

Aunque a buena parte de la sociedad aún le cuesta mucho aceptarlo, el movimiento gay es mucho más que una marcha anual con banderas de arcoíris y banda sonora de Cher, Gloria Trevi o Thalía.
Se trata de una profunda revolución que encontró sus raíces en los clósets de las pasadas centurias y salió para transformar el mundo que, hasta los setenta en la mayor parte del mundo, y finales de los noventa en sociedades heteropatriarcales o de plano abiertamente machistas como México, era considerado normal, y en donde no cabían las diferencias,
La lucha de colectivos LGBT+ en las calles y espacios públicos y privados de todo el mundo y la llegada de la sociedad de la información, facilitaron la profusión, difusión y hasta globalización de la más profunda revolución cultural desde el feminismo.
Montado en redes sociales, comunidades de apoyo, manifestaciones artísticas y culturales, y un profundo activismo político y social, el movimiento LGBT+ se convirtió muy pronto en una revolución por su radicalismo en el mejor de los sentidos de la expresión, es decir, por cambiar desde la raíz fenómenos como la discriminación y el odio.
El impacto de esta revolución ha permitido cambios profundos en el reconocimiento de los derechos humanos, el acceso a la salud, la cultura, las relaciones familiares y sociales, la educación, el arte, la cultura, la economía, y hasta las formas que adquiere el activismo para cambiar el sistema y volverlo más tolerante, incluyente, plural y colorido.
Algo de historia en México

El 18 de noviembre de 1901 una redada policial frustró, mediante el arresto de 41 hombres, un baile homosexual en la colonia Tabacalera de la Ciudad de México. Aunque no era el primero de estos eventos frecuentes, aunque clandestinos por la condena pública que, por lo menos desde la época de la colonia había contra las personas sexualmente diversas, sí fue el más escandaloso porque los asistentes eran de la élite privilegiada en la época porfiriana (incluso se supuso la asistencia del yerno de Don Porfirio, un señor de nombre Ignacio).
El periódico Hoja Suelta publicó entonces un texto satírico con una viñeta de José Guadalupe Posada que le dio mayor resonancia; aunque en general todas las referencias periodísticas al hecho evidencian la postura social de condena a la diversidad sexual, con frases como: “No damos a nuestros lectores más detalles por ser en sumo grado asquerosos”, “Los vagos, rateros y afeminados que han sido enviados a Yucatán”.

Imagen: Cortesía
En un espléndido texto publicado por Letras Libres en 2002, Carlos Monsiváis asegura que la redada aquella, “inventa” la homosexualidad en México:
“…luego de la Redada los homosexuales de la ciudad de México ya no se sienten solos; de alguna manera, en el espíritu de la fiesta interrumpida, los acompañan Los 41, la señal de la existencia de la tribu. Si los homosexuales ya están allí —y el Baile delata una mínima pero ya sólida organización social—, la Redada, al darle a la especie un nombre ridiculizador, le imprime el sentido de colectividad en las tinieblas. Las anomalías ascienden a la superficie de la burla y la amenaza penitenciaria, y esta primera visibilidad es definitiva”.
Añadiríamos que definitiva, pero no inmediata.
Hasta 1971 se fundó la primera asociación que luchaba por los derechos de la comunidad LGBT+. Una tienda departamental despidió a un trabajador por creer que era homosexual. Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México se unieron para protestar por la injusticia. Se configuro entonces el Frente de Liberación Homosexual de México, que a su vez generaría los movimientos Sexpol en el 1975 y el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria y el Grupo Lambda de Liberación Homosexual, en 1978.
El 26 de julio de 1978, apenas unos 30 homosexuales aprovecharan una marcha por el aniversario de la Revolución Cubana para manifestarse como Frente de Liberación Homosexual de México.
Pasaron tres años más para la primera marcha del orgullo homosexual en el país.
El 29 de junio de 1979, narra la historia, un grupo de jóvenes caminaron desde la columna de la Independencia para exigir el freno a los abusos que enfrentaban por parte de la policía y la sociedad.
El cartel convocante signado por el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria y el Grupo Lambda de Liberación Homosexual, demandaba alto a la represión y la erradicación de las razzias (redadas). La policía desvió al contingente formado por unas mil personas para que no tomaran el Paseo de la Reforma en su recorrido; una especie de “acto de autoridad” o de autoritarismo que buscaba mantener oculto lo que poco a poco se volvía más público.

