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La lucha por nuestras semillas frente al complejo agroindustrial

Fleur Gouttefanjat

Josemanuel Luna-Nemecio

La búsqueda por nuevas semillas, que pudieran dar pie a plantas resistentes, con cosechas más abundantes y menos propensión a enfermarse, es una tarea que ha motivado el trabajo de las y los campesinos del mundo desde hace miles de años.

A partir del siglo pasado, este trabajo por mejorar la calidad de las semillas que proveen alimentación para toda la humanidad se vio profundamente transformado y redimensionado por el desarrollo del modo de producción capitalista, el cual acarreó el revolucionamiento constante de todas las ramas de producción, incluyendo la agrícola, y propició la emergencia de nuevos insumos, herramientas y técnicas de trabajo.

Con la (mal) llamada Revolución Verde, distintas fundaciones internacionales y varios gobiernos han impulsado investigaciones científicas y diversas políticas públicas para el desarrollo y el uso de semillas híbridas, cuya comercialización permitió la generación de importantes ganancias para las empresas que se involucraron en dicho negocio.

A finales del siglo XX, los progresos realizados en el ámbito de la edición genómica abrieron una nueva era para las empresas especializadas en la producción y venta de productos biotecnológicos, mediante la naciente comercialización de semillas transgénicas, modificadas en su propio genoma para resistir plagas y, sobre todo, para sobrevivir al uso cada vez más desmesurado de agroquímicos, en particular del herbicida llamado glifosato. Otra vez, las empresas semilleras, que entraron de lleno a este nuevo mercado, realizaron vergonzosas ganancias.

Durante todo el siglo XX y lo que viene siendo del XXI, el esfuerzo de “mejoramiento” de las semillas ha sido, pues, tendencialmente sometido a los intereses económicos de los potentes consorcios internacionales que dominan este mercado a nivel mundial. Este proceso significó soslayar y, a menudo, francamente obstaculizar ––mediante la generación de un marco legal que criminaliza el libre y ancestral intercambio de semillas–– el trabajo que realizan cada día los campesinos del mundo por preservar semillas variadas y de calidad para nuestra alimentación.

En este marco, el trabajo histórico de la humanidad por preservar y reproducir sus simientes ha tendido a ser desvirtuado por el afán de ganancias, dando pie a semillas que no solamente son el medio para la alimentación de los pueblos del mundo, sino que también sirven de vector para un lucro basado en el despojo de los bienes comunes, la pérdida de biodiversidad, la dependencia económica y tecnológica de los campesinos y la privación de soberanía alimentaria de la humanidad.

Es necesario que, desde la academia y la sociedad civil, volteemos a ver y valoricemos el trabajo de los campesinos que siguen obrando por la conservación de nuestras semillas. También es urgente que incentivemos mecanismos para un desarrollo tecnológico fuera de las garras del corporativismo agroindustrial. A estas reflexiones está dedicado el presente número de Xoxoctic.

Las manos que siembran ciencia

(Segunda parte)

Teolincacihuatl Romero Rosales*

Los laboratorios artesanales del sur de Guerrero se han convertido en semillas de autonomía. En ellos, más de 120 productoras de cuatro escuelas campesinas reproducen hongos benéficos nativos que fortalecen las raíces, controlan plagas y devuelven la fertilidad al suelo. Cada laboratorio es una choza limpia, un aula abierta donde la ciencia se mezcla con la vida cotidiana. No hay jerarquías: cada mujer enseña a otra, compartiendo la certeza de que el conocimiento crece mejor cuando se comparte.

La educación popular como raíz de la soberanía, estos laboratorios artesanales son también escuelas de pensamiento crítico. No solo producen hongos, sino conciencia. En cada sesión se discute qué significa depender de insumos comprados, cómo la agroindustria disfrazó la dependencia de “modernización” y cómo recuperar el principio de que la tierra tiene su propia medicina.

En estos espacios, la agroecología se vuelve un modo de sanar: los residuos de cosecha se transforman en sustratos, la tierra enferma se cura con sus propios microorganismos y el miedo a depender del mercado se disuelve entre risas y aprendizaje. Las mujeres ya no son consumidoras de insumos, sino productoras de vida microscópica.

Reproducir Trichoderma o Beauveria se ha vuelto un acto simbólico de libertad. No es solo biología, es dignidad: recuperar el poder sobre lo que se siembra y lo que se come. Así, los laboratorios artesanales son más que espacios técnicos: son territorios de esperanza donde las mujeres curan la tierra y siembran soberanía.

