
Una boca circular en el océano primitivo
Gabriel Millán*
Una de las primeras columnas que escribí para este espacio fue “Cinco ojos y bocas circulares: los bichos del Cámbrico”, en la que hablé sobre el famoso yacimiento de Burgess Shale en Canadá, la cantera que nos mostró una plétora de criaturas maravillosas con características tan extrañas que no encajaban con los organismos conocidos.
Esa es la historia de Anomalocaris, el gran depredador del Cámbrico, cuya reconstrucción tardó alrededor de 100 años en completarse. Por casi un siglo el registro fósil de este organismo existía de forma fragmentaria: diferentes secciones anatómicas del mismo animal fueron catalogadas en grupos biológicos completamente diferentes.
Para el gran público, la historia de Burgess Shale nos fue contada por Stephen Jay Gould en su libro La vida maravillosa, publicado en 1989 apenas cuatro años después de que Harry Whittington y Derek Briggs dieran a conocer “The largest Cambrian animal, Anomalocaris, Burgess Shale, British-Columbia”, el artículo que inició una larga historia de la investigación sobre los radiodontos, incluidos Anomalocaris.
Pero ¿qué son los radiodontos? De forma general, son un gran grupo de animales marinos extintos, que vivieron en el Paleozoico temprano. Su nombre significa algo como dientes radiales o dientes en rueda, que es su característica distintiva: todos los radiodontos tienen un “cono oral”, una especie de boca con “dientes” dispuestos de forma circular; además comparten apéndices en la cabeza que usan para alimentarse (a manera de tenazas, patas, filtradores, etc.), aletas laterales y ojos compuestos. [Vean el esquema del Anomalocaris: el cono oral está marcado en amarillo; las aletas, en verde; los ojos, en rosa; los apéndices en azul].

En 1892 Joseph Frederick Whiteaves describió Anomalocaris canadensis a partir de un apéndice que él interpretó erróneamente como el abdomen segmentado de un crustáceo (como un camarón), asumiendo que las espinas eran patas nadadoras.
Esta confusión se profundizó en 1911, cuando Charles Doolittle Walcott describió otras dos partes del mismo animal halladas en Burgess Shale como organismos independientes: el cono oral fue clasificado como una medusa bajo el nombre Peytoia nathorsti, mientras que el tronco fue identificado como un pepino de mar denominado Laggania cambria. Esta tendencia errónea continuó con Charles Resser, quien en 1928 creyó encontrar otro Anomalocaris (Anomalocaris pennsylvanica) basándose nuevamente en apéndices aislados.
El rompecabezas de un solo organismo considerado erróneamente como tres especies diferentes, se resolvió hasta los 80 con la publicación de Harry Whittington y Derek Briggs en la que demostraron que los apéndices, la boca radial y el cuerpo alargado estaban integrados en un único organismo depredador de gran tamaño. Esta unificación permitió que, en 1996, Desmond Collins estableciera formalmente el orden Radiodonta, basándose en la similitud de las “bocas” y los apéndices de la cabeza.
La reconstrucción de Anomalocaris representa uno de los hitos más significativos en la historia de la paleontología de invertebrados, no solo por el hallazgo en sí, sino porque mostró cómo los sesgos influyen en el proceso de interpretación y clasificación de especies.
La investigación sobre Anomalocaris sumó en la comprensión de la evolución de la tagmatosis (1) y la especialización de los apéndices en los artrópodos. El reconocimiento de un animal que combinaba ojos compuestos, una boca radial y apéndices de captura especializados desafió la idea de que la diversidad cámbrica era simplemente una versión primitiva de los organismos modernos.
Este caso sigue siendo un excelente ejemplo de cómo la integración de evidencia taxonómica y el reexamen de colecciones históricas pueden transformar radicalmente nuestra comprensión de la ecología evolutiva.
Felices tagmas.
- Tagmosis: Proceso de grupación, especialización y, a menudo, fusión de segmentos corporales repetidos en unidades funcionales mayores denominadas tagmas. Por ejemplo: Cabeza, tórax, abdomen (en insectos); cefalotórax y abdomen (en crustáceos).
*Comunicador de ciencia / Instagram: @Cacturante