Foto: Cortesía
Visibilizar la discriminación, la injusticia, las violaciones constantes de los derechos de la población con inclinaciones sexuales diversas fue una lucha continua durante las tres últimas décadas del siglo XX.
Ya en la primera década de este siglo, el Gay Pride empezaba su revolución nada silenciosa. En varias partes de México la anécdota histórica de los 41 se convirtió en símbolo que fue adoptado por bares, galerías y festivales gay en varias partes del país. En el 2019, la Marcha del Orgullo LGBT+ de la Ciudad de México se llamó “Orgullo 41: Ser es resistir”.
Una revolución social, económica, cultural que transforma al mundo
En el nuevo siglo, la revolución gay es un movimiento pacífico, pero nada silencioso. La presencia de la bandera multicolor y la toma del espacio cultural que el movimiento LGBT+ ha encabezado durante las últimas dos décadas ha sido un elemento transformador sobre el que se ha escrito notoriamente poco si se considera el impacto que ha tenido en el arte, los derechos humanos, la salud, el activismo, la cultura y hasta la mercadotecnia.
Es un juicio más objetivo que partidario.

Imagen IA
Todos los derechos para todes
La revolución gay ha permitido cambios legales profundos que iniciaron con la despenalización real de la homosexualidad; y ahora tocan la estructura de la célula fundamental de la sociedad, como los matrimonios entre personas del mismo sexo (igualitarios) en que Morelos sentó un precedente nacional al elevarlo a rango constitucional en el 2016; y en la autodenominación de los individuos, como la identidad de género, reconocido como un derecho en el estado desde el 2021.
El activismo también ha logrado leyes antidiscriminación que evitan la segregación o exclusión de la comunidad LGBT+ en el empleo, la educación y el acceso a servicios; se han conseguido mecanismos de protección contra la violencia y el acoso del Estado y de particulares, aunque en Morelos, ambos temas siguen pendientes en los hechos dada la resistencia de muchas instituciones, particularmente en las áreas de salud y los gobiernos municipales; y de algunas personas que ejercen violencia sistémica e instrumental y crímenes de odio contra la población sexualmente diversa.

Imagen:IA
En el estado, a pesar de los avances registrados entre el 2012 y el 2018 en materia de reconocimiento a la diversidad sexual, debe reconocerse que persisten conductas discriminatorias, violencia y falta de acceso a los servicios públicos, y la homofobia y transfobia aún son cuestión de todos los días.
Una revolución que pinta su arcoíris en la economía
Le dicen “dinero rosa” y significa uno de cada cuatro pesos cargados a tarjetas de crédito, y para ponerlo en metálico alrededor de 80 mil millones de dólares en poder de compra solo en México de acuerdo con datos de Scotiabank en el 2022.
Según el mismo banco, un alto porcentaje de la comunidad LGBT+ pertenece al sector de doble ingreso sin hijos; el 26% reporta altos ingresos mensuales y el 77% viaja una vez por año. Los datos colocan al sector como uno privilegiado si se considera que representa apenas entre el 5 y el 10 por ciento de la población de todo el país.
El turismo LGBT+, por sus demandas propias, constituye un segmento específico de la demanda de visitantes que prefieren hoteles, restaurantes y centros de entretenimiento amigables, con actividades diseñados a sus preferencias y necesidades; por los que están dispuestos a pagar y suelen gastar más y tener estancias más largas que otros grupos de visitantes.
El gasto de la comunidad LGBT+ también es mayor que el promedio en ocio y autocuidado; no es extraño entonces que la aceptación y el reconocimiento logrado por la revolución gay durante este siglo haya impulsado industrias como la moda, las bebidas alcohólicas, y los espectáculos y entretenimiento.
La firma LGBT Capital estima que, en el 2023 la comunidad sexualmente diversa aportó 86 mil millones de dólares al Producto Interno Bruto de México, lo que representa el 4.8% del total.
La inclusión lograda en la economía nacional permite un entorno más plural y equitativo, impulsa la productividad y con ello el empleo y el desarrollo social; además, como en economía el fundamento son los resultados, esta esfera se acerca con mayor velocidad a la eliminación de la discriminación por preferencias sexuales. Al final, no se trata solo de los derechos humanos, sino también de los beneficios económicos que aporta la comunidad LGBT+ por su aporte a la producción, pero también por sus patrones de consumo.
El impacto económico también alcanzó al marketing que, al crecer el segmento por la aceptación personal, familiar y social, fue creando nuevas oportunidades de negocios que se tradujeron también en mayor inversión en publicidad diferenciada, el marketing de contenidos, los patrocinios, la explotación de nichos, y el cambio en las políticas laborales y comerciales de las empresas que consideran un valor ser aliadas del movimiento.

