El insulto de la edad

 

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El contenido generado por IA puede ser incorrecto. La belleza de la mujer ha sido admirada desde civilizaciones muy antiguas, ilustrándolas en pinturas y en letras evolucionando de la mano de la percepción de lo que representa ser mujer dentro de una sociedad influenciada por ideales y empañada por fanatismos extremos encargados de limitar desde el pensamiento hasta la imagen con el precepto de lo correcto e incorrecto siempre con la mira del juez de lo moral por lo que el comportamiento de las mujeres en sus diferentes grupos sociales ha sido determinado por lo que se cree que es belleza; sin embargo existe un pensamiento constante en el inconsciente de todas: la idea de la virginidad, la pureza y el recato.

Durante años se han seguido ideales del comportamiento femenino en cada etapa de crecimiento, desde la búsqueda de una niña quieta y obediente hasta la mujer madura discreta no solo en sus palabras si no también en su forma de vestir pues se cree que con la edad la ropa debe ser distinta, el cabello, el maquillaje e incluso el pensamiento, pero curiosamente existe algo que se exige perfecto sin importar los cambios metabólicos: el cuerpo perfecto sin rastros del desastre catabólico.

En la actualidad el mercado de belleza ha sido saturado por productos que intentan ocultar los rasgos de la perdida de proteínas como el colágeno, ofreciendo la idea de que su uso evitara no solo la apariencia si no también la percepción de sentirse “vieja” como si esto fuese una condena de la vida. La batalla contra la edad ha llegado a los temas de alimentación orillando a muchas mujeres a buscar suplementos y tratamientos que las acerque a la idea de una juventud que ha pasado, ilustrado bajo el requisito dentro de una consulta nutricional: “quiero que mi ropa de hace más de 10 años me vuelvan a quedar”, traducido en el deseo de regresar al momento de cuando se sentía perfecta orillándola a comportamientos no precisamente sanos con resultados que nunca terminan de ser convincentes ante un espejo.

El uso de medicamentos, suplementos, la actividad física exigente y extenuante así como tratamientos quirúrgicos son las principales herramientas que aparecen en el menú de la perfección femenina, rechazando constantemente las modificaciones corporales que a pesar de ser inevitables biológicamente, se lucha por detenerlas o revertirlas curiosamente para volverse cada vez más pequeñas con una interpretaciones hermenéutica de lo poco importante que todavía muchas mujeres creen ser aunque no se diga en un discurso directo pero es observable inclusive en eventos que parecen importantes y determinantes para el rol femenino para lo cual retomo el momento del matrimonio, suceso por el que las mujeres desean verse más delgadas de lo usual para lo cual, ante los ojos de Hermes, es la idea de sentirse pequeña y frágil ante el hombre salvador y protector.

Pareciera que el feminismo pierde una batalla en el pensamiento oculto de todas las mujeres, continuamos buscando ser pequeñas, día a día nos miramos en el espejo buscando vernos bellas, evitando cada arruga, estría o cualquier marca del paso del tiempo pero a la vez nos enfrentamos ante las exigencias de lo que se espera de la mujer; es decir, se debe ser madre pero no debes de engordar demasiado, debes ser atractiva pero sin llegar a lo vulgar, debes permanecer delgada sin abusar de cirugías o medicamentos, debes verte perfecta a pesar de la subjetividad del significado de la palabra.

Cuando pasa el tiempo y se echa un vistazo a lo vivido, la mayoría se da cuenta del tiempo perdido en medio de la ansiedad por sentirse aceptadas y hermosas bajo el pago de desperdiciar momentos por la preocupación de usar la ropa adecuada, de revisar si la foto hace justicia al tiempo dedicado para mostrar la búsqueda por el cuerpo perfecto; la poesía que dibujaba la belleza de la naturaleza femenina ha sido minimizada cruelmente por la voz interna de la terrible perfección, algo que por sí mismo jamás será alcanzado.

Para las que hemos desperdiciado el disfrute de la vida nos queda demostrar a las nuevas generaciones que no hay nada que las lleve al ideal de lo perfecto, se debe vivir en plenitud bajo buenas decisiones adorando nuestro cuerpo bajo rituales de bienestar físico con una alimentación balanceada y diversificada de acuerdo a gustos y tradiciones, haciendo ejercicio que sea también un momento divertido y lleno de interacciones sociales agradables y evitando ocultar la naturaleza de nuestra biología pues además de evitar la cosificación de la mujer, también hay que enseñarles desde edades tempranas que no hay nada que ocultar, ni la edad ni el amor propio.

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*Psico nutrióloga

Elsa Azucena Alfaro González