Zugeily Cabrera Flores ha librado batallas en distintos frentes. Como presidenta de la Fundación Mujeres Educando en Familia, ha dedicado dos décadas a acompañar y apoyar a mujeres víctimas de violencia familiar. Pero su mayor desafío ha sido el cáncer, una lucha que ha enfrentado con la misma determinación con la que defiende sus causas.

Originaria de Tlaltizapán, Morelos, tiene 47 años y vive en la comunidad de Ticumán. Su historia está marcada por la perseverancia y el compromiso social. Hija de un panadero del pueblo, Isaac Cabrera Flores, y de Guadalupe Flores Bello, desde niña mostró un espíritu combativo.

Su camino académico no fue sencillo. Tras estudiar primaria y secundaria en su municipio, cursó el bachillerato en Yautepec. Luego ingresó a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) para estudiar Derecho, pero las dificultades económicas la obligaron a interrumpir su formación. «A mi papá no le alcanzaba para costear mis estudios en Cuernavaca y el traslado», recordó. Sin rendirse, continuó en el Tecnológico de Zacatepec, donde obtuvo el título en Administración con mención honorífica. Más tarde, retomó su sueño y logró graduarse en Derecho, combinando ambas disciplinas para fortalecer su labor en la defensa de mujeres víctimas de violencia.

Desde los seis años, Zugeily sabía que su destino estaba ligado a la justicia. Su padre solía decir que tenía un carácter de defensora nato. «Me gustaba intervenir en cualquier situación para ayudar a otros», comentó. Además, recordó un encuentro de su niñez con el expresidente Carlos Salinas de Gortari, quien, al verla tan interesada en la política, le preguntó si le gustaba. «No, ¿qué es eso? ¿Con qué se come?», contestó inocentemente, sin saber quién era él, pero mostrando su naturaleza inquieta.

Hoy, su vida ha transcurrido entre el activismo, la política y la lucha personal contra la enfermedad. Pero si algo ha demostrado, es que no se doblega ante la adversidad. Como ella misma expresa: «Siempre he luchado por diversas causas y he estado presente cuando se me ha necesitado».

La lucha de Zugeily Cabrera Flores: de la violencia a la enfermedad

En mayo o junio de 2024, la vida de Zugeily dio un giro drástico cuando fue diagnosticada con cáncer.

«Me diagnosticaron linfoma no Hodgkin (es un cáncer que comienza en los glóbulos blancos llamados linfocitos que forman parte del sistema inmunitario del cuerpo), pero el camino hacia ese diagnóstico no fue fácil», recuerda Zugeily. Todo comenzó cuando fue al médico debido a una infección estomacal que persistía tras 15 días de tratamiento. Pronto notó bultos en su abdomen, lo que la llevó a realizarse un ultrasonido. Los resultados revelaron tumores en su abdomen.

Confiando en las instituciones públicas, Zugeily acudió al Hospital Parres en Morelos para recibir atención. Sin embargo, el servicio fue lento, ya que los resultados se retrasaron debido a la subcontratación de laboratorios. Finalmente, le confirmaron el diagnóstico de linfoma no Hodgkin, un tipo de cáncer que afectaba su abdomen.

Dado que en Morelos no hay especialistas en esta enfermedad, fue canalizada al Instituto Nacional de Cancerología en la Ciudad de México. En medio de la espera, su situación se complicó. «Un día fui a estudios y ya no pude regresar a casa. Ingresé de emergencia por un derrame pleural,» explicó. Este derrame, causado por la acumulación de líquido en los pulmones, se debió a que los tumores en su abdomen presionaban su corazón y pulmones, dificultando su respiración.

A pesar de los constantes viajes a la Ciudad de México para recibir tratamiento, su salud empeoró. «Los viajes y la presión arterial elevada aumentaban la presión sobre mis órganos,» señaló. Durante esos meses de incertidumbre, el simple acto de comer se convirtió en un desafío. «A veces solo lograba comer tres cucharadas de caldo o sopa al día. Incluso el agua me resultaba difícil de beber,» recordó Zugeily.

Con el diagnóstico claro y la situación cada vez más difícil, Zugeily continuó su lucha, demostrando la misma resiliencia que la ha caracterizado en su trabajo con mujeres víctimas de violencia.

