
H Alexander Mejía García*
No hace mucho leíamos que Tepoztlán se encontraba entre los finalistas de la categoría de “Mejor experiencia de salud y bienestar” siendo uno de los principales destinos turísticos en nuestro estado. En esencia eso pare ser algo bueno, a más turismo mayor derrama económica y más bienestar para las comunidades, sin embargo, hace mucho que esto dejo de ser así, a mayor carga turística, mayores estragos para las poblaciones y sus habitantes. Pero a diferencia de lo que sucedía en épocas pasadas en que el gran capital decidía sin mayores problemas sobre los desarrollos urbanos, y las concesiones al turismo sin miramientos, cada vez son más los pueblos y comunidades las que alzan la voz en contra de la turistificación y el desplazamiento por blanqueamiento (gentrificación). Otras más han permanecido en pie de lucha para demostrarnos que a pesar de que el turismo es la principal actividad económica en Morelos, ya no estamos dispuestos a que se nos desplace de nuestros lugares de convivencia para crear escenografías que agraden al visitante.
Como desde hace mucho tiempo, hoy Tepoztlán nos vuelve muestra cómo se defiende una comunidad de los intereses económicos, empresariales y políticos. En notas pasadas he hablado ampliamente de los estragos que causa en un nuestros Estado un turismo sin planeación, mismo que responde única y exclusivamente a la sed económica de políticos y empresarios. Pero además de eso, nos topamos también con que los intereses van más allá, tratando de romper los lazos comunitarios y acabar con los medios de subsistencia de una comunidad.
La tentativa del municipio de trasladar la secundaria Jesús Conde Rodríguez a la periferia, no es sino uno más de los intentos por urbanizar Monte Castillo, área protegida desde hace varias décadas y hacerse con el control de un terreno ubicado estratégicamente en el centro de Tepoztlán. ¿A fin de qué? Hasta ahora nadie sabe a ciencia cierta que se tiene proyectado para el terreno que ocupa la secundaria. Lo que si sabemos y lo que la experiencia histórica nos ha enseñado en otras comunidades es que terrenos amplios en ubicaciones estratégicas casi siempre terminan en manos de grandes consorcios capitalistas que limitan cuando no restringen el uso comunitario.
Esto no es nuevo, ya sucedió en el Casino de la Selva en Cuernavaca o más recientemente en el Hotel Vasco en Cuautla. Las autoridades municipales hablan de daños estructurales en la escuela causados por el terremoto de 2017. Pero las dudas más que razonable es ¿Por qué no demoler el edificio y reconstruir la escuela en el mismo sitio? ¿Por qué querer sacar una escuela del centro a la periferia, en una zona que por ley no se puede construir? ¿Se busca utilizar el terreno de la escuela para incentivar el turismo con nuevos desarrollos constructivos?
Estoy convencido de que mantener e impulsar el turismo tal y como ahora existe en Tepoztlán y en buena parte de Morelos será todavía más perjudicial de lo que ya lo es. Como morelense me niego a permitir que nuestros pueblos se conviertan en escenarios para el disfrute del turismo extranjero y que cuando nuestras expresiones comunitarias molesten o incomoden, tengamos que ser nosotros los que debamos que adaptarnos a ellos.

No somos actores ni nuestros pueblos son escenografías para el goce fetichista de algún extranjero o connacional que quiere “conectar con sus raíces”, somos ciudadanos con plenos derechos y las autoridades se deben a nosotros y no al gran capital. La rebeldía siempre será nuestra opción, pero la rebeldía no es un gesto altisonante, no es un golpe o un insulto. La rebeldía es un grito de la inteligencia y la voluntad que clama por la defensa de nuestros pueblos y por mantener nuestros procesos comunitarios. Desde hablar con los vecinos, participar en las fiestas de nuestro pueblo e incluso incomodar a los que por tener un mayor poder adquisitivo se creen con la autoridad para imponer el cómo debemos hacer comunidad, incomodar a los que se creen dueños de nuestros pueblos. De tal forma que si el nuevo modelo de turismo implica desplazar escuelas y comunidades, definitivamente no lo queremos.
* Historiador

