Omar Alcántara Islas*

El rey del barrio cumple tres generaciones –la premisa es que una generación abarca 25 años y cada siglo, por consiguiente, posee cuatro–. Protagonizada por Germán Valdés «Tin-Tan» (DF, 1915-1973), por su hermano Ramón Valdés o «Don Ramón» (DF, 1924-1988) y por la recientemente fallecida Silvia Pinal (DF, 1931-2024), por nombrar ahora solo a tres de sus más renombrados participantes, cuenta la historia de un hombre que lleva una doble vida, como ferrocarrilero y como jefe de los ladrones del barrio; en esta última faceta destaca su vestimenta, representativa de «los pachucos», subcultura mexicana surgida en el sur de los Estados Unidos con un léxico propio, mezcla de inglés y español, a mediados del siglo XX.

«El rey», como llaman al personaje, ayuda a los más necesitados de su vecindad. Junto a esta representación del ladrón bueno –es decir, el bandido con valores o normas. Y vale recordar el documental mexicano Los ladrones viejos (2007) de Everardo González–, hay una velada crítica social que se manifiesta en algunos diálogos: «Compra leche pasteurizada, a esa le echan agua más limpia», dice Tin Tan a un niño; y, más adelante, rompe la cuarta pared teatral –o la sexta pared cinematográfica– junto a su inseparable amigo Marcelo (Veracruz, 1911-DF, 1970), cuando en la borrachera, este último se dirige al espectador y apercibe ante la imaginaria sala de cine: «¡Mire cuánto ratero millonario anda por ahí suelto!»

Es 1950, el presidente es Miguel Alemán Valdés, el primer civil después de la guerra revolucionaria. En su sexenio (1946-1952) se fomenta la llamada modernización del país. Se habla del «milagro mexicano», pero también se señala al personaje como el iniciador de la legendaria corrupción del recién fundado PRI (1946) –por ejemplo, en Las batallas en el desierto (1981) de José Emilio Pacheco o en La región más transparente (1958) de Carlos Fuentes–; por lo tanto, la alusión a los ladrones con traje no está de más en esta comedia cuya primera imagen es un reloj y un radio, y la última es la de un pequeño ferrocarril, lo cual nos dice mucho sobre lo que se está viviendo esos días en las grandes ciudades del país.

Es necesario imaginar la mirada de nuestros abuelos y abuelas para acercarnos a fenómenos cinematográficos o visuales de los cuales nos separan estas tres generaciones, pues mientras observamos el comportamiento invasivo de los hombres hacia las mujeres a lo largo de la película, maneras que ya no cuentan con aceptación en nuestros días, por otra parte, encontramos un reconocimiento del protagonista al homosexual en la calle (minuto 38), cuando este último le dice «adiós, mi rey» y Tin Tan responde reconociéndolo por su nombre; y pensar que al día de hoy muchos no otorgan aún este reconocimiento a las sexualidades alternativas, aspectos que hablan de las contradicciones propias de un cine y una cultura.

En ese viaje espaciotemporal que es toda película hay un acercamiento a una forma de hablar que nos pertenece, al mismo tiempo que se nos escapa de las palabras, porque la pregunta siempre abierta es: ¿las películas de esta época del cine mexicano, realmente capturan el habla coloquial de la vida urbana y rural o, por el contrario, están inventando, a partir de algunos préstamos reales, formas de expresión que después se repetirán en la cotidianidad de nuestras calles y pueblos o, incluso, fuera del país?

Junto a los juegos de palabras aparecen los chistes visuales (gags) en la tradición de Keaton, Chaplin o Cantinflas, tal como la sutil broma sobre el consumo de la mariguana casi al inicio del filme (Minuto 9:18), la cubetada de agua en la cara del protagonista un par de escenas después o la pelea grupal cerca del final. La música juega otro papel especial, pero aquí solo se señalan el gracioso dueto vocal con «Vitola» (Fannie Kauffman, Toronto, 1924-DF, 2009) y el baile con la joven Yolanda Montes («Tongolele», Washington, 1932-Puebla, 2025), esta en pleno dominio de sus talentos dancísticos, en una de las duplas de baile más singulares del cine mexicano.

El rey del barrio es la película más representativa de este comediante que a muchos nos fue descubierto, cerca de dos generaciones después, por el documental Ni muy muy, ni tan tan, simplemente Tin Tan (2005), dirigido por Manuel Márquez. (El rey del barrio se puede ver actualmente en YouTube).

*Doctor en literatura comparada

La Jornada Morelos