Un milagro de fortaleza: La batalla contra el cáncer

El 14 de octubre de 2024, Zugeily vivió uno de los momentos más difíciles de su vida: ingresó de urgencia al hospital con un derrame pleural. A partir de ese día, su vida dio un giro drástico, y comenzó un proceso médico que la llevaría a someterse a cinco intervenciones en una sola semana. «Fue un proceso muy difícil, pero Dios me dio fortaleza,» comparte Zugeily con una voz firme y decidida.

«Me realizaron dos cirugías de pulmón, dos procedimientos para colocar las nefrostomías (mangueras con bolsas externas para despresurizar los riñones y permitir la eliminación de líquidos) y la colocación del catéter para la quimioterapia,» explica, detallando los procedimientos que atravesó en su lucha por la vida.

Durante ese tiempo, el dolor y la incertidumbre fueron parte de su día a día, pero su fe y fortaleza la ayudaron a seguir adelante. «Cuando estuve en terapia intensiva, pasé tres días prácticamente inconsciente. Al tercer día, mi cuerpo reaccionó a los medicamentos y desperté. Es un milagro que hoy esté aquí contando mi historia,» dice con gratitud.

Hoy, después de un largo proceso de tratamiento, Zugeily celebra un avance notable en su salud. «Gracias a Dios, ya no tengo tumores en el pecho. Solo queda la cicatriz en el abdomen. Los médicos aún no se explican cómo mi estado ha mejorado tanto, pero sé que ha sido un milagro,» afirma, con una sonrisa de esperanza.

Uno de los detalles que la llenan de esperanza es que sus tumores eran de agua, lo que significa que no generan metástasis. «Se secan y desaparecen,» aclara. Afortunadamente, hasta el momento, su lucha sigue avanzando de manera positiva.

A pesar de las adversidades y de las difíciles pruebas a las que se ha enfrentado, Zugeily sigue siendo una inspiración, tanto en su trabajo por los derechos de las mujeres como en su ejemplo de fortaleza ante la adversidad. «Afortunadamente, hasta ahora la lucha va bien,» subrayó con la determinación que la ha caracterizado siempre.

Lucha contra el cáncer y la violencia oncológica

A medida que la batalla contra el cáncer de Zugeily Cabrera avanzaba, también descubrió una realidad que afectaba a muchos pacientes: la violencia oncológica, una forma de maltrato que rara vez se menciona, pero que es tan real como cualquier otra violencia. «La violencia oncológica existe, pero no se habla de ella. Se manifiesta en la falta de acceso a medicamentos vitales y en la diferencia de trato que reciben los pacientes oncológicos en comparación con otros,» comenta con un tono serio y reflexivo.

Zugeily, quien ya había luchado durante años por los derechos de las mujeres víctimas de violencia, vio que la violencia oncológica se parecía a otras formas de maltrato que había conocido en su trabajo. «Cuando luchamos contra la violencia obstétrica, conocimos casos como el de una mujer en Tlaltizapán que no recibió atención adecuada. La violencia oncológica es similar: se minimiza la condición del paciente, se le responsabiliza por su enfermedad y se le trata de manera deshumanizada,» explica, conectando las luchas que han marcado su vida con esta nueva batalla.

Zugeily no solo fue testigo de esta violencia, sino que también la vivió en carne propia. «Cuando me hicieron una biopsia, la anestesia empezó a pasar y sentí un dolor intenso. Le dije a la doctora: ‘Me duele mucho’, pero su respuesta fue: ‘Aguántate, ya casi terminamos’,» recuerda, con una mezcla de indignación y dolor. Este tipo de respuestas, que minimizan el sufrimiento del paciente, es algo que ha experimentado en varias ocasiones durante su tratamiento.

Otra de las formas de violencia que detectó fue en la escasez de recursos y la saturación de los servicios médicos. «También noté esta violencia en las consultas médicas. Por ejemplo, en Morelos solo hay dos oncólogas, y la saturación es tal que apenas pueden dedicarte dos minutos en consulta. No te explican bien tu caso ni te dan el tiempo necesario para resolver dudas,» agrega. La falta de tiempo y de comunicación adecuada empeora la situación, haciendo que el paciente no se sienta acompañado ni bien informado en su proceso.

