PREDICCION

 

A Juan le gusta su nombre a secas, no acompañado no de otro, supuestamente para realzarlo. Es Juan nada más. Un dato importante para este empleado modelo es que su promedio diario de escritura de mensajes es de treinta. Acostado, sentado, respaldado, en movimiento, su trabajo de vendedor de servicios de internet lo obliga a ser creativo en la redacción de sus mensajes llenos de signos de colores, espacios entre líneas para facilitar la lectura, inserción de emojis para llegar al final con su nombre completo aunado a la compañía que representa. Antes, Juan se desempeñaba como ejecutivo de ventas en una compañía de seguros, pero la parte molesta para él era acudir a los accidentes para levantar los reportes. En más de una ocasión, había acudido AL lugar de los hechos con demasiada anticipación y eso le había ocasionado un tremendo malestar que no desapareció sino hasta días después. En su familia, lo habían reprendido por dejar su puesto de un día al otro, pero al enterarse de su nueva posición, las felicitaciones se juntaron en forma de obsequios en una repisa de su oficina: un osito de peluche parecido a Winnie the Pooh, un florero, siempre vacío, un cenicero, pese a la interdicción de fumar en el inmueble y una planta de plástico. Resuelta la vida profesional, faltaba la personal para la cual los consejos maternales le sobraban: mira hijo, tienes que entender que quiero ser abuela, no te digo que con la primera te cases, pero ya estamos a punto de celebrar tus cuarenta años. No por atender las solicitudes de su madre sino las propias, Juan había indagado varias formas de conseguir pareja y los resultados se podían expresar con nombres y apodos: Paola, la Chulis del norte, Celina, Paquita y una mujer que no deseaba proporcionar su nombre. Después de haber conocido en persona a las dos primeras, Juan se decidió por Celina durante una fiesta de baile en casa de unos amigos mutuos. Se avecinaba una relación prometedora según los astros, que Juan había consultado, y el ritmo de los latidos de su corazón conforme se acercaba a ella. Esta mañana, le escribió para solicitarle una cita para el día siguiente. Como ya la había invitado al restaurante, al cine y a un paseo pueblerino, era momento de subir de nivel en su relación.

A mediodía, cuando Juan se encontraba degustando su almuerzo en una fonda, recibió la respuesta de Celina. Quedó instalado en un estado de perplejidad tan grande que el mesero se acercó a preguntarle si los huevos estaban bien cocidos o si la salsa estaba demasiado picosa.

Le contestó en modo automático que todo estaba bien. Juan regresó a su mensajería. El texto predictivo de su mensajería había redactado un mensaje sumamente inconveniente e inclusive insultante para la mujer. Pidió urgentemente un tequila como si el alcohol tuviera el poder de borrar lo enviado, salvándolo así del penoso asunto que seguramente le iba a costar su relación

Por su parte, postrada en su silla, Celina se encontraba esperando la respuesta a su mensaje, mismo que quedó en una doble palomita azul. Eso le va a costar una cena, un viaje o algo peor aún, elucubró con cierta satisfacción.

Juan pensó en revelarle a su novia que su inconsecuente mensaje era de una autoría alterada por una instancia artificial, pero decidió ir a comprar una caja de galletitas chinas de la suerte.

Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.

*Escritora, guionista y académica de la UAEM

Hélène BLOCQUAUX