Para Camilo García Marcos

La cerveza es sin duda alguna, la bebida de moderación que reina en Morelos. Es popular en todos los estratos sociales, su presencia abarca el ámbito rural y urbano. La vemos en las reuniones de familia y amigos, en los estantes de las modestas misceláneas, en las ferias de pueblo, cabalgatas, espectáculos artísticos y deportivos, en lupanares, cantinas, bares y restaurantes de todas las categorías. Su popular consumo en forma de “micheladas” es recurrente en puestos callejeros en la zona conurbada de Cuernavaca, en las calles de Tepoztlán y en las carreteras morelenses. A su vez las repisas y refrigeradores de los supermercados la ofrecen en todas sus marcas, presentaciones y categorías. Mención aparte, merece el boom de la cerveza artesanal, así como el nicho de mercado al que se dirige y los múltiples “beer fests” que se organizan para promoverla, no en vano, en Morelos, existe una asociación de productores locales de cerveza. Imposible no mencionar a las tiendas de conveniencia, que se han apoderado del paisaje morelense y cuyo producto insignia es la cerveza. En lo particular, deseo en Morelos un horizonte con más arquitectura vernácula que las fachadas amarillas y rojas de las tiendas de conveniencia o bien carreteras limpias y seguras en vez de las cartulinas fosforescentes de los puestos de micheladas.

La cerveza llegó a la Nueva España en 1542, cuando Alfonso Herrara, antiguo soldado de Cortés obtuvo del Emperador Carlos V, una licencia para fabricar cerveza en la región de Amecameca. La cerveza era bien apreciada por los europeos e incluso el virrey Antonio de Mendoza echó mano de ella ante un periodo de desabasto de vino. Sin embargo, producir cerveza en México no fue barato, y el pulque se impuso como la bebida popular por excelencia hasta la llegada del siglo XX. El Porfiriato representó la modernización de México, la incorporación de nuevas tecnologías y tendencias en un país que progresó a pasos agigantados. En este contexto, resurgió la fabricación de la cerveza, particularmente de la mano de industriales alemanes quienes fundaron cervecerías como la Pacifico en Mazatlán en 1900. Previamente en 1890 se fundó la Cervecería Cuauhtémoc en Monterrey, y la Moctezuma en Orizaba en 1894. Aquellas jornadas, se pueden considerar como el momento en el cual el pulque comenzó a ser desplazado por la cerveza.

Cuernavaca en aquellos años, no fue la excepción de aquel “boom” cervecero y surgió entonces la “Compañía Cervecera Porfirio Díaz de Cuernavaca”, historia documentada en el libro “Apuntes para la historia de la cerveza en México” de Jean Paul Krammer y María del Carmen Reyna, publicado por el INAH. En la obra en mención, narran que la cervecera cuernavacense, fue fundada en 1899 por los alemanes Federico Vogel y Enrique Woort, en un predio aledaño al parque Carmen Romero Rubio hoy Melchor Ocampo. Seguramente eligieron el sitio por la calidad y abundancia de agua de los “Ojos de Gualupita”. La revolución interrumpió su producción, la cual se reanudó de 1923 a 1932. De ahí hasta 1972, la vieja fábrica fue agencia y bodega de cerveza, en ese año el predio se vendió, convirtiéndose en la terminal de autobuses del Casino de la Selva.

Tomo la licencia para compartir una historia personal con el único ánimo de abonar a esta crónica. Uno de mis bisabuelos paternos Kaichi (Manuel) Abe Matsumura, fue un reconocido comerciante e industrial en la entidad, a partir de los años de la revolución zapatista. Al amainar el conflicto, entre sus emprendimientos estuvo el ser distribuidor de la Cerveza Moctezuma en Guerrero y Morelos, lo cual fue sin temor a exagerar, una proeza en virtud de los medios y caminos de la época. Mi abuelo, su hijo Roberto, primero trabajó en Orizaba en la cervecería como “Tenedor de Libros” y después se incorporó al negoció familiar. Roberto pronto conoció bien el medio y ello lo llevó a trabar amistad con Don Pablo Díez, formidable empresario y filántropo oriundo de Vegaquemada en León, España y uno de los fundadores de la Cervecería Modelo en 1930. Don Pablo, entonces dio al abuelo Roberto, la concesión de la Cerveza Modelo en Morelos. La cual trabajó con éxito por un buen tiempo y a la par de su actividad, al igual que su padre, como industriales azucareros.

Lo anterior, da cuenta de que la cerveza tiene una presencia constante en Morelos de 126 años aproximadamente, tiempo en el cual se ha consolidado como una bebida cotidiana, que incluso va muy bien con la gastronomía local. Es de sobra conocida una fotografía del General Emiliano Zapata, bebiendo una botella de cerveza. Lo deseable es que la cerveza continúe siendo un formidable motor de la economía morelense y con moderación, un gusto arraigado en la población, pero sin que ello entrañe anarquía urbana y contaminación visual en un Morelos, que desafortunadamente pierde día a día, la belleza del paisaje del antiguo Tamoanchan.

*Escritor y cronista morelense.

Emiliano Zapata bebiendo Cerveza, Archivo Casasola.

Roberto Abe Camil