades con las que convivimos y de las que poco sabemos hacia dónde nos dirigen como colectivo. La sociedad actual es en muchos sentidos el resultado de aquellas advertencias que nos hizo a través de su obra.

Es en esa capacidad de reflejar el mundo actual que yace el poder de la obra de un autor como Michael Crichton o un cineasta como Steven Spielberg, cuyas obsesiones siempre han estado ligadas también al desarrollo de la tecnología. En el caso específico de Spielberg, la exploración de la obra futurista de H.G. Wells o Philip K. Dick son tan solo otros ejemplos de sus inquietudes en el rubro. Podemos observarlo en películas como E.T. El Extraterrestre, Sentencia Previa, Encuentros Cercanos del Tercer Tipo o su adaptación de La Guerra de los Mundos. Sumarse al legado de estos dos grandes nombres no es cosa fácil. Es necesario entender por qué son temáticamente atractivos y qué hace que sus obras se mantengan vigentes.

“Lo que yo pienso que pasa con muchas películas de monstruos es que cuando se vuelven más aterradoras, el público de inmediato deja de creer que son reales. Asumen que todo es falso. La gente decide que los monstruos no existen y no son reales. Pero con los dinosaurios eso no pasa. Porque hay ciencia involucrada”, comenta Gareth Edwards. “Sabemos que son criaturas reales que habitaron la tierra. Entonces conectamos con algo que está en lo más profundo de nuestro ADN. Porque cuando éramos mamíferos más primitivos, éramos cazados por estas criaturas. Nuestro instinto nos hace preguntarnos si algo nos atacará. Por eso una película como esta rápidamente se siente correcta. Te hace imaginar cómo sería si una criatura te arrebata a alguien que amas. Es un sentimiento que no puedes ignorar. Es parte de ser humano”, concluye.

Un hombre en frente de un arbol

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Gareth Edwards

Un hombre parado de frente en un área abierta

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Manuel García-Rulfo

La Jornada Morelos