«No hay documento de cultura que no lo sea al tiempo de barbarie»

Walter Benjamin

En sus Tesis sobre el concepto de historia, el filósofo alemán Walter Benjamin pantea que cultura y barbarie son correlatos que están intrínsecamente ligados porque tanto los productos como los valores culturales de una sociedad comportan huellas de violencia, es decir de opresión y explotación. ¿Qué hay, entonces detrás de los discursos teóricos e institucionales, incluso los periféricos, que reivindican a la cultura y lo cultural como vehículos de transformación social? ¿Desde qué lugares se instauran las narrativas de la gestión cultural como agencia de cambio?

La Secretaría de Cultura de México, a través de la Dirección General de Culturas Populares Indígenas y Urbanas, y de la Unidad Regional de Culturas Populares de Morelos (URCPM), ha convocado a un cliclo de conferencias cuyo título da nombre a este artículo, que se llevarán a cabo los viernes 4, 11 y 18 de julio de 2025, a las 10:00 a.m, y se transmitirá a través de las plataformas virtuales del Instituto Morelense de Radio y Televisión y de la URCPM.

Participan activistas, agentes y titulares de instituciones culturales: Xochiquetzal Salazar García, Mariana Barreda Marín, Liliana Abúndez Benítez, Roberto d ela Paz Román, Fernando Vela López, Víctor Esquide García, y quien esto escribe. Detacan las participaciones de la secretaria de Cultura del gobierno de Morelos, Monserrat Orellana Colmenares, y del director del Museo de las Culturas de los Pueblos de Morelos, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Rodolfo Candelas Castañeda.

La diversidad de experiencias y trayectorias profesionales, o competencias públicas como autoridad, posibilita un enfoque multidisciplinario y local. Para ello, el diseño temático de las mesas estará centrado en el binomio cultura y violencia estructural.

La mesa 1 partirá de una Reflexión en torno al impacto de la violencia estructural en el desarrollo e implementación de la spropuestas y acciones culturales de los grupos formales e informales de las comunidades de Morelos, ¿Qué debemos hacer? En la mesa 2 se abordará La cultura como una herramienta de inclusión y de trabnsformación ante un país y un Estado envueltos en la violencia e inseguridad, ¿Qué han hecho las instituciones? Por su parte, la mesa 3 tratará sobre El papel de las culturas populares en un país con una violencia generalizada y ante una crisis de credibilidad de la ciudadanía en la implementación de políticas públicas sobre cultura e inclusión, ¿Es importante es cuchar al ciudadano de a pie?

Será clave considerar si áun prevalece la confianza y credibilidad en las políticas públicas, en las instituciones, y si éstas están fomentando la creación de territorios y cultura de paz e incidiendo y atacando las causas que generan la violencia en gran parte de las comunidades de Morelos, incluso si tendrían por qué hacerlo o es parte de un discurso que eufemiza la incapacidad o complicidad de los gobiernos en ese orden que sugiere la criminalidad como algo que a veces parece ostensiblemente cultural, estructural, endémico y sistémico.

No podemos negarlo, la violencia estructural se pone al centro como una fuerza que influye y condiciona tanto el quehacer cultural como la inclusión social. La pregunta es provocadora: ¿qué debemos hacer o qué hemos hecho mal?

La construcción colectiva de la cultura nos obliga analizar los esquemas de participación, las visiones y representaciones de los fenómenos culturales, la intervención del Estado, sus procesos de destrucción, exclusión y violencia. Las relaciones culturales constituyen entramados de poder que establecen relatos institucionalizantes sobre aquello que es lo cultural. Por ello no podemos dejar de analizar las contradiciones y conflictos que ello supone, no solo su vivencia o goce, sino su análisis y debate.

Vuelvo a Benjamin, la cultura crea y preserva un orden de las cosas, llevado a la plenitud del paroxismo conceptual, le llamamos civilización-progreso-desarrollo en a lo largo de la historia de la humanidad. Pero hay diferencias entre el proyecto de cultura y el proyecto de barbarie, uno es para la vida, el otro es para la muerte, quizá para el mal, este último un significado flotante, inasible para la experiencia de los sentidos, pero no para la búsqueda de esa comprensión sobre el camino que se ha trazado una sociedad como la nuestra, regocijada en la fiesta mundial de la barbarie.

Nuestra época glorifica la violencia. Los medios de comunicación amplifican, mediante la normalización y justificación y promoción de aquellos discursos de odio que se comercializan a partir del deseo. Ya lo dijo Gerardo Covarrubias: “La violencia en la colectividad social, responde a condicionantes de orden histórico, social, cultural y a procesos de apropiación, transformación y distribución de la riqueza material, así como al tipo del ejercicio del poder. No se puede entender a la violencia, si no comprendemos qué la provoca, acepta, fomenta, previene y castiga. En este sentido, al hablar de cultura y violencia, hablamos de un fenómeno sociológico y cultural articulado a los procesos productivos y de ejercicio del poder en momentos históricos particulares del devenir del complejo social.”

El ejercicio no es ocioso. Habrá que abordar otros binomios: cultura y justicia social, cultura y bienestar Como producto final se realizará una memoria digital con las ponencias de los participantes en el ciclo de conferencias.

No dejen ver el ciclo. Y porque así hemos trabajado, seguiremos insistiendo en que si no es cultural, crítica, reflexiva, colectiva, por lo tanto participativa, no es transformación.

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Gustavo Yitzaac Garibay