Fui por primera vez a un cine o sala de proyección por ahí de los sesenta medios. Las salas eran enormes y con capacidades superiores a los dos mil espectadores. Algunas como el Cine Latino, El Cine Internacional, el Cine Roble y sobre todo el Futurama de la Colonia Lindavista en la CDMX tenían asientos para tres o cuatro mil cinéfilos. Existía una modalidad llamada Permanencia Voluntaria que te permitía llegar tarde, pero sobre todo permanecer en la sala entre funciones. Nunca entendí a esas personas que llegaban a media película, y conocida la trama y el final, permanecían en sus asientos para ver la primera mitad de la historia después de la segunda parte.

La permanencia voluntaria era permitida sobre todo en salas más populares que a veces presentaban no una sino dos películas además de los avances o “cortos” que contenían las escenas más candentes o violentas aún con público infantil en la audiencia. Las ganas de convencer de asistir al próximo estreno a cualquier público de las empresas distribuidoras pasaban por alto clasificaciones y duración de esos avances fuera de programa. Agréguele usted los rústicos anuncios de las ofertas en dulcería. Sólo dos salas tenían la garantía de respetar la prohibición de materiales de adultos en funciones infantiles. Eran el Lindavista y el Coyoacán decorados como castillos de Disneylandia. (El de Lindavista es hoy el Templo de San Juan Diego a unos metros de la Basílica de Guadalupe, y el de la Del Valle es una plaza comercial).

Había otros materiales que eventualmente aparecían en las pantallas gigantes de las viejas salas cinematográficas: los llamados “cortometrajes y mediometrajes” de breve y regular duración con narrativa y temática independiente a la función principal anunciada en las carteleras de los periódicos que era como tomábamos la decisión de ir al cine a la matiné, tarde o moda.

Ya en la sala sorpresivamente se apagaban las luces. Chiflidos y gritos se sucedían al correr lentamente las enormes cortinas. No faltaba el chistoso que anunciaba “ya llegueeé” en la penumbra. Después de haber visto los avances a veces teníamos lo que en los acetatos musicales se conoció siempre como bonus track o “pilón” diríamos nosotros en castellano. Ese extra de contenido nos sorprendía gustosamente pues era una película cortita antes del platillo fuerte, ¡y era gratis!. En los festivales y Muestras de Cine eran de lo más comunes.

Las nuevas formas técnicas de exhibición; las funciones continuas; las salitas de proyección regulares o Mega-SuperVIP; y la poca disponibilidad de pantallas, han casi eliminado la aparición de cortometrajes previos a la cinta principal. La producción en esa duración tiene su nicho aparte. Es un formato de ensayo para quienes se están formando en el séptimo arte principalmente, pero aún los grandes directores eventualmente filman cortometrajes para festivales o simplemente como ejercicio para futuros largometrajes. La animación es uno de esos nichos que tiene sobre todo en el público infantil su principal destinatario aunque no es exclusivo de ese modelo de producción. La oferta en los streamings es por fortuna muy variada en sus apartados de Cortos y Cortometrajes. La mayoría son para niños y niñas.

Las narrativas en el formato corto suelen ser más específicas, más intensas y directas ya sea para la denuncia, para la narración a modo de cuento literario que debe contar y rematar en poco tiempo una historia. En su duración están las exigencias al contarlas. Se debe ser muy claro y directo para tener mayor impacto en los remates del relato. Más aún en producciones infantiles donde deben ser claros y concretos para un lenguaje audiovisual al que se están habituando las generaciones infantiles. Las academias y festivales destinan premios a este formato pero debe decirse que les colocan en una segunda categoría o segunda división relegando la entrega de premios y reconocimientos a sesiones previas a las estelares premiaciones. También es pertinente considerar este formato que existe por razones financieras que hacen imposible rodar hora y media o dos al menos, lo que deriva en películas cortas por presupuestos también cortos, aunque las ideas fueran largas.

Hace algunos años fui testigo directo de la dificultad para conseguir espacios para cintas infantiles. Formé parte de un equipo de producción y postproducción cinematográfica, incluido el gestionar financiamiento y pantallas para la exhibición de la película “Veritas. El Príncipe de la Verdad” cinta binacional que destacaba el valor de no mentir en los niños y niñas. Mezcla de animación y live action logramos recursos y pantallas en cines con muchos esfuerzos. Eran los tiempos en que las estrellas empezaban a interesarse por los doblajes de voz, recuerdo. Gracias al entusiasmo y amistad con el empresario José Díaz(+) propietario de la cadena Lumiere y el entusiasmo también de Lucio Ortigoza compañero universitario y eficaz funcionario de la industria cinematográfica, pudimos proyectar en cien salas nuestra cinta. Cien para entonces eran muchas para una película mexicana para niños. Hoy la cosa está peor. Los blockbusters lo dominan todo. En todas las ciudades del país tienen reservadas para sus estrenos mundiales las salas de proyección. El cine nacional no tiene opción. Esta relegado.

