

Soberanía alimentaria y soberanía ambiental en México: dos desafíos enlazados
Fleur Gouttefanjat[1]
Josemanuel Luna-Nemecio[2]
Desde mediados del siglo XX, la agricultura mexicana ha experimentado cambios profundos en sus patrones productivos. Con la llamada “Revolución Verde”, las prácticas tradicionales de milpa y agroforestería que desarrollaban campesinos e indígenas en México fueron desplazadas por el uso creciente de insumos agrícolas industriales (fertilizantes químicos, agrotóxicos, maquinaria) y novedosas técnicas orientadas a los monocultivos.
Esta transformación tecnológica comenzó en grandes empresas agrícolas capitalistas, interesadas en elevar su productividad y ganancias. Por ejemplo, el uso de agroquímicos inició en regiones algodoneras como Mexicali (Baja California) y La Laguna (Coahuila y Durango). Ahora bien, durante el neoliberalismo mexicano (1982-2018), estos importantes cambios en el patrón productivo se sumaron a la drástica reconfiguración del sector agropecuario que impulsaron los distintos gobiernos neoliberales del periodo.
Las políticas agropecuarias y comerciales aplicadas en ese periodo promovieron la exportación de productos agrícolas “de lujo” (como frutos rojos, aguacate o tequila), al tiempo que se debilitó la autosuficiencia alimentaria. Esto ocurrió por el desmantelamiento de la agricultura campesina y el control de los granos básicos por grandes consorcios internacionales.

Además, la desregulación del uso y distribución de agrotóxicos, junto con la apertura comercial y el debilitamiento de la industria petroquímica nacional, facilitó su proliferación masiva en manos de empresas transnacionales. Hoy es muy común que, incluso pequeñas unidades agropecuarias, utilicen importantes cantidades de agrotóxicos, así como semillas certificadas o transgénicas y que cultiven bajo la forma de monocultivos.
Esta profunda transformación de la agricultura mexicana, que tiene como correlato la dependencia alimentaria y tecnológica de México, se relaciona estrechamente con la emergencia de preocupantes problemáticas ambientales: degradación de los suelos por procesos de pérdida de materia orgánica y de fertilidad, de erosión química, eólica e hídrica y de compactación; contaminación de suelos, ríos y mantos acuíferos con implicaciones en toda la cadena trófica; presión sobre recursos ambientales esenciales para los ecosistemas; reducción de la biodiversidad; alteración de los ciclos hidrológicos; etc.
En otros términos, la moderna agricultura ha participado a la saturación tóxica de los territorios del país; lo que ha favorecido la emergencia de numerosas y nuevas enfermedades crónico-degenerativas y autoinmunes que representan hoy un problema urgente y muy preocupante de salud pública.
Es fundamental que México recupere su agricultura y su soberanía alimentaria, como paso inicial hacia una auténtica soberanía ambiental.
El largo camino para la recuperación de la autosuficiencia alimentaria en México
Fleur Gouttefanjat
Desde 2018, la recuperación de la autosuficiencia alimentaria volvió a ser un objetivo clave del gobierno de México. Para alcanzar esta meta, se han implementado varios Programas de Bienestar orientados al fortalecimiento del campo y destinados principalmente a pequeños y medianos productores agrícolas (Producción para el Bienestar, Fertilizantes para el Bienestar, Bienpesca, Precios de Garantía a Productos Alimentarios Básicos y Sembrando Vida). Con base en dichos Programas, se ha podido apoyar productivamente a cerca de 2.5 millones de familias campesinas.
Sin embargo, el camino para la recuperación de la autosuficiencia alimentaria es largo. Si bien México logra producir la totalidad del maíz blanco y del frijol que consume, seguimos altamente dependientes de las importaciones de maíz amarillo. En 2024, se tuvo que importar cerca de 23 millones de toneladas de maíz amarillo, principalmente de Estados Unidos, para poder nutrir el ganado, pero también para satisfacer la demanda de la industria almidonera. Asimismo, no se ha podido alcanzar autosuficiencia alimentaria en el caso de los siguientes productos alimentarios básicos: arroz; trigo; carne de bovino; carne de porcino; carne de pollo; y leche. Es importante seguir con la línea de trabajo abierta a partir de 2018 y, más aún, ampliarla.

