Jazmin Aguilar / Desde el Campus UAEM

Totlápowalwo pan Tetelzinku. Mitos y leyendas de nuestro pueblo Tetelcingo es un libro bilingüe que recupera seis relatos de la tradición oral de la comunidad de Tetelcingo, en el municipio de Cuautla, escritos en mosihuale, una variante del náhuatl y acompañados de su traducción al español. Concebido como proyecto de titulación de la Maestría en Producción Editorial del Centro Interdisciplinario de Investigación en Humanidades (CIIHu) por la editora y docente Esmeralda Sitlale Clemente Catonga, el libro “es un intento por rescatar la lengua”, debido a que esta variante se encuentra en riesgo de desaparición.

La obra reúne tres mitos y tres leyendas recopilados a partir de la memoria oral del pueblo y busca acercar la literatura en lenguas originarias a las adolescencias, un público históricamente poco atendido. “Hay mucho material dirigido a niños, y eso está bien, pero la literatura en lenguas originarias para adolescentes casi no existe […] es una etapa crucial donde se define la identidad”, explica Clemente, quien decidió dirigir el libro a jóvenes de entre 12 y 15 años.

De la academia al territorio

Egresada de la Licenciatura en Letras Hispánicas, Esmeralda Clemente actualmente se desempeña como docente de lingüística, análisis del discurso y pragmática en el nivel medio superior, una labor que influyó directamente en el enfoque del proyecto. En su planteamiento inicial, el libro abordaba los antecedentes históricos de Tetelcingo. Sin embargo, en una segunda postulación, Clemente decidió centrar el proyecto en la literatura oral como una forma más viva de transmisión cultural.

La obra se construyó a partir de un acervo recopilado durante años por Kuáutl Oyutl Tekuolutl (Tirso Clemente Jiménez) padre de la autora, hablante antiguo del mosihuale. Él reunió historias a partir de conversaciones con mayordomos, personas mayores, habitantes del pueblo y autoridades comunitarias. De un corpus de más de veinte relatos, se seleccionaron seis que conservaran un carácter propio de Tetelcingo y evitaran versiones “comúnmente difundidas”.

El principal reto editorial fue el proceso de corrección de textos. “Mientras el español cuenta con normas consolidadas, en el caso del náhuatl (y sus variantes) existen múltiples propuestas ortográficas”. Clemente optó por una combinación entre la escritura del autor nativo y la propuesta utilizada por la Universidad Veracruzana. “No quería dejar fuera la experiencia y propuesta del autor”, subraya. En este proceso, Clemente contó con el acompañamiento académico del investigador José Antonio Flores Farfán.

Escribir en una lengua en riesgo

Otro de los mayores desafíos fue trabajar con una variante poco estudiada. “Mi variante en Tetelcingo es una variante muy poco documentada. Los primeros estudios se hicieron antes de 1960 y hasta el año pasado se publicó una tesis sobre la vitalidad de la lengua”, señala Clemente. Las conclusiones de ese diagnóstico no son favorables.

A ello se suma la ausencia de datos oficiales sobre el número de hablantes. Aunque en 1979 se hablaba de cerca de tres mil, hoy no existe un censo específico para Tetelcingo. Factores como la discriminación han llevado a que muchas personas oculten su conocimiento de la lengua. “Es una forma de protegerse”, reconoce la autora. Pese a ello, Clemente considera que publicar es una forma de resistencia. “Si no se escribe, si no se publica, nunca va a llegar a nada”, afirma.

Ilustrar la identidad

El libro se distingue también por su propuesta visual en duotono. “Escogí dos pantones, uno rosado y otro azul marino, estos representan la vestimenta de la mujer de Tetelcingo: el azul representa el chincuete (falda/enredo) y el cotón (camisola) que lleva, también representa el del maíz azul; el rosado, representa las fajas o puchatle que se usan para sujetar la falda”. Aunque las fajas son de varios colores, la autora explica que el rosa rojizo es el más recurrente en Tetelcingo, “incluso puedes ver estos colores en las rutas del primer cuadrante de pueblo”, señala.

Las ilustraciones estuvieron a cargo de Mariana Avilés y de la propia Esmeralda, quien realizó dos piezas. La portada concentra varios símbolos del pueblo: la jaula representa la artesanía de Tetelcingo, que ya muy pocas personas hacen; el maíz azul, que es el que se produce; los aires, unos personajes que hacen travesuras a la comunidad, representados como niños pequeños; y la figura de una abuela inspirada en la propia abuela de la autora. “A ella le debo mucho de lo que soy, toda la enseñanza de defender mi cultura, de resistir y de estar orgullosa”. Los adolescentes representan “esta convivencia o conexión emocional que tienen con la cultura de que en este caso va a representar la abuela”.

Entre las historias incluidas se encuentra El cerrito de Tox, sobre un antiguo espacio ceremonial donde se celebraba el año nuevo y se abría un mercado simbólico que otorgaba dones; El Donsonile, ligado al trabajo agrícola y al sol; y El remolino, una leyenda que advierte sobre las consecuencias de desafiar a la naturaleza, entre otros.

Para la autora, el objetivo es que los jóvenes se reconozcan en estos relatos. “Que alguien lo lea y diga: ‘ah, este es el cerrito del que me hablaba mi abuelo’, que vean estas historias como cualquier otro cuento que podrían encontrar en un libro o en la televisión, pero que son propias”, señala.

Un proyecto que mira hacia adelante

La propuesta editorial se presentó hace dos semanas y, aunque aún no ha sido llevada a impresión ni es posible consultar su contenido, la autora adelantó que buscará distintas convocatorias para lograr su difusión. Al cerrar la entrevista, señaló que en Tetelcingo existen cinco escuelas de educación indígena, por lo que expresó su deseo de que, en un futuro, Totlápowalwo pan Tetelzinku pueda incorporarse como material de apoyo dentro del programa de educación indígena. Asimismo, comentó que su intención es continuar sus estudios de posgrado en una línea de investigación que contribuya a visibilizar la lengua, la literatura y la cultura de su comunidad.

El libro reúne seis mitos y leyendas de Tetelcingo en mosihuale y español, con ilustraciones en duotono inspiradas en la iconografía local. Foto: Cortesía.

El libro recupera relatos propios de Tetelcingo, como El cerrito de Tox, que narra un antiguo espacio ceremonial y un mercado simbólico donde se otorgaban dones. Foto: Cortesía.

Entre los relatos se mencionan los aires, personajes de la tradición oral de Tetelcingo representados como niños pequeños y traviesos, asociados a fenómenos naturales, enfermedades y advertencias comunitarias. Foto: Cortesía.

Esmeralda Clemente, autora y editora del libro durante la presentación de su proyecto editorial. Foto: CIIHu.

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