*Universidad Autónoma de Guerrero

La inquietante concentración oligopólica de la venta de semillas

Fleur Gouttefanjat

En los últimos años, tuvieron lugar colosales y preocupantes megafusiones empresariales en el mercado de la compra venta de semillas agrícolas. En 2018, la empresa alemana Bayer se vio autorizada por la Comisión Europea para comprar la gigante y extremadamente controvertida firma estadounidense Monsanto, ampliamente denunciada en Estados Unidos por prácticas constantes de corrupción, colusión política, reportes mentirosos y venta de productos altamente tóxicos.

Un año antes, la empresa estatal ChemChina cerraba un importante trato para adquirir Syngenta, por la modesta suma de 43 mil millones de dólares, siendo la mayor adquisición corporativa extranjera realizada jamás realizada por China, según lo reporta el Grupo ETC.

Estas fusiones ponen luz sobre el inquietante fenómeno de la concentración corporativa del comercio de semillas. Hoy, 4 empresas transnacionales controlan el 56% de la venta mundial de semillas comerciales, vulnerando el derecho de la humanidad a la soberanía sobre su alimentación. Es extremadamente urgente diseñar un verdadero plan de trabajo y de acción para reducir el poder de estas empresas transnacionales y favorecer la soberanía alimentaria de los pueblos.

Figura 1. Concentración oligopólica del comercio de semillas.

Nombre de la empresa

Parte del mercado mundial de semillas

Bayer (Alemania)

23%

Corteva (EEUU)

19%

Syngenta (China/Suiza)

10%

BASF (Alemania)

4%

Total

56%

Fuente: Grupo ETC. (2025). Top 10 des géants de l’agrobusiness. Grupo ETC.

Soberanía de Semillas

Carol Hernández Rodríguez*

Los cultivos que hoy sustentan a la humanidad tienen sus orígenes en los procesos de domesticación que se han extendido por más de 10,000 años a cargo de las comunidades indígenas y campesinas.

Es en el siglo XX, con las leyes mendelianas de la herencia, cuando la reproducción de semillas comenzó también a estar en manos de fitomejoradores, científicos que trabajan en el mejoramiento genético de las semillas para obtener cualidades específicas como son resistencia a sequías y plagas. El fitomejoramiento permitió el desarrollo de la agricultura industrial, revolucionando nuestros sistemas agroalimentarios.

Sin embargo, también favoreció el surgimiento de un sistema internacional de Derechos de Protección Intelectual (DPI) sobre nuevas variedades de semillas, permitiendo un monopolio sobre éstas. Hoy, tres corporaciones controlan más del 50% del mercado mundial de semillas (Bayer, Corteva y Syngenta).

El movimiento de Soberanía de Semillas surge en respuesta a este poder corporativo y reivindica la contribución de los pueblos en el desarrollo de la agricultura y sus derechos sobre las semillas, esto es, a guardar, replantar e intercambiar semillas; participar en las políticas públicas sobre semillas; y rechazar los DPI y los Organismos Genéticamente Modificados.

*Investigadora del Programa Universitario de Bioética de la UNAM

hcarol@unam.mx

https://www.bioetica.unam.mx/?p=4897

Snahil Kawal Jts’unubtik (Nuestra Casa Comunitaria de Semillas en Tseltal). Banco comunitario de semillas nativas de maíz, frijol y chile en la región Tseltal de los Altos de Chiapas.

México: un sendero para el maíz latinoamericano

Diana Alejandra Méndez Rojas*

En México el maíz nativo es un patrimonio biocultural, gracias a los movimientos sociales que reivindican su valor e inciden en la esfera gubernamental. Al día de hoy, estas semillas cuentan con un respaldo institucional y legislativo, y aunque es innegable que hace falta avanzar en medidas para garantizar el abasto a nivel nacional, nuestro país ocupa una posición ventajosa frente a otros casos latinoamericanos que no cuentan con políticas específicas para el resguardo de su riqueza genética.

Esto es cierto para países con un cultivo milenario como Guatemala y Colombia, así como para aquellos que recientemente se han especializado en la producción agroindustrial, como Brasil y Argentina. Frente a este panorama, las semillas que son motivo de orgullo en México se revelan como el baluarte del cultivo no industrial más allá de nuestras fronteras.

