Sobrepensamiento

Hélène Blocquaux*

¿Le escribiré para confirmar nuestra cita del viernes, espero un día más, o bien que me busque él? No sea que yo me vea demasiado interesada en el proyecto al que me invitó a participar. La mente de Giovanna, a punto de hervor como acostumbraba serlo, no dejaba de imaginar escenarios que pudieran explicar la semana de silencio entre el último comunicado y el día actual. En modo automático, siguió elucubrando en torno a los motivos por los cuales el Sr. González no reestablecía el contacto con ella: se encontraba realizando una misión secreta, su teléfono se reseteó por abrirse al entrar a un portal dimensional, él mantuvo una conversación profunda con un fantasma que lo dejó en un estado de confusión que le impidió atender sus pendientes, o simplemente había considerado contratar a otra persona: seguramente la vecina de Giovanna que acaba de pasar por varias cirugías estéticas, a menos que se tratara de una prima suya recién titulada con la especialidad requerida para el puesto. El último pretexto posible resultaba de terror absoluto para Giovanna para quien la paciencia no era su virtud más notoria: al Sr. González, simple y llanamente no le había parecido relevante avisarle a la candidata número veinte que había reclutado a otra persona para desarrollar el famoso proyecto.

Las malas lenguas, entre las cuales se encontraban personas que juraban ser sus amigas, afirmaban que la palabra paciencia no figuraba en su diccionario personal; en cambio la de impaciencia, definitivamente, sí se encontraba entre los términos frecuentes. Imprudencia era un vocablo más coincidente con su estado cuasi permanente inmerso en el sobrepensamiento. Consciente de ello, Giovanna llevaba anotado un registro de sus desencuentros, tanto profesionales como personales. Por orden de importancia, podíamos encontrar la siguiente selección:

– Haber mandado una invitación de amistad cuatro veces seguidas a un hombre cuya foto de perfil le había parecido atractiva sin querer aceptar que, a esta persona, Giovanna no le parecía lo suficientemente interesante.

– Haber caído en un engaño sentimental a través de un perfil falso con un soltero que resultó vivir en Nigeria y le estuvo pidiendo tanto dinero que acabó con sus ahorros.

– Fallar en una entrevista de trabajo por presentarse el día anterior, además de vestir el uniforme de la competencia.

– En uno de los trabajos en los que se quedó más de dos meses, Giovanna colaboró con un empleado que padecía el mismo síndrome. La relación no prosperó: ambos resultaron despedidos, razón por la cual a la mujer esta situación no le pareció ser un fracaso.

Realmente, la lista de Giovanna incluye más anécdotas, pero podría ser un gesto de poca empatía para los lectores que seguramente ya quieren conocer el desenlace de esta historia. Después de tergiversar por horas sobre el mismo tema de enviar o no un recordatorio al Sr. González, Giovanna terminó comiéndose las gomas de sus lápices tras haber acabado con el helado de chocolate reservado para el cumpleaños de su hermano. Decidió a continuación tomarse un receso, no buscar compulsivamente a sus contactos, al fin que, esa fue su brillante conclusión que puso en marcha por un periodo de dos días: mis conocidos también tienen teléfonos provistos de batería y crédito en caso de querer encontrarme. Ahora, para dejar de sobrepensar sobre su vida, Giovanna consulta las noticias cinco veces al día y se ha vuelto adicta a los canales informativos de 24 horas.

Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.

*Escritora, guionista y académica de la UAEM

Hélène BLOCQUAUX