La situación no mejoró en el Instituto Nacional de Cancerología, donde Zugeily fue canalizada para recibir tratamiento. «En el Instituto Nacional de Cancerología, la falta de medicamentos es otra forma de violencia. Según el artículo 4° constitucional, la salud es un derecho, pero en la práctica, muchos pacientes no tienen acceso a los tratamientos que necesitan,» denuncia, evidenciando la gran disparidad entre lo que dice la ley y la realidad de los pacientes oncológicos.

Un cambio de fe y resistencia

Zugeily Cabrera enfrentó el cáncer con una fortaleza que fue más allá de lo físico. «Soy una mujer de fe. Creo firmemente en Dios, y sin Él no habría superado este proceso,» asegura, destacando cómo la espiritualidad jugó un papel fundamental en su recuperación. En momentos de desesperación, cuando el dolor era insoportable y los médicos no ofrecían respuestas, su fe fue su refugio.

«Cuando estás en un hospital, rodeada de médicos y enfermeras, hay momentos en los que solo estás tú y Dios. Es ahí cuando realmente valoras la vida y entiendes lo que significa simplemente respirar,» recuerda Zugeily, reflexionando sobre su conexión con lo divino en los momentos más oscuros de su tratamiento.

Las complicaciones fueron severas. «No podía respirar, tenía que usar oxígeno las 24 horas, y los dolores eran tan intensos que nada los aliviaba. Me administraban medicamentos muy fuertes para soportarlos,» explica sobre los efectos físicos que sufrió. La quimioterapia, aunque necesaria, también le pasó factura: «Con la primera quimioterapia, casi dejo de respirar y sufrí un paro. Mis defensas bajaron drásticamente,» añade, describiendo cómo su cuerpo no respondía al tratamiento y terminó en terapia intensiva.

En ese estado crítico, los médicos le dieron a su esposo un pronóstico sombrío. «El doctor le dijo: ‘Mire, por ahora está consciente, puede pasar y despedirse de su esposa, porque si no responde al tratamiento, va a morir,'» recuerda Zugeily, resaltando la gravedad de la situación.

A pesar de todo, nunca perdió la esperanza. «Gracias a Dios, al tercer día respondí al tratamiento. Él siempre tiene planes de bien,» afirma con convicción. La recuperación fue lenta y dolorosa: «Durante mucho tiempo no podía caminar, quedé extremadamente delgada y sin fuerza,» pero hoy sigue adelante, agradecida por la oportunidad de contar su historia.

Soy una sobreviviente, aunque aún falte camino por recorrer

Zugeily Cabrera, tras enfrentar un diagnóstico de cáncer y pasar por momentos de extrema gravedad, se asume como una sobreviviente, a pesar de aún tener dos quimioterapias por delante. «Mi fe me dice que ya la libré, que lo que queda es solo un trámite,» asegura, destacando cómo, pese a las adversidades, logró superar el derrame pleural y la terapia intensiva, cuando su pronóstico era incierto.

La enfermedad le enseñó a valorar lo más sencillo. «Valorar, hasta el simple hecho de respirar. Cuando no puedes hacerlo por ti misma, darías lo que fuera por lograrlo,» reflexiona sobre las lecciones que le dejó el proceso. «Si estoy viva, es porque fue un milagro,» enfatiza, recordando que el tumor más grande se redujo de manera milagrosa con la primera quimioterapia. «Los doctores se sorprendieron: ‘¡Bajó súper rápido!'» añade, con gratitud por los avances sorprendentes en su salud.

A pesar de los avances, la recuperación no fue fácil. «El tumor en el pulmón tardó más en reducirse, incluso necesité rehabilitación pulmonar,» explica, pero agradece que ya no hay nada entre su pulmón y corazón.

Zugeily remarca la importancia del apoyo de su esposo durante el proceso. «Ella está luchando. No puedo rendirme porque la veo luchando,» recuerda lo que su esposo le dijo a los médicos mientras ella estaba en su peor momento, sin consciencia de lo que ocurría a su alrededor.

«Yo ya me siento sobreviviente,» concluye, destacando que aunque aún le falten tratamientos, ha superado el episodio más crítico y sigue adelante con fe.