Ante la acción global de las compañías de semillas transgénicas, es necesario imaginar una respuesta conjunta capaz de apreciar al maíz nativo y sus procesos de territorialización; quizá no para desmontar el monocultivo biotecnológico, pero sí para reservar un espacio a la alimentación sustentable. Esta es una tarea urgente pues de la producción mundial de maíz solo el 20% se destina a la alimentación directa.

*Investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México

Territorio, salud y semillas nativas

Josemanuel Luna-Nemecio[1]

La defensa de las semillas nativas representa una disputa central para enfrentar la devastación ambiental y detener el deterioro de la salud pública. Frente al avance del capital agroindustrial se profundiza la degradación de suelos, el envenenamiento del agua y la pérdida de diversidad alimentaria. Por ejemplo, la reducción de variedades agrícolas es alarmante; se estima que se ha perdido alrededor del 75 % de la diversidad genética de los cultivos comerciales desde principios del siglo XX.

Al mismo tiempo, el uso de agroquímicos en México ha crecido de forma intensiva. En 2018 se importaron más de 61,000 ton. de plaguicidas, y en 2017 la producción nacional superó las 106,000 ton.  Esta concentración produce impactos directos en la salud de las comunidades rurales; en estudios recientes se ha hallado que el 83 % de la población agrícola eval­uada estuvo expuesta a plaguicidas catalogados como posibles cancerígenos.

A contracorriente, las semillas nativas representan una vía concreta para reconstruir sistemas alimentarios centrados en la salud comunitaria. Su defensa no apela a nostalgias ni a miradas románticas sobre el pasado, sino a la necesidad de reapropiar productivamente los territorios y a recuperar capacidades locales de producción agrícola, y colocar el desarrollo tecnológico al servicio de todas las formas de vida.

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  1. Universidad Autónoma Metropolitana/Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Medio Ambiente y Sociedad (CIMMAS-México)

Buzón Ambiental

Este es tu espacio para hacer oír tu voz. ¿Tienes alguna inquietud, pregunta o denuncia sobre el medio ambiente en Morelos? El “Buzón Ambiental” de Xoxoctic está abierto para que compartas tus opiniones, experiencias y propuestas sobre la naturaleza, la ecología y los problemas que nos afectan a todos. Escríbenos y juntos hagamos nuevamente de Morelos el lugar de la “Eterna Primavera” ¡Tu participación es clave!

Manda tu contribución de no más de 1200 caracteres al correo: lajornadamorelosxoxoctic@gmail.com

Vivo en la zona oriente de Morelos y en los últimos años he visto cómo cambió nuestra forma de sembrar. Antes guardábamos nuestras semillas y cada familia tenía sus propias variedades de maíz y frijol. Ahora muchos compran semillas comerciales porque nos dicen que rinden más, pero lo que vemos es que cada temporada necesitamos más químicos para que crezcan. El olor de los pesticidas ya es parte del aire y varias personas del pueblo se han enfermado de la piel y de las vías respiratorias. Lo que más preocupa es que estamos perdiendo nuestras semillas antiguas y, con ellas, la posibilidad de cultivar sin depender de las tiendas y sin dañar nuestra salud.

Rosa Hernández, vecina de Ayala, Morelos

Lectura Recomendada

Te invitamos a sumergirte en el conocimiento a través de libros que abordan temas ambientales claves. Cada recomendación está pensada para inspirarte, informarte y generar conciencia sobre la naturaleza y los desafíos ecológicos que enfrentamos en el estado de Morelos y en todo el país.

En esta ocasión te invitamos a que conozcas el libro Reconfiguración agroecológica. Teoría y redes de actores en la agricultura alternativa en Jalisco, el cual fue publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México

En este libro se explica que las semillas no son simples insumos agrícolas, sino el núcleo biológico, cultural y económico de los sistemas alimentarios que los pueblos campesinos e indígenas han construido durante milenios. A partir de procesos de coevolución entre comunidades y territorios, México ha generado una enorme diversidad genética en cultivos como maíz, frijol, chile o calabaza, resultado de prácticas colectivas e intergeneracionales de siembra y resiembra. El texto subraya que, al ser un bien común surgido de estos procesos históricos, cualquier intento de privatizar las semillas en beneficio de intereses particulares atenta contra la soberanía alimentaria y la continuidad de las culturas que las han producido.

Para consultar y descargar gratis el libro, puedes ingresar a la siguiente dirección electrónica:
https://lancis.ecologia.unam.mx/assets/semillas_para_el_bien_comun.pdf

La Jornada Morelos