El arte, de la aceptación al desafío permanente
El arte es una práctica lejana de las casillas que impone la cultura heterosexual. Desde la antigüedad clásica los elementos homosexuales han estado presentes en la pintura, escultura y literatura.
Sin embargo, igual que otros miembros de la comunidad LGBT+, los artistas también han sido objeto de persecución social incluso ya en la época más poderosa de la revolución gay. Recordamos por quedar muy cerca a Morelos, el óleo de Fabián Chairez que representó a un Emiliano Zapata “queer” y produjo todo un escándalo, pero también una reflexión sobre el rechazo social a una expresión estética individual. Chairez es un artista provocador, insolente que trata de despojar del machismo intrínseco a figuras utilizadas como sus símbolos, charros, luchadores, Zapata o hasta la Iglesia católica. Por ello, más allá de la discutible calidad de sus obras, es un condensado de parte del arte LGBT+, al romper un sistema heteronormativo y obligar a la visibilización de un mundo diverso sexualmente.
Pero en medio de la revolución, lo de Chairez puede considerarse anécdota. La revolución gay ha permitido una mayor visibilización de la identidad genérica de los artistas favoreciendo mayor aceptación y comprensión. Además, se ha logrado una mayor exploración de la identidad, sexual y asexuada mediante el desafío de estereotipos y representaciones tradicionales.
Y como es el arte, se ha crecido ante los desafíos y la persecución, convirtiendo acontecimientos como la rebelión de Stonewall (los enfrentamientos más famosos de la comunidad LGBT+ contra la policía en el bar gay Stonewall Inn), en alimento para la creación. En 1989, dos décadas después de la rebelión 165 artistas y colectivos presentaron una exposición sobre el impacto de aquella represión en el arte y cultura visual, creando una de las muestras más representativas en la historia de la revolución gay.
El desafío a las normas sociales de la intimidad, “permitió” al arte, artistas y espectadores, empezar a cuestionar también todo el resto de las normas sociales y culturales, lo que favorece la aceptación de otras formas de vida y la evolución de las actuales.
Además, como ningún otro grupo social, la comunidad LGBT+ se permitió el uso del arte y la cultura como formas de activismo, de promoción de sus derechos, de denuncia a la discriminación y al odio. Algo que convirtió muy pronto a las marchas en festivales, y a la protesta en una demostración de Orgullo Gay.

Aún hay retos por vencer
Pese a los avances, seguramente hay revolución para largo. Los índices de violencia, crímenes de odio, discriminación en atención médica, empleo y educación; las fallas en la implementación de políticas públicas para la inclusión, y hasta para el respeto de los derechos de la comunidad; la invisibilización de parte de muchos gobiernos municipales, y sectores grandes de la sociedad; la falta de atención a necesidades específicas y de acceso oportuno a la justicia en crímenes de odio y discriminación, se mantienen como retos que no sólo el movimiento LGBT+, sino la sociedad y las instituciones en conjunto, deben vencer rápido y eficientemente. Únicamente con ello podrán los desfiles convertirse en una manifestación real de orgullo y no de indignada protesta.