Una lucha por la salud: Realidades y promesas incumplidas

Zugeily Cabrera Flores comparte su experiencia sobre el sistema de salud en México, destacando la brecha entre las promesas del gobierno y la cruda realidad que vivió durante su tratamiento contra el cáncer. “La realidad que vivimos está muy lejos de la que dicen ellos,” afirma, refiriéndose a las declaraciones sobre la mejora en la atención médica. A pesar de las promesas de gratuidad, Cabrera encontró que los medicamentos, especialmente para su tratamiento, no estaban garantizados. “El medicamento no está garantizado,” señala, explicando cómo tuvo que comprar todo el medicamento necesario para las quimioterapias.

Además, se enfrenta a la escasez de medicamentos controlados. “Si no hay, simplemente debes soportar el dolor,” relata sobre su experiencia con los parches de morfina. Asegura que el dolor es tan intenso que, en muchas ocasiones, no puede dormir, y las alternativas no son suficientes para calmarlo.

La situación económica también ha sido un desafío para ella y su familia. “Hasta ahora, más de 100 mil pesos hemos gastado,” señala, refiriéndose a los gastos en medicamentos, traslados a la Ciudad de México y cuidados adicionales. A pesar de la promesa de gratuidad en el sistema de salud, “la gratuidad no es completa. No pagas al médico, pero pagas tus medicamentos y tratamientos,” explica con pesar.

Zugeily no olvida el apoyo fundamental de su familia y amigos. “Gracias a mi familia y amigos, que hicieron rifas y vendieron cosas. Me di cuenta de que hay mucha gente buena que te apoya sin conocerte,” concluye, reconociendo la solidaridad que, aunque vital, no reemplaza la necesidad de un sistema de salud que realmente funcione.

Con su mensaje, Cabrera insta a las autoridades a ser más sensibles y comprometidas con la realidad de los pacientes, con la esperanza de que su historia sirva para que otros reciban la atención que necesitan sin tener que pasar por lo que ella vivió.

La lucha por la justicia y el acceso equitativo a la salud en México

En medio de la realidad que enfrentan miles de pacientes con cáncer en México, Zugeily se ha convertido en una voz que denuncia las carencias y deficiencias del sistema de salud, especialmente en el Instituto Nacional de Cancerología (INCan). En su testimonio, es claro que aún estamos muy lejos de tener un sistema de salud digno, como lo ejemplifica el caso de Dinamarca: «¿Este discurso que dicen que tenemos servicios de salud como Dinamarca? No, está lejísimos. La realidad en los pasillos en los que yo he andado es otra. No me queda duda de que pueden estar trabajando en el tema, pero por lo menos en este momento, hay muchas carencias.»

Zugeily, quien comenzó a documentar su experiencia en redes sociales, fue testigo de las dificultades que muchas personas enfrentan debido a la falta de recursos en el sistema de salud. Recuerda un momento en el que conoció el caso de una mujer que, a pesar de la dolorosa lucha contra el cáncer, no podía continuar con su tratamiento por falta de dinero. «Conocí tu caso en redes sociales y vi la injusticia que estaban pasando muchas personas. Gracias a Dios, yo estoy bien, pero hay una mujer que estaba llorando porque ya iba a abandonar el tratamiento, no tenía para sus bolsas de neprotomía, y decía que no podía más, aparte de que era muy doloroso después de las quimios», relató Zugeily.

Una de las historias que más la conmovió fue la de una mujer de San Luis Potosí que viajaba al INCan en la Ciudad de México y se encontró con una situación insostenible. «En el Instituto de Cancerología reciben pacientes de todo el país. Yo me encontré con muchas historias como la de esta mujer, que viajaba desde San Luis Potosí, y le tocó conocer a otras familias, como la de unas mujeres de Chihuahua, madre e hija, ambas con cáncer de mama», comentó Zugeily. La familia enfrentó no solo el reto de cubrir los costos de los tratamientos, sino también los gastos generados por los viajes frecuentes al hospital.

«Imagínate el gasto de las dos, de comprar los medicamentos, por poco que fuera, el ir y venir de Chihuahua cuando tienes tres o cuatro citas a la semana. No te preguntan si puedes ese día o no, tienes que adaptarte a los tiempos, porque además hay muchos pacientes», dijo Zugeily. La situación se complicó aún más cuando descubrieron que, además de la madre, la hija también había sido diagnosticada con cáncer. A pesar de los esfuerzos, las dos tuvieron que mudarse a la Ciudad de México, ya que no podían asumir el costo de los viajes continuos. «Tuvieron que rentar un lugar donde vivir, porque no podían ir a un refugio debido a las condiciones que piden: trabajar a cambio de hospedaje», relató.

