Un recurso muy socorrido por la clase gobernantes es la utilización del espectáculo, generalmente lo utilizan para exaltar sus logros o ridiculizar a sus adversarios o, simplemente, como una cortina de humo para ocultar sucesos que no le son favorables o distraer al respetable o, como dijeran el grupo en el poder, al pueblo bueno y aunque sea con mentiras. A final de cuentas, el abuso del espectáculo con su recurrente improvisación, puede revertirse en su contra y de la sociedad a la que gobiernan, solo es cuestión de tiempo.

De repente nos cuentan cuentos chinos de que se está combatiendo a los grupos criminales y ¡zass! Los vecinos del norte clasifican a los grupos delincuenciales como “terroristas” con todas las consecuencias que ello implica. Y ese espectáculo no gusta y, para colmo, la Secretaria de Justicia de EU, Pam Bondi, señala a México como adversario junto a Irán, China y Rusia, esta clasificación nos coloca, aparentemente, contra la pared. Y el tercer acto, el Departamento del Tesoro de EU señaló a instituciones bancarias de México Casa de Bolsa Vector, CIBanco y Intercam Banco, de lavar dinero del narcotráfico.

Mario Vargas Llosa escribió un libro “La civilización del espectáculo” donde señala la creciente banalización del arte, el triunfo del amarillismo de la prensa y la frivolidad de la política. Me parece, que el abuso del espectáculo hace que la sociedad sea menos crítica y acomodaticia al simple transcurrir de los acontecimientos y, eso nos puede conducir a la indiferencia, a la improvisación de los gobernantes y, por supuesto, al rezago y atraso económico, cultural y político; porque el espectáculo lo justifica todo con tal de tener el poder.

Por otra parte, Guy Debord, desarrolla una teoría sobre la sociedad del espectáculo, la cual describe como en la sociedad moderna, las imágenes y representaciones han remplazado la experiencia directa de la realidad. Donde el espectáculo se ha convertido en una mercancía y en una estrategia de manipulación política.

La cuestión resultante es que, a los gobiernos, en mayor o menor grado, los hace ineficientes e improvisados y a los ciudadanos los hace acríticos y conformistas. Lo cierto es que cuando el espectáculo opera en contra del poder dominante, parecen no entender que a veces la percepción es más importante que la realidad y se siente amenazado y por eso descalifica a los adversarios.

*Ex catedrático de la UAEM y analista político

Foto: Los Angeles Times (John Raoux / Associated Press)

Antonio Ponciano Díaz