

Además de su importancia histórica y paisajista, Morelos tenía una marca distintiva en su abundancia de aguas que cualquiera notaba hace décadas en la cantidad de balnearios y albercas, en la biodiversidad manifiesta, por ejemplo, en el olor de las guayabas de Cuernavaca o el ruido de la corriente del Río Cuautla, en su cantidad de polinizadores y el correr de riachuelos por cada una de las barrancas, una colección de escenas que hoy habitan en la nostalgia de visitantes y residentes del estado.
En ese escenario de urgencia porque la riqueza acuífera de Morelos se está acabando, se encontraron especialistas en el cuidado del medio ambiente con maestros y alumnos normalistas para la presentación del libro El Cuidado del Agua en Morelos, de Luis Tamayo Pérez, un acto que resultó en el llamado a las autoridades, las comunidades escolares y la sociedad en general para encontrar, promover y ejercer nuevas formas de cuidado del líquido que cada vez escasea más y que gracias a su ubicación privilegiada, en la entidad aún puede rescatarse mucho.
Antonio Sarmiento Galán, del Instituto de Matemáticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y promotor activo del cuidado del medio ambiente, recordó aquellos escenarios de postales morelenses donde el agua es un elemento siempre constante , advirtió que el calentamiento global provoca una evaporación más rápida del líquido lo que impide la recarga total de los acuíferos y pone en peligro la riqueza y sanidad hídrica del estado, algo que afecta no sólo a la escenografía natural del estado, sino a la salud de las personas, la producción agrícola, y al medio ambiente que padece la ausencia, también de los polinizadores naturales.
Fernando Jaramillo Monroy, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM, refirió la urgencia de que desde las escuelas se aprenda de la naturaleza y sobre la naturaleza, “hoy actuamos contra ella”, lamentó al referir que Morelos ha sido omiso en la reutilización de agua, lo que está afectando la cantidad, riqueza y calidad de los manantiales que eran muchos en Morelos y ahora tienen niveles reducidos a la mitad. Urgió también a cambiar la legislación para obligar a los gobiernos y particulares a mantener la naturaleza. Una propuesta, por ejemplo, es que las obras públicas utilicen cementos no impermeables para permitir que el agua llegue al subsuelo; obligar a las construcciones a dejar una parte importante de los predios como “suelo vivo”, sin plancha de cemento; y obligar al uso de techos y paredes verdes en los inmuebles. Y adelantó, todas estas cosas tienen que enseñarse en las escuelas.
Luis Tamayo Pérez plantea en su libro que “construir un Morelos sostenible en su recurso agua pasa por un cuidado integral en varios ámbitos: el cuidado generalizado del recurso evitando su contaminación, la promoción de la agroecología, el cuidado y conservación de bosques y barrancas, así como el manejo adecuado de los residuos sólidos y la educación ambiental ciudadana”.
Todos esos temas se plantean en el tomo de 59 páginas que advierte que cumplir con los acuerdos medioambientales signados por México con el resto del mundo (que incluyen, entre otros, la anulación total de los gases efecto invernadero para el 2050), “implicará un enorme esfuerzo y exige una clara visión ambiental por parte de la administración de los tres órdenes de gobierno. No es imposible descarbonizar al país, ello requerirá gobiernos sabios y comprometidos”.

Pero también llama a que las escuelas cumplan con su misión de educar presentando también las mejores maneras para mitigar y adaptarse a los tiempos que vienen. “Ello pasa por recuperar no sólo las mejores prácticas convivenciales tanto con el otro como con el mundo, sino las ecotecnias que permitan vivir de la manera más confortable posible en un mundo depredado y un clima inestable. La educación ambiental es un asunto no solo fundamental sino urgente que la escuela debe afrontar lo más pronto que sea posible”.
El libro de Luis Tamayo Pérez fue presentado en la Escuela Particular Normal Superior Benito Juárez, y fue impreso por la sección 19 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) como parte de su campaña de cuidado del agua, que la organización laboral emprendió desde este ciclo escolar en todas las escuelas públicas del país.

Luis Tamayo Pérez, autor del libro, y José Luis Urióstegui Salgado, alcalde de Cuernavaca, durante la presentación de El Cuidado del Agua en Morelos. Foto: La Jornada Morelos

