

Con cinco décadas de trabajo y cerca de 200 mil negativos en su archivo, Pedro Valtierra celebró en Cuernavaca sus 50 años de trayectoria como fotoperiodista. La tarde de este viernes, acompañado de colegas, escritores, cineastas y amigos entrañables, presentó en el Jardín Borda su más reciente libro “Sin miedo a la luz”, editado por la revista Cuartoscuro.
La obra reúne 163 imágenes tomadas entre las décadas de los setenta y noventa, cuidadosamente seleccionadas por el fotógrafo y acompañadas de pies de foto con un tono literario, periodístico e incluso poético a cargo del escritor Ricardo Yáñez, además de los ensayos “El Pedro de los primeros años”, del periodista Pedro Mellado Rodríguez, y “Valtierra”, del narrador Élmer Mendoza.
La sala Manuel M. Ponce se llenó de un ambiente de homenaje y camaradería, desde el podio, Enrique Balp abrió el encuentro con un saludo afectuoso y agradecimiento a la secretaria de Cultura Monserrat Orellana; la evocación de aquellos años en que se fundaron La Jornada Nacional y La Jornada Morelos, así como un pequeño breviario (que no le dio justicia) del amplio trabajo de Valtierra. “Hoy le toca a la fotografía -dijo-, porque Cuernavaca siempre ha sido fértil en cine, en letras, en arte, y ahora le corresponde rendir tributo a la imagen”.
La mesa de honor estuvo conformada por el fotógrafo Enrique TorresAgatón Peralta; Paco Guerrero, uno de los fundadores de La Jornada; la escritora y fotógrafa Corina Salazar Dreja; el cineasta consagrado Óscar Menéndez y el periodista Juan Valtierra Ruvalcaba, hermano del homenajeado. Cada uno compartió reflexiones sobre la obra y la persona detrás de la cámara.
El oficio de mirar
Al empezar, Enrique Torres destacó el valor humano del fotoperiodista zacatecano: “Todos conocemos su trabajo como reportero gráfico, pero pocos conocen a Pedro como la persona solidaria que es. Esta edición nos lo muestra en una dimensión humanitaria. Hablar de él es hablar con respeto y con la fortuna de contar con su amistad”. Recordó además cómo la revista Cuartoscuro, fundada por Valtierra, se convirtió en una ventana de acceso a la información visual en tiempos en que conseguir materiales especializados no era tarea fácil.

