Migrar es un derecho y no un delito, basta de redadas

José Martínez Cruz y Marco Aurelio Palma Apodaca *

En un mundo marcado por la crisis ecológica, al filo del colapso ecosocial, las conflagraciones militares, la posibilidad de la guerra atómica y la llegada de gobiernos de extrema derecha como el de Trump en varias partes del mundo, el énfasis parecía puesto en el reforzamiento y agresividad del imperialismo yanqui en todo el mundo.

Así lo expresa un pronunciamiento del Partido Revolucionario de las y los Trabajadores (PRT), que señala como en México se sintieron rápidamente las consecuencias con la guerra comercial y los aranceles impuestos por Trump, los cambios en la política de migración impuestas al gobierno mexicano.

No puede frenarse y derrotar la ofensiva de la extrema derecha representada por Trump, si no hay un cambio en la relación de fuerzas a nivel social también desde Estados Unidos.

Ésta es la importancia y fuerza de la respuesta masiva en primer lugar de las comunidades migrantes y luego en general del pueblo en el «No Kings Day» ante la aplicación del programa racista y xenófobo de Trump y las redadas masivas para expulsar a millones de personas de origen latinoamericano.

Las redadas masivas, no sólo en Los Ángeles, son la culminación de toda una campaña de odio y difamación de Trump, contra las y los migrantes. Es el odio racista y clasista contra la clase trabajadora migrante.

La migración es un derecho humano. Nadie debe ser considerado ilegal. La actual migración es expresión de la crisis del capitalismo. La crisis migratoria es una crisis mundial. Desplazamientos por guerras, por hambruna, por falta de oportunidades obligan a la gente a migrar. En el caso de Estados Unidos y la ofensiva contra los migrantes de origen mexicano es más escandalosa la agresión de Trump al calificarla como una «invasión».

Históricamente la clase trabajadora mexicana se encuentra en los dos países. Como se sabe, Los Ángeles es la segunda ciudad del mundo, después de la CDMX, con el mayor número de mexicanos. La agresión contra la migración de origen mexicana en Estados Unidos es una agresión contra la clase trabajadora mexicana. No podemos permanecer indiferentes en esta guerra de clases que ha desatado Trump. Es una guerra de clases, como claramente el movimiento amplio de resistencia a Trump denuncia en el «No Kings Day» al decir que es no sólo contra la pretensión dictatorial y autoritaria de una persona, sino de la oligarquía, su corte de millonarios.

La ofensiva imperialista de la extrema derecha de Estados Unidos tiene por supuesto su expresión y continuación interna. Es toda la ofensiva de Trump contra los derechos y conquistas sociales obtenidos por el movimiento previamente, es un ataque contra derechos democráticos y constitucionales, así como a conquistas del movimiento de mujeres y del feminismo, y de la diversidad sexual. En estos meses, ya lo hemos visto eliminando algunos de estos derechos e incluso promoviendo la revisión de la historia, no solo en el sistema escolarizado, sino al nivel social.

Aunque ha habido respuesta y resistencia a esas agresiones por parte del movimiento estudiantil, de mujeres y del feminismo, al empezar las redadas ha explotado un movimiento y resistencia de masas y a nivel nacional que puede cambiar la relación de fuerzas. Ahora, además, sin que se pueda circunscribir a los niveles institucionales y electorales. En las protestas en Los Ángeles y en la movilización nacional del sábado 14 de junio, destaca el carácter independiente y autoorganizado de la resistencia. Aunque la crisis detonada con las provocaciones de Trump puede conducir a una crisis interinstitucional el actual movimiento no parece dispuesto a limitarse nuevamente a las ilusiones en los Demócratas y han puesto por delante su confianza en la movilización en las calles.

Nuestra solidaridad, enfatiza este documento del PRT, con el movimiento y la resistencia de las comunidades de migrantes debe ser completa. Y debemos organizar en México y fuera de México, la más amplia solidaridad internacional. El triunfo y resistencia del movimiento contra Trump en Estados Unidos es del interés y necesidad de todo el movimiento antiimperialista en el mundo.

En la «batalla de Los Ángeles» vimos cómo la autoorganización y autodefensa de Barrios y la comunidad lograron en varios casos frenar las redadas y agresiones de los policías de ICE, ya respaldados por la Guardia Nacional. Pero también es la detención de trabajadores, supuestamente indocumentados, en campos, fábricas, o afuera de centros comerciales o negocios como Home Depot, donde afuera hay trabajadores ofreciendo sus servicios para trabajos en las casas. Llevarse a esos trabajadores y deportarlos sin el debido proceso legal implica no solo que no se pueden defender, sino que abandonan a sus familias, incluso menores de edad, en sus casas. Apoyamos la resistencia con sus propias formas de autoorganización y autodefensa de las comunidades frente a las agresiones de Trump y sus redadas.

Es inadmisible que el gobierno mexicano siga aceptando las presiones de Trump para sujetarse a su política migratoria.

El momento es muy importante y grave. Hay que reforzar la solidaridad internacionalista con la comunidad migrante en EU, la clase trabajadora mexicana residente allá, así como con todos los movimientos de resistencia a Trump y los movimientos antiimperialistas en todo el mundo. Agravada la situación por la pretensión de Trump de adueñarse de Gaza después de realizar una «limpieza étnica» y de la agresión de Israel a Irán. La experiencia de estas semanas con las luchas y resistencia populares en Estados Unidos confirma que la prioridad, más allá de las fronteras e intereses de los gobiernos y partidos del poder, reside en la solidaridad y coordinación entre los pueblos y la defensa de los intereses y derechos de la clase trabajadora toda.

Recordemos que migrar es un derecho, no es un delito.

Es la hora de construir la esperanza organizada, porque un mundo sin fronteras y más justo es posible.

(*) Defensores de derechos humanos.

Imagen cortesía de los autores

José Martínez Cruz y Marco Aurelio Palma Apodaca