(Primera parte)

Jorge D. Viveros Reyes *

Lamento no acompañarlos físicamente en esta conmemoración de Don Sergio Méndez Arceo. Estoy con el corazón y la mente.

El cáncer de colon que me diagnosticaron el 27 de enero de 2026 me mandó al IMSS de Cuernavaca y aquí me tienen esperando cirugía para el próximo viernes o miércoles.

El trato áspero y rudo que antes conocía del personal ha cambiado, ahora todo es AUTÉNTICA amabilidad y cordialidad… ¡pese al cansancio del personal! El equipo es más moderno nada que ver con los fierros viejos de antaño; el tomógrafo por el que pasé tiene poco más de dos años funcionando; antes se mandaba al SIGLO XXI a los pacientes que lo requerían, sin duda, hay carencias e insuficiencias, sin embargo, AVANZA LA TRANSFORMACIÓN.

 Es edificante ver que han valido la pena las luchas que iniciamos en aquel movimiento estudiantil del 68 en que a nuestros tiernos 19 años, en mi caso, salimos por miles a las calles de México, a ratos jocosos o decepcionados, con rabia o miedo, unidos en un modesto pliego petitorio y una consigna central de DIÁLOGO PÚBLICO y que el gobierno priista pretendió haber aniquilado en Tlatelolco. De aquellos pasos y sangre vertida nacimos muchos que entonces iniciamos a gatear buscando rumbo. En el 69 conocí al grupo de poesía coral “LOS MASCARONES” y su director MARIANO LEYVA. Creamos un grupo en Cuernavaca y el venía los fines de semana a entrenarnos y dirigirnos. En casa de SUSANA MENDOZA, donde ensayábamos, conocí al asilado político brasileño FRANCISCO JULIAO que daba cursos en el CIDOC de IVAN ILYCH. Juliao me hizo desistir de dejar la carrera de derecho para dedicarme al arte revolucionario callejero; los movimientos, organizaciones y luchas de los desposeídos requieren de un profesor, un cura y un abogado que se especialice y estudie los conceptos y prácticas del derecho en los tribunales y con las autoridades que existan y en ellos dar la lucha con las Leyes vigentes y dijo la expresión reveladora: “La burguesía no soporta su propia legalidad”. A Juliao debo haber continuado mis estudios de derecho y dedicarme por 55 años a la defensa de los trabajadores.

A finales del 69, en el edificio que hoy ocupa el Museo de Arte Indígena en la Av., Morelos de Cuernavaca, que entonces era el epicentro de la actividad universitaria, un amigo me dijo: “ve a escuchar al señor que viene a tomar café y plática con los estudiantes en el café de enfrente”. Su estatura de casi dos metros, la cabeza calva y con anteojos, cubierto con una túnica blanca, me impactó; su hablar suave y contundente; sus conceptos firmes y claros me cautivaron. Frecuenté el café. ¿Qué estudias? me preguntó un día Don Sergio Méndez Arceo. Derecho. ¿Te gustaría defender trabajadores? A Don Sergio debo mi vinculación con las luchas de los trabajadores.

Días después me presentó al Padre SALVADOR GARCÍA, que tiempo adelante colgó los hábitos y se casó con ORALIA CARDENAS. El “Padre Chava” me invitó a una reunión con obreros en un pequeño cuarto de 3×3 en la hoy avenida Álvaro Obregón, casi esquina con Victoria; eran alrededor de 15 de Textiles Morelos, casimires Rivetex y el rastro municipal. Fascinante. Don Sergio había puesto al Padre Chava en contacto con “El Cobijero” GABRIEL MUÑOZ, despedido de Textiles Morelos en juicio por su reinstalación. Fue la punta de la hebra.

Al Padre Chava lo expulsó el obispo de León, Guanajuato, a petición de los patrones por su vinculación con los obreros industriales del calzado y otros asesorados por el Frente Auténtico del Trabajo (FAT), miembro de la Confederación Latinoamericana Sindical Cristiana (CLASC), en relación, hasta donde recuerdo, con la Democracia Cristiana con sede en Caracas, Venezuela.

El grupo de Cuernavaca vinculado al FAT nació entonces: algunos de los dirigentes asistían a dar pláticas alternadamente; a los obreros se les invitaba a cursos y encuentros nacionales o en el extranjero. La orientación era la lucha por las reivindicaciones económicas en las empresas y en México por el equilibrio de los factores de la producción y el respeto al 123 Constitucional y la Ley Federal del Trabajo, con una línea marcadamente anticomunista. En Cuernavaca nos adaptamos. El grupo obrero se constituyó formalmente ante notario como Centro de Formación Social del Estado de Morelos (CEFOSEM); tiempo después cambiamos el domicilio a la calle Leandro Valle, donde desemboca Caracola que era la puerta de entrada de Cuernavaca y paso obligado de los obreros provenientes de CIVAC y el rumbo de la carretera de Cuautla. Las reuniones se multiplicaron y diariamente se platicaba mañana y tarde. Aumentó la asistencia de trabajadores de empresas diversas.

* Artículo presentado en la primera sesión del Congreso Internacional Los Tiempos de Méndez Arceo / La fe encarnada y justicia social: el legado de Méndez Arceo.

Don Sergio Méndez Arceo. Foto: Cortesía / Gaceta UNAM
La Jornada Morelos