

Con el primer rayo de sol apuntando hacia la pirámide de Teopanzolco, dio inicio la ceremonia de apertura por el Día Internacional de los Pueblos Originarios, la mañana de este sábado. Ante el altar principal, al pie de la pirámide de Teopanzolco, se pidió permiso y bendición a la energía creadora para las actividades de la jornada.
En el centro del círculo ceremonial, previa al acto cívico donde confluyeron autoridades gubernamentales, estatales, municipales e internacionales, incluyó la entrega de cinco bastones de mando a miembros del Consejo que han dedicado su vida a preservar y defender la lucha de los pueblos originarios, y la consagración del documento de la Declaratoria de los Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas, elaborado en amate como los antiguos códices, el cual se firmó por los gobernantes indígenas nacionales.
Al tono del caracol
El superior gobernador indígena y pluricultural del estado de Morelos, Manuel Gómez Vázquez, encabezó la ceremonia, acompañado por dos guerreros aztecas, resguardando la solemnidad del momento. En su mensaje, llamó a la unidad y al respeto mutuo entre pueblos y naciones: “Nuestras tradiciones son orgullo y dignidad. Son para compartir con responsabilidad, con todos, sin importar el lugar de origen. Queremos un México unido”, “estamos aquí para firmar la declaratoria de los pueblos indígenas, pero más allá de un documento, estamos aquí para velar por nuestras culturas.”
Con la pirámide como testigo, el gobernador superior indígena, también pidió para que la tradición siga viva: “El día de hoy conmemoramos una lucha que ha seguido permanente porque las raíces que tenemos son profundas. Nos han robado las hojas, nos han cortado las ramas, pero nuestras raíces permanecen y brotan nuevos frutos con estas generaciones; herederos del compromiso de velar y respetar para que nuestras tradiciones y costumbres se perpetúen”.
Honrando a miembros del consejo

