Arte, contradicción y mirada contemporánea

María Olivera* y Cristo Contel**

Desde Cuernavaca, entre un clima caluroso y estudios de artistas a puertas abiertas, esta columna propone una mirada al arte contemporáneo atenta, crítica y situada. “El trópico observa” explora las tensiones, preguntas y formas del arte actual local, nacional e internacional con una voz que piensa desde lo visual, lo conceptual y lo cotidiano. Con la intención de iniciar esta conversación, en esta primera entrada nos preguntamos ¿para qué y para quiénes son los museos de arte contemporáneo? ¿Por qué vale la pena insistir en pensar y habitar las instituciones culturales de manera comunitaria, especialmente en Morelos?

Hace unos años, en 2002, la artista Dora García hizo una pieza en la que se leía “El arte es para todos pero sólo una élite lo sabe”, con el paso del tiempo, atender y entender esta sentencia no ha sido una labor sencilla, pero creemos que en lo colectivo se dibujan los caminos para desentrañar la esencia de la frase. ¿Cómo hacer del arte contemporáneo un espacio de inclusión? ¿Qué necesidades y posibilidades puede encarnar una institución museística respecto a las inquietudes culturales del Estado y del país, por ejemplo? Recientemente salió un artículo sobre las principales razones por las que algunos mexicanos no visitan museos; entre los motivos, de acuerdo al INEGI, se encontraban la falta de difusión, de tiempo y de interés, otros tantos hablaban de las ubicaciones de las instituciones y de preferir dedicar su tiempo libre a otros espacios de dispersión. Si sólo leyéramos los porcentajes y las breves explicaciones que dan en su estudio, pensaríamos que, efectivamente, ésta y sólo ésta es la realidad cultural del país, pero no olvidemos que ninguna postura es neutra y que la división que se propone en estas gráficas es más compleja de lo que el medio lo plantea.

Quizá, como punto de partida, no se trate tanto de pensar el acceso a la cultura desde los números, sino de reconocer que las experiencias en torno al arte –por, para y alrededor de él– ocurren, afortunadamente, más allá de las gráficas y los porcentajes. Aunque vivimos en una época que suele traducir el “éxito” de los museos en cifras y resultados cuantificables, vale la pena apostar por algo anterior a esas mediciones: la necesidad genuina de defender el acceso a la cultura como un derecho, no como un privilegio de clase. Es decir, garantizar el derecho a la contemplación activa, a la visita libre de prejuicios. Esta experiencia puede –o no– derivar en un diálogo posterior, incluso si es desigual o disonante, pero es necesario atenderlo. Porque las preguntas incómodas también son parte fundamental del ejercicio cultural.

De ahí pensar en la pertinencia y pertenencia de los museos como espacios culturales que cuidan de una colección, que existen por los/as artistas y trabajadores/as de la institución y que, al final del día, están al servicio de los públicos. En este sentido, reconocer las fracturas existentes en la relación entre instituciones y públicos nos brinda la oportunidad de leer en qué presente estamos y a partir de ahí, imaginar otros vínculos posibles a través del arte contemporáneo. La pregunta entonces no es sólo por qué no se visitan los museos sino cómo podemos reinventarlos desde los afectos, las pedagogías expandidas y el compromiso con los territorios en donde están situados.

Ante todo defendemos una mirada que no romantiza ni idealiza el presente cultural porque sabemos que hay muchas cosas que necesitan atención, pero también insistimos en el arte como un espacio plural, lleno de preguntas, donde tratamos de sostenernos en colectividad. A lo largo de los textos de “El trópico observa”, que escribiremos de manera intercalada cada semana a partir de este domingo 15, llevaremos estas inquietudes a los estudios de los/as artistas, a los jardines públicos y a la calle, a la conversación cotidiana y a la escritura porque el arte contemporáneo precisa de estos (des)encuentros.

Una sala de estar

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Imagen cortesía de los autores

*María Olivera. Subdirectora de Investigación del MMAC y crítica de arte.

**Cristo Contel. Director del MMAC y artista.

La Jornada Morelos