El poder lo puede todo hasta cometer los peores genocidios contra su propia gente o de otras naciones. Hablar del poder es muy complejo y cuando se puede hacer, la mayoría de las veces es demasiado tarde, sobre todo, cuando ya han abusado de él. Siempre se puede estar peor. El ejercicio del poder es una dinámica compleja que va más allá de la simple autoridad o control visible. Detrás de cada decisión y mandato, se esconden intereses, estrategias y, muchas veces, conflictos internos que moldean el rumbo de una sociedad o de una nación.

El poder no solo implica la capacidad de imponer, sino también la habilidad de influir y negociar, a partir de una narrativa que la muestra como la mejor, bajo un entramado de relaciones humanas y políticas, sustentada en una estrategia mediática publicitaria. En muchos casos, el poder revela su verdadera naturaleza en la manera en que ejerce el poder: puede ser una herramienta para el interés social o un mecanismo para perpetuar privilegios y desigualdades, como lo estamos viviendo en nuestro querido México.

Los líderes que detentan el poder enfrentan la constante tensión entre servir a la población y mantener su posición política, en este caso el partido político en el poder, lo que lleva a decisiones controvertida o inclusos a abusos de poder. Por ejemplo, la reciente elección del Poder Judicial o las triquiñuelas para hacerse del control en el Congreso de la Unión.

Frecuentemente quién ejerce el poder miente y se miente, engaña o traiciona o persigue a sus opositores o conculca las libertades. El abuso del secreto y la no rendición de cuentas pueden convertirse en mecanismos para evitar el escrutinio público y perpetuar prácticas opacas que dañan la democracia.

Concluyo con una frase de Gustave Le Bon “Las masas pueden ser fácilmente influenciadas y manipuladas, y que desarrollan una mente colectiva que los puede llevar a acciones irracionales y a veces peligrosas”. Generalmente esta circunstancia es el alimento predilecto que usan los poderosos para someterlos y, al que piensa libremente, hay que aniquilarlo con miedo o amenazas.

*Ex catedrático de la UAEM y analista político

Imagen: delcampovillares.com

Antonio Ponciano Díaz