Posterior a la consagración de la declaratoria, se llevó a cabo el ofrecimiento de cinco bastones de mando, encomendados a la esencia de dios, a los cuatro puntos cardinales, al cielo y a la tierra, pidiendo que dotaran de fuerza y protección a quienes los portarían. Antes de la entrega, los recipiendarios fueron purificados mediante sahumerio, envolviéndolos con el humo del copal. El gobernador recordó que el bastón de mando, en la tradición ancestral, “no es motivo de vanidad, sino una enorme responsabilidad… quien lo porta lleva en sus manos el peso de una nación y el compromiso sagrado y de por vida de velar por sus comunidades y defender sus usos y costumbres”.
Llamó entonces a Enrique Balp, Miguel Gutiérrez, Don Fernando, Deyanira y una compañera más, cinco miembros del Consejo reconocidos por su honorabilidad y lucha en favor de los pueblos originarios, para recibir el símbolo de mando, explicando que solo puede ser retirado por la comunidad en caso de deshonra o al momento de la muerte, cuando se corta por la mitad y se ofrece como última ofrenda al portador.
“Este bastón representa la responsabilidad de todos nuestros pueblos, la lucha de muchos años. A partir de hoy, deben llevar presente el orgullo de que tus acciones, donde quiera que estés, velarán por la grandeza de los pueblos originarios”, expresó el gobernador indígena Gómez Vázquez.
Entrega de la cinta de mando
Después, se realizó un acto especial, la entrega de la cinta negra de mando al Dr. Honoris Causa y Superior Gobernador Indígena y Pluricultural del Estado de Morelos, Manuel Gómez Vázquez. El gesto, en concordancia solemne por la comunidad presente, tuvo un profundo sentido simbólico.
La cinta roja, explicaron, representa el camino del servicio y el aprendizaje, una insignia poderosa que une a quienes la portan como hermanos. “Una vez que te la pones, no te la puedes quitar así nada más… es asumir una labor de por vida, guiando desde el principio hasta el final”, señalaron, destacando que el papel del portador no es ser servido, sino servir, siguiendo los principios de armonía, equilibrio, amor y respeto que rigen la tradición.
La cinta negra, por su parte, es símbolo de dirigencia mayor, un grado superior de liderazgo que exige el máximo respeto a las jerarquías. “Esto no es un acto simbólico que se haga por decisión personal, sino un reconocimiento que solo el pueblo puede conceder”, se explicó.
La memoria en un códice milenario
El ritual de apertura también estuvo marcado por la presencia de Orlando García, representante del pueblo milenario de San Lucas Xolox, municipio de Tecámac, Estado de México. Portando con cuidado una reproducción (de las 11 láminas) de su códice, García compartió el significado de este documento ancestral:
“Lo que traemos es un fragmento de nuestro Códice Xolox. Aquí se ve a nuestro Tlatoani, Xolox, en el cerro del mismo nombre. Al final, hay representaciones del cerro del Xoloitzcuintle. La fecha que aparece es la fundación de nuestro pueblo, que estimamos entre el año 1060. Según se relata, nuestro Tlatoani llegó caminando y, al fundar el poblado, lanzó cuatro flechas a los puntos cardinales”. “Este códice es memoria viva. Lamentablemente, gran parte de él está en Europa, en un museo. Somos uno de los pocos pueblos que conserva una parte de su códice, aunque la mayoría de estos documentos en México fueron saqueados y hoy están en manos extranjeras.”
Danza ancestral
El cierre ceremonial estuvo a cargo de Tonalli Yaocóatl, guardián y sembrador de tradiciones ancestrales, que, con paso firme y mirada serena, habló del compromiso con la danza en las comunidades, práctica que, aseguró, es medicina para el cuerpo y el espíritu: “Esto no es un ejercicio físico cualquiera ni un espectáculo. Es sagrado, es ceremonial. Me honra estar aquí porque estas prácticas son para todos, no para un grupo selecto. Compartirlas es una responsabilidad, porque si no se cuidan, se deforman y pierden su esencia.”
En el momento final, la comunidad consagró la energía de lo sagrado sobre los bastones de mando, las flores y cada elemento del altar, para que esa bendición regrese a los hogares, a las universidades y a los pueblos. Así, al caer la mañana sobre Teopanzolco, la ceremonia se cerró con danzas, ofrendas y el compromiso común de mantener encendida la llama de la memoria de los pueblos originarios, y con ello se dio paso a la ceremonia cívica, al interior del Centro Cultural Teopanzolco.
Manuel Gómez Vázquez, Superior Gobernador indígena y pluricultural de Morelos, durante la ceremonia de consagración de la Declaratoria Universal de los Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas: “Estamos aquí para velar por nuestras culturas.” Foto: Jamin Aguilar

Asistentes a la ceremonia de apertura de la jornada por el Día Internacional de los pueblos Originarios. Foto: Jazmin Aguilar

La Declaratoria de los Derechos Humanos de los Pueblos Originarios, se elaboró en amate como los antiguos códices. Foto: Jazmin Aguilar
Los miembros del consejo, junto a la comunidad en el ritual de consagración de los Bastones de Mando. Foto: Jazmin Aguilar
Miguel Gutiérrez recibiendo el Bastón de Mando, fue reconocido por su trabajo en la lucha por la conservación de la cultura indígena. Foto: Jazmin Aguilar
Los cinco miembros del consejo, reconocidos por su honorabilidad y compromiso por mantener viva la tradición de los pueblos originarios.
Orlando García, representante del pueblo milenario de San Lucas Xolox, Edo. de México, presentó una reproducción en piel del códice Xolox, documento ancestral de su comunidad. Este poblado es uno de los únicos que aún conserva un fragmento de su códice antiguo. Foto: Jazmin Aguilar
Tonalli Yaocóatl, guardián de las tradiciones ancestrales, liderando la danza ceremonial. Foto: Jazmin Aguilar