***

El laureado director de cine Alfonso Tiberio Cuarón Orozco, ganador del Óscar por Gravity y Roma ha producido tres cortos con motivos navideños. Los dos años anteriores entre el 2022 y 2024, en compañía de su socia venezolana Gabriela Rodríguez -primera latinoamericana nominada por Roma en la categoría de producción- Cuarón produjo Le Pupille ( La Pequeña) dirigida por la cineasta italiana Alice Rohrwacher, ambientada en un pequeño poblado en Bolonia de la Italia en guerra en los cuarenta del tirano Mussolini. The Shepherd (El Pastor) basada en la novela corta del inglés Frederick Forsyth ambientada en el 1957, dirigida por el director inglés Iain Softley. Y la tercera, Casi un Cuento Navideño dirigido por el texano David Lowerly, inspirada en una nota de un periódico sobre un árbol talado para el Rockefeller Center y que se volvió un guion del propio Alfonso y el escritor Jack Thorne. Ninguna de las tres tiene desperdicio. Las tres preciosas digo yo en calidad de humilde crítico de cine, si eso existe.

Cuarón encabeza al grupo de productores que como él mismo agradece “me permitió trabajar con directores que admiro” dijo en entrevistas el mexicano avecindado en Londres. La suma en tiempo de los tres materiales apenas hace un largometraje promedio, sin embargo, por su contenido y su lenguaje se permite “armar” unas historias de la Navidad y verlas en familia una tras otra previa a sentarse a la mesa de Nochebuena por humilde que vayan a ser las viandas, si las hay.

Aquí el término familiar se impone. El contenido de los tres trabajos será como decían los clásicos “apto para toda la familia”. “Ideal para chicos y grandes” en un mundo altamente liberal y libertino que hace que se extrañen materiales blancos, sencillos que permitan a los padres y a los abuelos sentarse con toda confianza a ver cine sin esperar escenas de alta violencia o erotismo inadecuado para las “infancias” como hoy le llaman.

El candor y la ternura de las cintas prevalecen todo el tiempo. Las escenas filmadas con técnicas diferentes entre sí (son tres equipos, directores y tiempos diferentes de filmación) encuentran puntos en común vistos los tres cortos. Se suceden los tres en las fechas de Navidad por la celebración del natalicio de Jesús. Desde ópticas distintas y ambientes diferentes: un orfanatorio de monjas para niñas italianas formando un belén para humildes creyentes; un piloto espacial mágico en un cielo altamente estrellado sobre el Mar del Norte; y una ciudad de Nueva York iluminada en extremo la víspera de Navidad donde sucede el encuentro de la jovencita Luna con Búho Moon. Tres historias diferentes enlazadas por el talento de un director muy reconocido mundialmente que hace la tarea del productor de los cortos permitiendo a la directora y directores expresar con libertad y “corazón” un sentimiento mundial sobre el valor de la familia o de su ausencia, desde ópticas también diferentes. Son trabajos independientes que de pronto se encuentran, me parece.

 

Las carencias de las niñas en el peor invierno no les limitan a pedir por los demás y sacrifican su propio goce de un espectacular pastel donado por una amante doliente que pide el regreso del amor. Los ganones son los humildes hollineros que provocan la moraleja: “El destino obra en formas misteriosas”, canta el coro de las infantes protagonistas todas ellas bellas y elocuentes lo que muestra un delicado trabajo de casting. La cinta fue la primera nominada al Óscar a mejor cortometraje de acción real producida por Disney. Fue estrenada en el glamoroso Festival de Cannes 2022. La directora Rohrwacher sostiene que el cortometraje trata sobre “los deseos puros y los egoístas, sobre la libertad y la devoción”. Es una pieza laica deliciosa como el pastel Zuppa Inglesa y sus 70 huevos, de la trama filmada en nostálgicos 16 mm. El origen real de esta producción es una carta entre escritores que cincuenta años después se volvió película.

El ferviente deseo de un joven piloto por llegar a casa y celebrar la Navidad con su esposa lo lleva a sustituir a un piloto ya programado que se lesiona en una guerra de bolas de nieve. Al protagonista se le acomodan las condiciones del tiempo para viajar sobre el Mar del Norte. Las fallas técnicas de su aeroplano le llevan a una crisis que desaparece al contactar a otra aeronave tripulada por un “ángel” en el cielo protagonizado nada menos que por el celebérrimo actor y bailarín John Travolta, piloto en la vida real.

Un “buhito” conoce accidentalmente la Gran Manzana lo que le permite conocer también a Luna en el caos natural de esa compleja urbe. Entablan una cálida relación entre peripecias y sorpresas para una ave cándida y alegre que vuelve a casa y se pregunta ya de regreso con su padre y su hermano (no existe una mamá búho) ¿Qué es la Navidad? Su obsesión por el brillo de las cosas le lleva accidentalmente a conocer la amistad y el valor de regresar con bien a los brazos de su familia en un nuevo árbol-casa. Ha superado taladores, faunas peligrosas y una urbe desquiciante, siempre con una actitud positiva y alegre a pesar de los peligros inminentes para un niño-búho. Luna también vuelve a casa consultando las estaciones del subterráneo neoyorquino. Fue filmada en la antigua técnica del stop-motion, hoy casi desaparecida. La cinta cuenta con la intervención del legendario actor John C. Reilly interpretando las cuatro canciones del personaje trovador.

Un buen momento para sentarse en familia a ver estos tres cortometrajes producidos orgullosamente por un mexicano triunfador que se da tiempo para darnos estos regalos bajo el arbolito. Juntos le harán pasar un muy grato y tierno momento con su familia. Los tres están disponibles en Disney Chanel. A las hijas, nietos, sobrinas y sobrinos, primas y tías, abuelas y abuelos todos juntos gozarán de un momento de paz precisamente en esta su Noche de Paz. Abrazo a todos.

*Director General de Factor D Consultores

Fernando González Domínguez