

La intrusión parasitaria de los smartphones en el dispositivo analítico
“Resistencia sólo hay una: la resistencia del analista”.
—Lacan, Seminario 2.
Tal vez no sea una muestra significativa el racimo de testimonios que conozco de pacientes que denuncian que sus analistas utilizan el celular en plena sesión, pero ¿cuántos pacientes no habrán “cachado” a sus psicoanalistas texteando, atendiendo una llamada, o siquiera desviando la mirada a la pantalla mientras el paciente intentaba decir algo? Y más importante aún, ¿por qué el analista lo hizo?
Freud elevó la Libre Asociación a rango de “Regla Fundamental del Psicoanálisis”: decir todo cuanto pase por la mente, de la manera más libre posible, sin detenerse por la vergüenza, la culpa, el pudor, el miedo, etc. Si la Libre Asociación es lo que se espera del analizante, por su parte se espera que el analista preste la misma “Atención Parejamente Flotante” a todo lo que el paciente dice. Pero ¿qué pasa cuando una notificación se interpone entre la atención flotante, y lo que el paciente asocia?
En un artículo titulado “Smartphones, ¿partes de nuestra mente o parásitos?”, los autores Rachael Brown y Robert Brooks (2025) critican las posturas que consideran a los teléfonos inteligentes como extensiones cognitivas de nuestras mentes, y proponen una mirada biologicista para entender la relación entre los humanos y los teléfonos celulares modernos desde el mutualismo, la simbiosis y el parasitismo: “En las relaciones parasitarias, un individuo (el huésped) es explotado para favorecer los intereses contrapuestos del otro individuo (el parásito), de tal manera que la interacción lo perjudica”.

“Los teléfonos inteligentes modernos están diseñados para manipular la atención y el comportamiento de los usuarios de maneras que favorecen los intereses de las corporaciones que los crearon […] están diseñados para manipular y explotar a los usuarios”. A decir de los autores, estos dispositivos fueron creados “para promover objetivos e intereses de otros, en nuestro propio detrimento”.
Supe, gracias a Paul B. Preciado que Williams Burroughs fue probablemente el primero en denunciar “el funcionamiento de los dispositivos de poder en el neoliberalismo contemporáneo”. Para Burroughs, los dispositivos de poder “no funcionan a través de vínculos de soberanía que oprimen, sino que funcionan a través de dispositivos de adicción. Él dice: el poder nos hace adictos” […] “si el poder funciona como adicción, entonces ya liberarnos ya no es posible”.
Tal como advirtió Preciado, ya todos llevamos “un órgano colectivo del capitalismo cibernético, instalado en nuestra somateca”. Un parásito que desde su origen fue diseñado para manipular, desviar y explotar nuestra atención. Iván Illich ya había denunciado también que en la era actual de los sistemas perdemos control de la herramienta: nos convertimos en un subsistema de un sistema a cuyas normas y condiciones debemos someternos. En lugar de emplear las herramientas en función de nuestras intenciones y deseos, debemos ajustarnos a las condiciones que la herramienta, convertida en sistema, nos impone. Cumplimos funciones del sistema, que ya no corresponden a nuestra intención.
Si una notificación, y el impulso irreprimible de atenderla, se antepone a la atención flotante y al Deseo del Analista (que más allá de querer revisar el celular prime el deseo de analizar), podemos decir con toda seguridad que ahí no hay función del Analista. Quien atiende al celular antes que a su analizante está dejando vacío el lugar del analista, y, por tanto, no puede llamarse psicoanalista.
Pero ¿cuál sería la relación de invención de prácticas de libertad en relación con un poder que nos produce como adictos? Tal vez Illich tenga la respuesta: “Al hombre que encuentra su alegría y su equilibrio en el empleo de la herramienta convivial le llamo austero”. La austeridad para Illich no implica aislamiento o reclusión. Sería una virtud que no excluye todos los placeres, sino únicamente aquellos que degradan la relación personal.
*Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), y maestrante en Salud Pública, por la Escuela de Salud Pública de México (ESPM/INSP). Contacto: freudconcafe@gmail.com

