

Mientras las redadas y los enfrentamientos con la población en Estados Unidos se roban la atención mediática, hay un tema que está en el centro que parece marginal: es el rapto del sistema de asilo y refugio por parte de Estados Unidos. Lo que está en disputa ahora mismo son varias cosas: el sentido común, los derechos y el (des)orden global. Las protestas son síntoma y distracción de la enfermedad de occidente: la intolerancia, los derechos humanos como instrumento kármico (sólo moral) de occidente y el declive de una potencia global. Aquí algunas notas.
Las preocupaciones sobre el sistema de asilo/refugio y las disputas civiles/autoritarias en Estados Unidos son varias, pero vamos por partes. A cuatro meses de la segunda presidencia de Trump se han tratado de cambiar varias cosas. Una de ellas es ignorar la existencia de los derechos humanos, esa gran conciencia moral de occidente ahora en decadencia amén a las riñas politiqueras nativistas.
Trump activó la «Ley de Enemigos Extranjeros» de 1798 que permite deportar personas del país sin la necesidad de que sean escuchados por un juez. Cuando una persona llega a Estados Unidos, después de cruzar las púas, las vallas, los muros, redadas, desiertos o mares a veces se entregan a las autoridades migratorias o son interceptados por las mismas. En teoría, las personas tienen derecho a ser juzgadas bajo un debido proceso porque dentro de esas personas algunas o la mayoría son potenciales solicitantes de asilo y refugio. Ganan derechos cuando se transforman en solicitantes de asilo y es un primer paso jurídico para que se puedan quedar en Estados Unidos. Durante el periodo de Joe Biden como presidente se activaron varios mecanismos que permitían a las personas regularizar su situación a distancia. Antes de llegar a suelo gringo podían solicitar una cita a través de una aplicación llamada CBP One. Con la activación de la Ley de Enemigos Extranjeros y el uso de otras estrategias las personas quedan vulneradas.
Algunos jueces de la Suprema Corte en Estados Unidos tratan de frenar disposiciones de ley que puede emitir el presidente, algunos otros las permiten. Pero quienes hacen contrapeso al interior de Estados Unidos argumentan inconstitucionalidad e incluso violación de convenciones internacionales por parte del gobierno estadounidense gracias a las disposiciones que toma Donald Trump. Una de las razones por las que vemos enfrentamientos entre la población y las autoridades es que se ha implementado dos medidas que chocan a nivel Federal y a nivel Estatal. A nivel federal se ordenaron «Raids» o redadas para buscar personas migrantes en lugares públicos con fundamento en el Titulo 8 U.S.C. §§ 1357(a), 287(g) que autoriza rastreos, redadas, arrestos y registros migratorios sin orden judicial en ciertas condiciones. A nivel estatal en California se cuenta con la ley SB 54 (California Values Act) que prohíbe a agencias locales/estatales ayudar en redadas, arrestos o intercambio de datos con ICE, salvo en excepciones por delitos graves.
Es decir, la disputa es legal en todos los sentidos y corre ahora mismo mientras vemos las noticias de los enfrentamientos entre civiles y parte de las autoridades de Estados Unidos. Otra de las medidas implementadas fue la instrumentalización engañosa de sistema de asilo y refugio. Mientras Biden daba citas a distancia para poder regular el flujo de quienes querían solicitar asilo, Trump comenzó a utilizar los mismos datos y una aplicación similar para deportar. Son mecanismos recientes, algunas personas llegaron hace uno o dos años y comenzaron su solicitud de asilo, pero sus solicitudes son rechazadas rápidamente y se inicia un procedimiento para expulsarlos de manera ágil. Hay quien argumenta «confianza perjudicial» ante dichos procesos.
Lo que ahora se diputa al interior de Estados Unidos es el sentido común, los derechos y el (des)orden mundial. En una traducción inglesa en el aforismo §136 de «Sobre la certeza» de Wittgenstein dice en una traducción literal «El sentido común es una cultura. Es decir, una forma común de pensar y un lenguaje común.» Ese sentido común está fundamentado en el lenguaje mismo que nos ayuda a comprender el orden mundial. Se pone en duda lo común, la palabra, los conceptos, la moral, la ética, los derechos y el (des)orden mundial del siglo XXI. No sólo al exterior, sino también al interior de Estados Unidos y de nuestros espíritus. Nos jugamos lo común en occidente. La disputa es espacial, nos jugamos el espacio de la comunión de lo sentido ¿Podremos leer la enfermedad a través de los síntomas?

*Momoxca, internacionalista, escritor y migrantólogo

Foto: AP-La Jornad

