

(Primera parte)
En los días de junio transcurridos entre la charla con integrantes de la comunidad judía en México en solidaridad con Palestina –plática de la que emana esta columna- y la fecha en que es enviada a LJM, Benjamin Netanyahu, el líder genocida del estado de Israel, ha atacado la República Islámica de Irán en flagrante violación a su soberanía y autodeterminación, lo que ha desencadenado quizá el conflicto bélico de más grandes dimensiones del que hemos sido testigos entre fuerzas de Oriente Medio en décadas, lo cual se suma al inhumano y atroz asesinato de decenas de miles de palestinos durante meses, al que se siguen agregando decenas de muertes diariamente, de mujeres, hombres, y niños cuando estos se forman desarmados en las filas de supuesta repartición de alimento por parte de una opaca empresa operada por ex militares estadunidenses y empresarios israelíes, actuando apócrifamente como operación de “ayuda humanitaria”, enmascarando en realidad a una continua, cruel, y aberrante trampa de incesante exterminio.
“No en nuestro nombre” es la consigna elegida en unísono por múltiples colectivos de la comunidad judía que se solidarizan con Palestina a nivel mundial, como Global Jews for Palestine, Jewish Voice for Peace, la Liga neoyorkina de judíos por la dignidad, y quizá la organización de más larga data en ese tenor en diversas latitudes del globo: Neturei Karta International (NKI), comunidad de activistas que representan la voz de miles de judíos ortodoxos que siguen el judaísmo tradicional, y debido a su creencia religiosa se han opuesto siempre a la doctrina del sionismo y a la ocupación de Palestina, condenado desde su inicio las continuas atrocidades contra esa nación. En su manifiesto, NKI es firme en subrayar:
“El sionismo fue formado en 1897 por judíos que abandonaron la raíz del judaísmo, formando más bien un auto-proclamado proyecto de ingeniería social cuya meta es transformar la identidad de los judíos de una comunidad étnica-religiosa a un nacionalismo material y político de estilo europeo, desprovisto de la creencia en D–s y del seguimiento de los Mandamientos. Esta transformación representa arrancar las raíces del judaísmo y el borrar al pueblo judío. […] El sionismo es antitético al judaísmo. Por lo tanto, la ideología del sionismo, que es en realidad una innovación reciente y que busca forzar el fin del exilio, es contrario a la creencia judía y a milenios de tradición judía bien aceptada. Es por esto que el sionismo se ha encontrado con una firme oposición rabínica desde su misma concepción.”
En México han surgido tres colectivos más de la comunidad judía en solidaridad con Palestina: Judíes por una Palestina Libre (JPL), la Agrupación Mexicana de Judíes Interdependientes (AMJI), y el colectivo artístico-activista Doikait. Los tres ubican sus actividades principalmente en la Ciudad de México. Prácticamente no conocen grupos de judíos anti-sionistas en el interior de la república, donde las comunidades judías son pequeñas y durante décadas han guardado más bien un notable grado de hermetismo.
Cuatro miembros de uno o más de dichos colectivos compartieron para esta columna su perspectiva y experiencias, la misma semana en que fueron también invitados y recibidos a un almuerzo por la embajadora palestina, Nadya Rasheed, para estrechar lazos, y a quien extendieron su humanista solidaridad e incondicional apoyo.

