Del triunfo electoral al desgaste político: la paradoja de Morena

 

Hace un par de semanas una senadora de Morena en un delirio de paroxismo vociferó desde una tribuna: “La Cuarta Transformación no sale de Palacio Nacional en todo un milenio”. Esta afirmación en el actual contexto nacional me hicieron preguntar qué tanto de veracidad puede tener el dicho de esta senadora.

Ante el fracaso evidente de la reforma judicial reflejado en la votación del 1 de junio, las tirantes relaciones con el vecino país del norte, el avance de la delincuencia organizada, los protagonismos casi pueriles de una senadora de chihuahua, los excesos de Noroña, las pugna de las tribus internas y más, me parece que Morena no tiene asegurada la prolongación de su mandato.

El reciente proceso electoral y los acontecimientos políticos de las últimas semanas tanto al interior como al exterior, revela que el proyecto de la Cuarta Transformación enfrenta hoy un escenario incierto.

Una de las evidencias de este desgaste es el resultado de la votación del 1 de junio. La baja participación, los votos anulados ex profeso por muchos miles de los votantes, entre otros, patentizan un rechazo tanto a la Reforma, como a su proceso viciado y a la ineficiencia del gobierno.

A esto, se suman los crecientes roces comerciales y la presión desde Washington para que México enfrente con mayor eficacia el problema del narcotráfico, de suerte que la relación bilateral con el vecino país del norte corre el riesgo de deteriorarse aún más, con consecuencias económicas y políticas no del todo predecibles.

Por otro lado, la delincuencia organizada gana terreno en los cuatro puntos cardinales del país, sin que hasta el momento el Estado muestre una estrategia clara y creíble para revertir esta tendencia.

A esto se suman los enfrentamientos de las “tribus” dentro de Morena, que evidencian un escenario de fragmentación interna creciente. Las pugnas entre la vieja guardia de la 4T, los tecnócratas cercanos a Claudia Sheinbaum y los sectores radicales, amenazan con erosionar la cohesión del movimiento. El peor enemigo de Morena está en sus filas.

Más allá de las tensiones internas, la percepción de muchos ciudadanos es la de una ineficacia para gobernar del partido en el poder, toda vez que no ha logrado mejorar la seguridad de los ciudadanos, contener el deterioro económico ni ofrecer certidumbre jurídica. Factores que debilitan y merman su capital político.

El reloj político corre. Si Morena no corrige el rumbo, podría descubrir demasiado tarde que el poder sin legitimidad y sin eficacia para gobernar, es un espejismo destinado a disiparse.

La posibilidad de consolidar una hegemonía duradera dependerá de la capacidad de recomponer la relación con Estados Unidos, moderar la Reforma Judicial, mejorar la seguridad y recuperar la confianza de los sectores productivos y de la ciudadanía.

La Cuarta Transformación enfrenta la prueba más difícil: demostrar que puede gobernar con eficacia y con respeto a las reglas democráticas en un entorno cada vez más complejo. Lo que ocurra en los próximos meses será determinante para saber si el proyecto de la 4T logra renovarse o si, por el contrario, comienza a transitar el camino del agotamiento.

La permanencia de Morena dependerá menos de su control institucional y más de su capacidad para restaurar la confianza social, económica e internacional que hoy comienza a resquebrajarse.

El futuro del país no puede sostenerse sobre el desgaste institucional, el miedo ciudadano y la confrontación interna y externa. México necesita un gobierno que construya puentes, no trincheras. El tiempo de demostrarlo se agota.

José Antonio Gómez Espinoza