Día Mundial del Medio Ambiente: entre la herida ecológica y la esperanza ciudadana

Alberto R Miranda Manzanilla

Cada 5 de junio, el mundo entero hace una pausa para conmemorar el Día Mundial del Medio Ambiente. Es una fecha que más allá de celebraciones simbólicas, lanza un grito urgente: debemos actuar. En México, este llamado resuena con fuerza, pero en el corazón del país, en Morelos, se vuelve un eco profundo que atraviesa volcanes, barrancas y comunidades enteras. Aquí, donde la naturaleza es tan generosa como frágil, el medio ambiente no es solo un concepto abstracto: es el agua que bebemos, el árbol que nos da sombra, el aire que nos permite respirar. Morelos posee una biodiversidad impresionante, por su clima, su vegetación abundante y su riqueza ecológica.

Sin embargo, esa misma tierra fértil y abundante ha sido también víctima del deterioro. En abril de 2025, Tepoztlán, uno de los pulmones más importantes del estado, fue devorado por incendios que arrasaron más de 1,100 hectáreas. Las imágenes de las llamas consumiendo la montaña fueron desgarradoras. Lo que antes eran senderos vivos ahora son cenizas. Las causas son muchas: el cambio climático, la tala ilegal, los cambios de uso de suelo, pero también la indiferencia. El Bosque de Agua, un corredor natural vital para el abastecimiento hídrico de Morelos, Ciudad de México y Estado de México, está bajo amenaza. Aunque en enero se firmó un acuerdo entre los tres gobiernos para su protección, los estragos de años de abandono y explotación son visibles. La presión inmobiliaria y la falta de aplicación de leyes ambientales han dejado heridas abiertas que no cicatrizan fácilmente.

Pese a este panorama sombrío, la ciudadanía y el gobierno no han permanecido inertes. Existen, hoy más que nunca, esfuerzos que buscan recuperar lo perdido y proteger lo que aún sobrevive. Una de las iniciativas más destacadas en 2025 ha sido “La tierra que nos une”, promovida por la Secretaría de Desarrollo Sustentable del Estado. En abril, en la comunidad de Tetela del Volcán, decenas de personas participaron en caminatas ecológicas, siembra de árboles y talleres de medicina herbolaria. La participación fue conmovedora: familias completas, jóvenes y personas mayores unidas por una misma causa. Porque cuidar la tierra, se entiende cada vez más, es cuidar la vida misma.

En el ámbito educativo, también hay brotes verdes. La Comisión Estatal del Agua (Ceagua) ha impulsado actividades lúdicas en el Espacio Estatal de Cultura del Agua, ubicado en el Parque Chapultepec. Sembrando conciencia desde la infancia no es solo deseable, es urgente. Asimismo, la XXV Cumbre Infantil Morelense por el Medio Ambiente, realizada en noviembre del 2024 en Yautepec, reunió a más de 250 estudiantes de Morelos y Tlaxcala. A través de talleres y actividades sobre biodiversidad, cambio climático y residuos, los niños y niñas aprendieron que proteger el medio ambiente no es cosa de adultos. Son ellos, justamente, quienes vivirán las consecuencias —o los frutos— de lo que hoy sembremos.

Pero más allá de los programas oficiales y los grandes eventos, la esperanza nace también en lo pequeño, en lo personal, en lo cotidiano. Porque cuidar el medio ambiente no es responsabilidad exclusiva de los gobiernos o de los activistas: es una labor de todos. Morelenses de diferentes municipios han comenzado a organizar jornadas comunitarias de limpieza, a crear huertos urbanos, a compartir conocimientos sobre compostaje, y a formar redes de trueque para reducir el consumo. Las redes sociales, por su parte, han sido aliadas poderosas. Campañas ciudadanas que promueven el uso de bolsas reutilizables, el rechazo al unicel y el respeto por los espacios naturales circulan cada vez con más frecuencia. Las y los jóvenes morelenses, muchos de ellos estudiantes, están liderando este cambio cultural.

El Día Mundial del Medio Ambiente no debería ser solo un recordatorio anual. En Morelos, la situación ambiental exige constancia, voluntad y compromiso. Los incendios seguirán ocurriendo si no se generan políticas de prevención. La pérdida de biodiversidad continuará si no se protege legalmente a las especies y sus hábitats. La escasez de agua se agravará si no se cuida cada gota. Y sin embargo, también es cierto que el cambio es posible. Cada árbol plantado, cada litro de agua ahorrado, cada decisión de no consumir plásticos de un solo uso suma. Y suma mucho. La transformación real comienza en el hogar, en la escuela, en la comunidad. La tierra, tan generosa, está hablando. Sus lenguajes son el humo, la sequía, la extinción. Pero también habla en flores que resisten, en manantiales que aún brotan, en la voz de los niños que aprenden a cuidar lo que sus abuelos protegieron con devoción.

Morelos, esa primavera eterna, está en un punto de inflexión. Tiene todo para convertirse en un referente de sostenibilidad: riqueza natural, saberes ancestrales, juventud activa, instituciones comprometidas. Pero necesita que cada habitante se reconozca como parte de un ecosistema vivo. Porque, al final, no se trata de salvar a la naturaleza como si fuera ajena. Se trata de salvarnos a nosotros mismos. Este 5 de junio no debería terminar con un evento, una caminata simbólica o una publicación en redes. Debería iniciar con una pregunta: ¿Qué puedo hacer yo, hoy, por el medio ambiente de mi comunidad?

Y con una certeza: el cambio comienza contigo. Con nosotros. Con todos. Hasta la próxima.

*Biólogo, permacultor y educador ambiental / gema.amb@gmail.com

foto: Envato Elements Item

Alberto Raúl Miranda Manzanilla