Soberanía alimentaria urbana: defender la salud en las ciudades enfermas
Josemanuel Luna-Nemecio[1]
En Morelos, la defensa del derecho a una alimentación saludable se ha vuelto una tarea urgente para alcanzar la soberanía alimentaria. En contextos urbanos marcados por la desigualdad, el abandono territorial, la contaminación y la sobreoferta de comida chatarra, la soberanía alimentaria se convierte en una estrategia de defensa de la vida. No se trata solo de garantizar el consumo adecuado de calorías, sino de disputar el sentido mismo de la alimentación: definir y defender lo qué comemos, cómo lo producimos, dónde lo cultivamos y para quién.
La soberanía alimentaria tiene una dimensión preponderantemente cualitativa: implica alimentos limpios, frescos, culturalmente adecuados y territorialmente arraigados. En ese sentido, los huertos urbanos, las parcelas comunitarias y los corredores agroforestales en parques y lotes baldíos no solo brindan acceso a alimentos sanos, sino que regeneran vínculos comunitarios, restauran ecosistemas locales y contribuyen a disminuir enfermedades metabólicas como la diabetes, cáncer, obesidad o hipertensión. Defender la soberanía alimentaria en zonas urbanas es defender el derecho a vivir bien en territorios vivos y sanos.

Curso sobre instalación de huertos familiares urbanos. Fuente: Gobierno de México

Mercados comuntiarios como base para la soberanía alimentaria. Foto: Josemanuel Luna

La soberanía alimentaria implica alimentos limpios, frescos, culturalmente adecuados y territorialmente arraigados Foto: Josemanuel Luna
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Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa ↑
¿Y si el empaque también importara? Soberanía alimentaria desde la semilla hasta el envoltorio
Mario Adrián de Atocha Dzul Cervantes[1]
Cuando hablamos de soberanía alimentaria, casi nunca se menciona el papel que juegan los empaques de los alimentos. Sin embargo, investigaciones recientes demuestran que también ahí se juega una parte clave del futuro alimentario.
Semillas de especies nativas y poco aprovechadas, como la huaya y el caimito —propias del sureste y centro de México— no solo tienen un gran valor nutricional y cultural, sino también un potencial tecnológico sorprendente.
En lugar de seguir usando plásticos derivados del petróleo, investigadores del Cuerpo Académico “Bioprocesos” del TecNM campus Calkiní (ITESCAM, Campeche) están creando envolturas biodegradables a partir de estas semillas, que usualmente se desechan. Los almidones que contienen permiten fabricar bioplásticos naturales, que no contaminan y, al mismo tiempo, fortalecen economías locales y saberes comunitarios.
En estados como Morelos, con una gran riqueza agrícola, transformar residuos agrícolas en productos útiles y ecológicos es una forma concreta de cuidar el ambiente y defender el territorio.
Porque no solo importa lo que comemos, sino también cómo lo cultivamos, cómo lo empacamos y cómo lo devolvemos a la tierra.


Figuras 1 y 2. Elaboración de Empaque Biodegradable

Figura 3. Empaque biodegradable
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Tecnológico Nacional de México, Campus Instituto Tecnológico Superior de Calkiní ↑
Soberanía alimentaria y economía solidaria: una vía para el desarrollo económico y la cohesión social
Deisy Milena Sorzano Rodríguez[1]
En América Latina y el Caribe, alrededor de 131 millones de personas sufren de inseguridad alimentaria. En países como Colombia y México, este problema es particularmente significativo: en ambos, más del 55 % de la población padece inseguridad alimentaria. Ante esta situación, es urgente reconfigurar los modelos de producción y distribución. La soberanía alimentaria —como capacidad de los pueblos para decidir qué y cómo producir— se vuelve un eje estratégico de desarrollo económico inclusivo.
El impulso de emprendimientos cooperativos agroalimentarios permite crear empleos dignos, dinamizar economías locales y promover cadenas de valor sostenibles. Estas iniciativas, lideradas frecuentemente por mujeres y juventudes, fomentan autonomía económica y fortalecen el tejido productivo comunitario.
Además, al priorizar prácticas agroecológicas y mercados de proximidad, las cooperativas contribuyen a reducir la dependencia alimentaria y estimulan la reactivación territorial.
Para consolidar estas apuestas, se requiere de políticas públicas que faciliten financiamiento, formación técnica y acceso a circuitos comerciales justos. Apostar por la soberanía alimentaria es apostar por una economía solidaria, resiliente y soberana.

