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El historiador Horacio Alberto Crespo Gaggiotti, investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, aseguró desde la tribuna del Congreso del estado, que “pensar críticamente el pasado contribuye a una mayor lucidez en la percepción del presente, y también quizá sea esta dimensión e invitación fundamental para imaginar proyectos de futuros deseables, tan diversos como creativos”.

Horacio Crespo, autor de Historia del Azúcar en México, Historia de Morelos y ¿Tienen las Américas una historia en común?, fue reconocido por su vida y obra dedicada al estado y su historia, particularmente la figura de Emiliano Zapata, a la que se acercó a través de la obra de John Womack, pero también de aquella película con Marlon Brando.

Previo al inicio de la sesión ordinaria de este jueves, la LVI Legislatura hizo un espacio para reconocer al historiador que llegó exiliado de Argentina hace décadas, cuando hizo de Morelos no sólo su hogar, sino su materia de estudio.

Al agradecer el reconocimiento, Horacio Crespo hizo un recuerdo de su llegada al estado, y su encuentro con la figura de Zapata: “siendo yo un joven exiliado político argentino, por los un tanto azarosos caminos que se tejían en esas circunstancias, me incorporé a principios de 1977 a mi primer trabajo estable en tierra mexicana, en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo del Estado de Morelos”.

Recordó que estaba obligado a decidir un tema de investigación, tanto para el Instituto como para la UNAM donde había iniciado su maestría; pero también, “urgía comenzar a comprender a los dueños de casa; a responder a los retos de la hospitalidad mexicana; a las complejidades de una cultura, de una forma de ser, de una historia muy ajena a la del interior argentino, pampeano y cordobés en el que había crecido. Intuía, y no me equivocaba, que México, con el inicial gesto magnífico de la puerta abierta y la mano tendida, sería nuestra casa por muchos años y aún, de alguna manera, para siempre”.

“Emiliano Zapata y el zapatismo estaban rotundamente presentes en el entorno del Morelos al que me asomaba. Era una mitología inmediata y asible a la que nutrían un sinnúmero de referencias cotidianas”, contó al reconocer que la presencia en aquél entonces del muy fresco Zapata de John Womack, también influyó en su decisión.

“El zapatismo fue para mí no solo un campo de formación y estudio, sino una vereda de acceso a México y a los mexicanos; una senda paralela a la disciplina cotidiana de aprender las peculiaridades de las reglas de convivencia, sumergirse en el intrincado universo de simbologías desconocidas y de códigos apenas entreabiertos en ese momento, aquilatar las para mí todavía difíciles delicias de la tortilla y el mole y del áspero trasiego de tequilas y mezcales”, señaló.

También reflexionó sobre su Historia de Morelos. Tierra, gente, tiempos del sur: “La historia puede regresar así a ser un instrumento cognitivo de gran valor en la dialéctica de la construcción social, así como lo fue desde el siglo XIX como integrante imprescindible del imaginario colectivo”.

Y al final de su intervención, como una suerte de dedicatoria amplia de su obra, afirmó: “tengo la convicción aprendida de mis mayores que las deudas justas de deben pagarse. La que contraje con el país y con el Estado que abrió su suelo y me dio protección es de aquellas que no pueden ser saldadas nunca. Vaya la contribución modesta de mi trabajo intelectual en la que entregué mi mayor esfuerzo a disminuir, aunque sea en pequeña medida, el débito”.

 

Hombre vestido de traje con la mano

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El historiador Horacio Crespo fue reconocido por sus contribuciones al conocimiento del pasado y la cultura de Morelos en el Congreso local. Foto: Cortesía

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