Sobre su temple en coberturas complejas, Torres evocó las imágenes tomadas durante la guerra en Nicaragua y El Salvador: “Desde su regreso de registrar la guerra, he sido testigo de un individuo coherente, con un temple inquebrantable. Su manera de hacer periodismo es distinta, marcada por la audacia y la capacidad de permanecer en el lugar de los hechos sin alterar lo que ocurre”. Mencionó que Valtierra ha sido gran referente en sus clases de fotografía documental: “Pedro no vacila. Siempre con ojo crítico y con postura clara”. También subrayó su generosidad con las nuevas generaciones: “Pedro siempre tiene las puertas abiertas de la agencia; ha permitido que fotógrafos jóvenes encuentren un espacio, como es el caso de Eunice Adorno. Su trabajo es un ejercicio sin miedo a la libertad, sin miedo a la verdad y sin miedo a vivir”.
Del Maguey nacen amistades
Por su parte, la escritora Corina Salazar, coautora con Eduardo del Río, Rius, del libro “Somos Hijos del Maguey”, relató con humor el inicio de su relación con Valtierra: “Lo conocí hace apenas un año, cuando me invitó un pulque en Tlaxcala. Ahí estaba Pedro con sus brazos cruzados mirando todo muy atento, desde entonces descubrí a una persona sencilla, alegre y cercana”. Reconoció además la relevancia de Cuartoscuro como un espacio formativo para quienes comienzan en la fotografía. “Pese a los retos de impresión y distribución, la revista se ha mantenido como un referente. Ver a Pedro hablando de sus inicios en la fotografía analógica me despierta nostalgia por esa magia del cuarto oscuro que ahora casi se ha perdido. Ese joven de 20 años, recorriendo las calles con entusiasmo, es el mismo que hoy ha logrado componer una mirada periodística capaz de narrar la realidad con sutileza y profundidad”.
Corina compartió que, a través de sus fotos, puedes palpar los ángulos y los movimientos que tuvo que desempeñar para retratar el momento. Pedro es invisible, dice: “no es sólo fotógrafo, es mirada. Se camufla en el hecho, en la historia, no perturba nada, captura la realidad tal cual, con toda su fuerza y sus contrastes”.
Los años más gozosos de la “Jornada”
Paco Guerrero, compartió recuerdos sobre la fundación de La Jornada y la amistad que lo unió al fotógrafo zacatecano desde los años de Unomásuno. Se refirió a Valtierra como “un gran amigo, enamorado del periodismo y maestro de la cultura indígena”. Relató un poco sobre su propio vínculo con la prensa, que surgió gracias a Carlos Payán, quien lo motivó a mirar el periodismo como una vocación de vida.
Como fundador de La Jornada Morelos, Guerrero destacó la influencia de Valtierra en el periodismo visual y su peculiar forma de trabajar: “Él charlaba con las fotos, las convertía en conversación. Así nos enseñaba qué mejorar, qué cambiar. Siempre insistía en que había que ser audaz, valiente, con imaginación. Esos eran los valores que transmitía”.
También recordó los contrastes entre los grupos que dieron vida a ‘Las Jornadas’: “Por un lado estaban los intelectuales, muy finos, amigos del presidente, pero apartados; y por otro, nosotros, los de abajo, los de la realidad social. Siempre había debates, pero el ambiente era de camaradería, y eso nos hacía grandes”.
Guerrero concluyó su intervención con un presente afectuoso, regaló a Valtierra una botella de mezcal zacatecano proveniente de una de las fábricas más antiguas, como homenaje a la tierra que marcó la mirada del fotógrafo. “Siempre asocio a Pedro con Zacatecas. Ver sus fotos es ver su carácter. Él escribe y narra con la cámara lo que no se puede escribir”.
Una profesión que reúne grandes colegas
El cineasta Óscar Menéndez tomó la palabra para subrayar que detrás de la obra de Valtierra se encuentra también una convicción política compartida: “Detrás de todo esto está la ideología de izquierda que hemos construido, la que hemos trabajado durante décadas. Son testimonios de hace 40 años que vuelven a la vida”. Recordó los círculos de periodistas y fotógrafos en los que Pedro comenzó a destacar, de la mano de Carlos Payán y de figuras como Nacho López, “ese gran fotógrafo que retrataba la vida de los trabajadores y de los pueblos de México, del periodismo bien hecho”, recordó.