Héctor Bialostozky, artista plástico e historiador, integrante de JPL y del colectivo Doikait, señala que a pesar de que ya conocía a integrantes de la comunidad judía que habían tomado desde tiempo atrás posturas pro-palestinas, los integrantes de los grupos de los que ahora él es parte se conocieron hasta noviembre de 2023.
Micaela Gramajo, actriz, dramaturga, directora, e investigadora teatral, también miembro de JPL y Doikait, recuerda: “En noviembre de 2023 había por supuesto, por un lado, una enorme angustia, horror, y desesperación ante lo que estaba sucediendo. Yo sentía ‘esto me atraviesa, no puedo caminar, no puedo respirar con lo que sucede.’ Empezamos a tejer encuentros desesperados en la desolación, sintiendo que había algo que ya nos convocaba de manera distinta. Apareció una necesidad de decir ‘encontrémonos, hablemos’, que yo sí identificaba que no me ocurría con gente no judía, y eso ya lo puedo nombrar ahora con un poco de distancia.” […]
“Algo que siento es que primero estos grupos pasaban por un espacio de contención emocional, para después derivar en decir: ‘Sí tenemos una responsabilidad, sí tenemos que activarnos.’ Incluso habían grupos donde nos peleábamos, en donde había gente muy sionista que hacía colectas para los soldados. Ocurría en grupos que ya existían y de diversos temas, para intercambiar información de todo tipo, en donde incluso se dejaba claro: ‘Aquí no se habla de política’, pero era imposible que no sucediera. A veces nos encontrábamos a llorar. Había una angustia permanente que tenía que salir. Había que entender que transitar esto juntos iba a ser un poco mejor.”
Amanda Schmelz, también actriz y miembro de JPL y Doikait, comenta que jamás fue sionista, y que ya hace tiempo se pronunciaba en contra de varias acciones de ocupación por parte del gobierno de Israel, sin embargo, fue también a partir de la coyuntura que se atraviesa desde fines del 2023 que ya se reconoce a sí misma tácitamente como anti-sionista. Confiesa que, en algún momento, hace tiempo, albergaba aún una esperanza o un pequeño resquicio de decir: “Cuando Israel se formó era un estado socialista. Había una idea de que no todo sionismo era malo.” Admite: “Ha habido mucho lavado cerebral, del cual hemos ido despertando día con día. Describe al sionismo como “una humedad que se ha metido por todas partes del mundo, teniendo sometido a gran parte de él.” […]
“Me encontraba en momentos en que me preguntaba: ‘¿Cómo no había leído esto? ¿Cómo no sabía esto?’ Sentía que había que recuperar tiempo perdido. Llegamos tarde. Nos toca ponernos ‘al tiro’. ¿Cómo nos permitimos no saber? Ya no podemos existir sin saberlo.”
Sobre la misma sensación de haber ‘llegado tarde’, Micaela Gramajo añade: “Llegó un momento en que dijimos: ‘Ahora hay que estudiar, armar drives. Tenemos que estudiar un montón. Tenemos que mirar de otra manera, tenemos que re aprender muchas cosas’, y es lo que seguimos haciendo. Nos poníamos a estudiar los textos de los historiadores palestinos, y también de judíos antisionistas.” […]
“En mi familia hay muchas generaciones de ateísmo;” –prosigue Micaela- “no crecí en la comunidad. No tuve nada religioso en mi crecimiento. Toda la temática israelí para mí fue por un tiempo como ‘algo que está ahí, pero de lo que no se habla’, y ya en mi paso por la UNAM, cada vez que leía ‘Palestina Libre’, yo sentía: ‘esto es en mi contra’. ¿En dónde mamé eso? No lo sé. Estoy segura de que en mi casa no, estando en una familia socialista, montonera, revolucionaria, pero en algún momento sí lo mamé. Al reflexionar eso fue que me di cuenta: ‘¿qué tan grande es este pulpo? ¿Los tentáculos hasta dónde llegan?’, como ejemplo de algo que es un lavado cerebral que tiene muchas capas, o más de las que puedes imaginar. ‘Todas las ideas que tengo ¿de dónde vienen?’ Nos empezamos a cuestionar todo lo que sabíamos, todo lo que habíamos aprendido, con qué narrativas crecimos sobre nuestras familias sobreviviendo el holocausto; el comprender: ‘¿Cuánto de nuestra vida está fincado en esa herida, en lo más profundo de nuestro ADN? ¿Cómo ha operado eso y cómo opera ahora?’ Yo siento que es un giro de la tortilla, que ha sido nuestra responsabilidad decir: ‘Es por eso, POR ESO, que hoy y siempre vamos a estar con Palestina, por esa herida que hasta ahora lamentablemente se ha instrumentado para lo contrario.’”
Entre los miembros de JPL, se encuentra alguien que se presenta en medios como Unx judíx, buscando así no sólo su propio anonimato, sino también representar a cualquier persona de la comunidad judía que también atraviesa el sentir una gran dificultad emocional en mostrar su rostro o dar a conocer su nombre, debido a la serie de increpaciones que ya han recibido repetidamente desde su misma comunidad, por manifestar su apoyo al pueblo palestino. Unx judíx admite que su caso es el contrario al de Micaela, ya que reconoce: “Yo sí crecí dentro del ojo del huracán, estudiando en las escuelas judías, yendo a los templos, estando en las juventudes, con una educación bastante sionista, y con la idea de ‘Si no está Israel, todos los judíos estamos en peligro. Gracias a que existe Israel, estamos a salvo.’ Mi padre siempre dice ‘Gracias a Dios que existe Israel.’ Hay mucha gente que tiene una historia parecida a la mía, que crecieron en la comunidad, pero a raíz de la coyuntura iniciada el 7 de octubre de 2023, de repente han dicho ‘esto no va con el discurso con el que yo crecí.’” […]
“Decidimos armar un grupo en donde sí se hablara de política, y para mí era muy impresionante que hubiera judíes que tuvieran opiniones anti-sionistas o con críticas a Israel, porque yo nunca había conocido a nadie que se manifestara como judío anti-sionista. Nadie me había dicho que no era cierto lo que estaba pasando, que no era cierto que no compraron la tierra, y que no era cierto que nada más se quería plantar árboles, sino que se plantaron -yo mismx planté uno- para ocultar ruinas de poblados palestinos. Me había mantenido muy a distancia, siempre se me decía: ‘es muy complicado y tú no lo vas a entender’. Sentía que era tan complicado que era imposible saber cómo resolverlo, qué opinar, y sobre todo, creía que ambas partes tenían razón, que había dos caras de la historia. No sabía que había una historia de opresión. En los grupos hay gente que está en distintos procesos. Hay gente que está muy enojada con el adoctrinamiento del que fue objeto en las escuelas, me incluyo. Nos juntamos con la idea de decir: ‘Somos judíes, esto nos atraviesa de una manera extraña, nos hace hablar sobre qué es ser judíes, nos hace ver que a todos nos está tocando esto, nos está afectando, y necesitamos hablar con otras personas que entiendan desde dónde estamos hablando.’”

Imagen cortesía del autor