El primer video y el reclamo a las autoridades

La necesidad de visibilizar las carencias en el sistema de salud impulsó a Zugeily a grabar su primer video. En él, solicitó públicamente a los diputados federales un aumento en el presupuesto destinado al INCan, ya que los pacientes no tenían acceso a los medicamentos básicos que necesitaban para sobrellevar su enfermedad. «El primer video fue cuando pedí que aumentaran el presupuesto para el Instituto Nacional de Cancerología, haciendo un exhorto a que los diputados federales lo aprobaran a través de la Secretaría de Salud», explicó Zugeily.

En su relato, recordó cómo su propia experiencia en el hospital fue marcada por la falta de medicamentos esenciales, como el tramadol, utilizado para controlar el dolor de los pacientes. «A mí me tocó que una vez, a las 4 de la mañana, querían que mi familia fuera a comprar el medicamento a la farmacia. Dije, espérense, no voy a exponer a mi familia, que además era mujer, mi suegra, a que vaya a esta hora a comprar el medicamento», narró. La situación se resolvió cuando una enfermera, al ver el sufrimiento de Zugeily, decidió ir a pedir el medicamento por fuera del hospital. «La enfermera se compadeció, me vio con mucho dolor, y fue a pedirlo», indicó Zugeily.

A pesar de los esfuerzos de los trabajadores del hospital, Zugeily no deja de señalar la necesidad de un sistema más eficiente. «Yo sé que ellos hacen lo que pueden con lo que tienen, pero es que hace falta voluntad, no dinero. Lo que necesitamos son medicamentos, como el tramadol con paracetamol. Eso es lo más básico», afirmó.

El seguimiento de la lucha y la respuesta política

Aunque los videos de Zugeily llamaron la atención de muchas personas, el apoyo de las autoridades ha sido limitado. «A los diputados federales de Morelos, la única que contestó fue la diputada Meggie Salgado Ponce. Ella fue la única que se puso las pilas», comentó Zugeily, quien no dejó de insistir a través de diferentes canales para exigir respuestas. «Mandé mensajes a varios diputados, como Juan Ángel, Agustín Alonso, Sandra Anaya, Ariadna Barreda. Les pedí apoyo, pero la mayoría ni siquiera me respondieron me dejaron en visto», expresó con frustración.

Sin embargo, Zugeily no pierde la esperanza y mantiene su confianza en que, a través de la presión constante, el gobierno y las autoridades locales finalmente respondan a las demandas de los pacientes. «Creo que lo que se necesita es voluntad, más que dinero. Es una cuestión de voluntad política. Por eso, yo sigo presionando, esperando que se resuelvan las carencias», agregó.

En su vida personal, Zugeily también ha enfrentado dificultades económicas. Su esposo, que trabajaba en la Auditoría de Morelos, tuvo que dejar su empleo por los recortes presupuestales, y desde entonces ha entrenado a niños para salir adelante. «Cuando me enfermé, no había recursos, y fue a través de la ayuda de amistades y familiares que pudimos salir adelante», comentó.

La experiencia política de Zugeily

Además de ser activista, Zugeily ha tenido experiencia en política. «He sido regidora dos veces en el municipio de Tlaltizapán, por el PRI», compartió. En su paso por la política, también se dedicó a apoyar a mujeres víctimas de violencia, acompañándolas a presentar denuncias y brindándoles el respaldo necesario para enfrentar situaciones difíciles.

A pesar de las adversidades, Zugeily sigue luchando por un acceso más justo a la salud, y su historia, lejos de ser un caso aislado, refleja la realidad de muchos mexicanos que, a pesar de la enfermedad, deben enfrentar un sistema de salud que no siempre está a la altura de las necesidades. «Cada paciente tiene una historia, y yo solo soy una más. Pero si mi lucha puede ayudar a alguien más, entonces seguiré insistiendo», concluyó.

Zugeily Cabrera Flores, una superviviente en diversos frentes de batalla. Foto: Cortesía

Ni siquiera el cáncer ha doblegado sus ganas de luchar. Foto: Cortesía

 

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Zugeily encontró una gran brecha entre las promesas de los políticos y la cruda realidad que vivió durante su tratamiento contra el cáncer. Foto: Cortesía

Estrella Pedroza