Mostró entonces una fotografía que reunió a varias de esas figuras (algunas ya fallecidas): Nacho López, Héctor García, Walter Reuter, el propio Óscar Menéndez y Paulina Lavista; evocó una reunión en su propia casa, donde un grupo de jóvenes, entre ellos el entonces principiante Pedro Valtierra, se preparaba para colaborar en la fundación de una nueva revista: Por esto? “Era un comienzo humilde, pero cargado de compromiso. Ese fue el caldo de cultivo en el que Pedro forjó su oficio, un fotoperiodismo militante, de izquierda, hecho con rigor y con sentido social”.
El coyote que asechaba a las ovejas
A su vez, Juan Valtierra Ruvalcaba, hermano del homenajeado y colaborador en la página editorial de La Jornada Zacatecas, ofreció un retrato íntimo de su llegada a la presentación: “Llegué a la sala como si entrara a un cuarto oscuro”, dijo, aludiendo a los inicios de Pedro en la fotografía analógica. Con ese parteaguas, evocó la dimensión alquímica del oficio: “Aún me gustaría volver a usar los químicos que permitían sacar la imagen del papel. Ese oficio alquimista es el que Pedro transformó en mirada periodística”.
Haciendo un llamado a la memoria familiar, recordó episodios de la infancia en Fresnillo, cuando Pedro cuidaba ovejas y un coyote le mató seis: “Esa realidad dura y cruel lo persiguió desde niño, y quizá por eso sus imágenes cargan siempre con esa fuerza estrujante. A Pedro lo persigue como un aullido de un coyote”. Compartió referenciando a un texto de su amigo escritor Jaime Avilés. También trajo a cuento la experiencia compartida como voceadores de periódicos, en la peluquería de Don Víctor Dávila García, testigos del México convulso de finales de los sesenta, así como su primer encuentro con el cuarto oscuro en las oficinas de la dirección general de información y relaciones públicas de la presidencia.
Años más tarde, con nostalgia, Juan relató la llamada que realizó al hotel Continental, antes de que su hermano partiera a cubrir un conflicto bélico, y cómo esos años lo marcaron para siempre. También habló de la etapa en que Pedro trabajó como fotógrafo en la Presidencia durante el gobierno de Luis Echeverría, donde coincidió con fotógrafos de renombre como Aurelio Montes de Oca, Manuel Madrigal, Librado Gordoa, Agustín Pérez Escamilla y Agustín Casasola. “Pedro tiene una gracia para convivir con todos, y siempre daba orientación, consejos, trucos de cómo hacer mejor las imágenes”, afirmó.
No hay periodismo sin el compromiso social
Finalmente, el propio Pedro Valtierra tomó el micrófono para agradecer las intervenciones de todos, de Óscar Menéndez y de su hermano Juan, y para dejar en claro que su trayectoria no se entiende sin el compromiso social que lo ha acompañado desde los años setenta. “La historia no se hace de un momento a otro, son procesos largos. Yo vengo de Fresnillo, de una familia campesina, y encontré en el periodismo un camino de responsabilidad social. Creo en un periodismo que debe hacerse con rigor, con compromiso y con respeto hacia los lectores, porque ellos tienen derecho a ver imágenes de calidad”, afirmó.
Recordó a sus maestros y compañeros de generación: Nacho López, Paulina Lavista, Héctor García, Mario Vázquez -a quienes dedicó el libro-, y compartió la anécdota de su primer rollo de 36 exposiciones: “Me dijeron que no debía tomar muchas fotos, sólo las necesarias. La fotografía se piensa. Así aprendí a perderle el miedo a la luz, y por eso el libro se llama Sin miedo a la luz”.
Con humildad y gran sencillez, confesó que detrás de cada disparo de su cámara permanece un deseo: “Yo siempre he querido ser invisible, porque si uno pudiera serlo, podría atrapar mejor el alma de los retratados”. También habló de la dureza de su oficio: “Siempre me han tocado temas muy intensos, trabajar con temas sociales es muy complejo. Lo más difícil ha sido retratar el dolor ajeno, y ese dolor se acumula; me sigue, como el aullido de aquel coyote de mi infancia”.
Antes de cerrar, Valtierra miró a su público y recordó que el arte y la información no están reñidos, dijo: “al contrario, nos ayuda a comprender lo que ocurre y a dimensionarlo. Por eso es importante que la sociedad y las instituciones impulsen la cultura”.
Y con esta gran humildad, la tarde se hizo compartiendo comentarios y felicitaciones entre, más que asistentes, fieles amigos de Valtierra. Entre ellos notamos a Wilfrido Ávila García, director del Museo de Arte Indígena Contemporáneo de la UAEM; Margarita Estrada Serrano, coordinadora de Comunicación Social del gobierno de Morelos; Jorge Cázares Clement, promotor artístico y editor, funcionarios de Turismo y Educación, personalidades del mundo artístico y la esfera cultural de Morelos y estudiantes del Centro Morelense de las Artes.