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CETYS Universidad (México) y Universidad Industrial de Santander (Colombia). ↑
La soberanía alimentaria indígena y su cocina alternativa
Saúl Ramírez Sánchez[1]
La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos indígenas a definir sus propios sistemas agroalimentarios y acceder a alimentos sanos, suficientes y culturalmente apropiados, producidos de manera sostenible. En México, estas comunidades han sido guardianas de la biodiversidad y de cocinas tradicionales que conservan conocimientos milenarios. La milpa, el amaranto, el pinole o las tlayudas no solo alimentan, también sostienen una forma de vida. Sin embargo, este legado enfrenta amenazas graves: privatización de semillas, despojo territorial, desplazamiento por megaproyectos y contaminación con agroquímicos. Frente a ello, las cocinas indígenas se convierten en trincheras de resistencia. Iniciativas como la Red Slow Food de Pueblos Indígenas y la Declaración de Shillong reconocen su valor político y su potencia transformadora. Un avance importante ocurrió el 17 de marzo de 2025, cuando se reformó el artículo 4º constitucional para reconocer al maíz como base alimentaria e identidad nacional, prohibiendo su modificación genética. Este cambio debe traducirse en políticas públicas, presupuesto y respeto efectivo a los derechos indígenas. La cocina indígena no es una postal turística: es un acto de soberanía, una forma de defender la vida, el territorio y el derecho a un futuro autónomo y digno.

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Universidad Autónoma de Baja California ↑
Buzón Ambiental
Este es tu espacio para hacer oír tu voz. ¿Tienes alguna inquietud, pregunta o denuncia sobre el medio ambiente en Morelos? El “Buzón Ambiental” de Xoxoctic está abierto para que compartas tus opiniones, experiencias y propuestas sobre la naturaleza, la ecología y los problemas que nos afectan a todos. Escríbenos y juntos hagamos nuevamente de Morelos el lugar de la “Eterna Primavera” ¡Tu participación es clave!
Manda tu contribución de no más de 1500 caracteres al correo:
lajornadamorelosxoxoctic@gmail.com
Soy habitante de Cuautla y me preocupa la contaminación del río que atraviesa nuestra ciudad. Cada vez es más evidente el abandono institucional: aguas negras, basura y mal olor afectan no solo el ambiente, también la salud de quienes vivimos cerca. El río debería ser un espacio de vida, no una cloaca al aire libre. Exijo que las autoridades municipales y estatales atiendan esta situación de forma urgente y que se promuevan campañas de limpieza, así como proyectos de restauración ecológica con participación ciudadana. Recuperar el río de Cuautla es una responsabilidad colectiva. ¡Queremos un Morelos limpio, digno y vivo!
Juan Antonio Ramírez, 34 años, colonia Gabriel Tepepa, Cuautla.
Lectura Recomendada
Te invitamos a sumergirte en el conocimiento a través de libros que abordan temas ambientales claves. Cada recomendación está pensada para inspirarte, informarte y generar conciencia sobre la naturaleza y los desafíos ecológicos que enfrentamos en el estado de Morelos y en todo el país.
En esta ocasión te invitamos a que conozcas la revista Ciencias y Humanidades 6. Soberanía Alimentaria, publicado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), una obra colectiva que examina de forma crítica cómo el modelo agroalimentario dominante ha transformado la vida rural, la producción de alimentos y la salud pública en México.
A través de ensayos, testimonios y experiencias territoriales, este volumen recupera saberes campesinos, redes de producción agroecológica, circuitos alimentarios solidarios y alternativas comunitarias para garantizar el derecho a una alimentación sana, justa y culturalmente pertinente.
Desde la crítica al uso de agrotóxicos hasta el impulso de semillas nativas y cooperativas rurales, este libro es una herramienta para quienes quieren transformar el sistema alimentario desde los territorios.
Léelo completo aquí https://secihti.mx/wp-content/uploads/publicaciones_conacyt/ciencias_y_humanidades/06_Ciencias_y_Humanidades.pdf