Enrique Balp, Enrique TorresAgatón Peralta, Paco Guerrero Garro, Pedro Valtierra, Corina Salazar Dreja y Óscar Menéndez. Foto: Jazmin Aguilar

Corina Salazar, junto a Óscar Menéndez; en el momento que el cineasta comparte un retrato de los fotógrafos y colaboradores de la revista Por esto? Foto: Mayra Arcos

Juan Valtierra Ruvalcaba, hermano del fotoperiodista. Foto: Mayra Arcos
Pedro Valtierra durante su intervención. Foto: Jazmin Aguilar

Pedro Valtierra y Jorge Cazares Clement. Foto: Jazmin Aguilar

El libro “Sin Miedo a la luz” registra 50 años de trayectoria del fotoperiodista, especialmente entre las décadas de los setenta y noventas. Foto: Jazmin Aguilar
Detrás del fotógrafo de Cuartoscuro
Jazmin Aguilar
Originario de Fresnillo, Zacatecas, Valtierra ha sido testigo y narrador visual de acontecimientos históricos en México y América Latina desde la década de los setenta. Fundador de La Jornada, de la agencia y revista Cuartoscuro, y galardonado con el Premio Nacional de Periodismo y el Premio Rey de España, su obra ha recorrido museos y galerías de todo el mundo, consolidándolo como una de las miradas más críticas y profundas del fotoperiodismo mexicano.
Para acompañar la ocasión, nuestro querido amigo Pedro Valtierra compartió con sus colegas de La Jornada Morelos, sobre un poco de lo que hay detrás de ese gran fotógrafo -o “gran ser humano”, como coinciden en llamarlo quienes lo conocen- que ya le perdió el miedo a la luz.
Aúlla el coyote y salta la liebre
LJM: Refiriéndonos al título del libro ¿Qué significa para usted perderle el miedo a la luz?
Pedro Valtierra: Un maestro me lo dijo cuando empezaba: ‘Pedrito, el día que le pierdas el miedo a la luz, ese día serás fotógrafo’. Y tenía razón. En la práctica, perderle el miedo a la luz es aprender a enfrentar la realidad. Es salir a la calle sin temor a lo que encuentres, registrar lo bueno y lo malo, los instantes felices y los momentos duros. Para mí, la fotografía es eso, un ejercicio de vida, de enfrentarse a lo que uno tiene enfrente. En el fondo, perderle el miedo a la luz es también perderle el miedo a la vida”.
La calle será siempre la mejor escuela para los reporteros, sean fotógrafos o reporteros, que son la base del periodismo del que vengo y que he ejercido durante estos últimos 50 años. Mirando y observando los detalles de las personas, las formas, las luces y las sombras, para decir lo que dicen los clásicos: ‘No corras, Pedrito; mira con calma, porque donde menos esperas salta la liebre…’ o sea, la foto”.
LJM: ¿Cómo equilibra usted ese rigor periodístico con la estética de la imagen, con lo artístico?
PV: Durante muchos años se pensó que la fotografía periodística no debía ser “buena”. Muchos jefes de fotografía, de información o directores decían que, si una foto era “artística” no debía publicarse en un periódico. Había mucho autoritarismo en las redacciones, y muchas imágenes quedaban fuera. La prensa mexicana siempre priorizó a los políticos en portadas, los poderosos. Pero poco a poco hubo una apuesta distinta en los medios; dar espacio a la fotografía de calidad, a la vida cotidiana, a la calle. Eso nos estimulaba a trabajar mejor, a cuidar la composición y la estética sin dejar de ser periodísticos. Yo creo que los lectores tienen derecho a ver buenas fotos, al igual que tienen derecho a buenos textos. Por eso siempre defendí que una fotografía periodística también puede y debe tener valor estético.
LJM: y… en esta era de saturación digital, ¿dónde queda el papel de la fotografía como documento?
PV: Debe seguir estando. Los fotógrafos tenemos que continuar en la calle, componiendo, buscando imágenes de la gente, de la vida diaria, con las medidas de seguridad necesarias. No hay que perder ese oficio. Claro que el mundo cambió. Yo empecé fotografiando “dinosaurios”, así bromeo al recordar cuánto tiempo ha pasado, y hoy el consumo de noticias es muy distinto. Antes yo compraba cinco periódicos al día y los leía todos. Ahora los jóvenes leen en línea. Pero eso no significa que el periodismo fotográfico desaparezca: debe adaptarse, circular también en redes y plataformas digitales. La fotografía de calidad siempre tendrá un lugar.
LJM: ¿Cuál ha sido su momento más desafiante como fotoperiodista?
PV: Lo más desafiante siempre ha sido perderle el miedo a las cosas, salir a la calle, enfrentar situaciones y resolverlas. Dirigir una agencia y una revista también ha sido un gran desafío, sin formación empresarial. Pero como fotógrafo, lo más desafiante sigue siendo caminar la calle todos los días, buscando la imagen, asegurando que haya una foto que se publique. Sobre el futuro… el reto es mantenerse haciendo fotografía, aunque ahora me dedico más a dirigir y a otros proyectos, como presentar el libro.
LJM: De los miles de negativos que tiene, y sobre este libro, ¿hay alguna fotografía especialmente significativa para usted, alguna anécdota detrás de ellas?
PV: Entre muchas, recuerdo una en particular, la foto de los mineros desnudos en Pachuca, que tomé en 1985 para La Jornada. Llegamos a las 7 de la mañana, justo a la hora convocada. Nos encontramos con tres mil mineros que decidieron desnudarse en protesta, porque no les daban ropa para bajar a la mina. Convocaron a la prensa, pero nadie de Pachuca asistió. Así que las imágenes que publiqué en La Jornada fueron exclusivas. Generaron un gran escándalo por el hecho de mostrarlos desnudos, y periodísticamente fue un éxito.
También guardo con especial aprecio todo mi trabajo en Centroamérica. Estuve en Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua como corresponsal en la guerra. Eso fue muy enriquecedor, pues me permitió conocer a muchos fotógrafos, reporteros y periodistas, entre ellos Kapuscinski. Yo tenía apenas 23 años en 1979. Todas esas experiencias me dejaron memorias históricas que sigo valorando mucho.
LJM: ¿Dónde podemos encontrar a Pedro Valtierra y todos sus libros?
PV: Me encuentro activo en la agencia y la revista Cuartoscuro. El libro Sin miedo a la luz no está disponible en librerías, únicamente se puede adquirir a través de las redes sociales y pagina web de la agencia y en presentaciones mías, donde se envía a distintas partes del país.
Se despide: Al final sostengo que, no digo que soy bueno fotógrafo, solo sostengo que hacer fotografía es mi pasión y le pongo muchas ganas… y solo espero que las fotos salgan bien. Desde 1986, aquí en Cuartoscuro, nadie interrumpió mis proyectos, ideas y mis planes.
Fotografía de los mineros desnudos en Pachuca (1985), una de las imágenes más emblemáticas de Valtierra, publicada en La Jornada. Foto: Cuartoscuro

La agencia Cuartoscuro, fundada por Valtierra, es el espacio donde se puede adquirir el libro y seguir la obra del fotógrafo. En Cuernavaca, se puede conseguir la revista en la librería La Bigotona, en el centro de la ciudad. Foto: Jazmin Aguilar

Revista Cuartoscuro. Foto: Jazmin Aguilar

