

* En huelgas estudiantiles, reformas políticas y fundación de revistas, fue protagonista el tablero cuadriculado
* Juan José Arreola, José Vasconcelos y Alfonso Caso practicaron el juego de estrategia infinita
*En Cuernavaca creció Marcel Sisniega, segundo mexicano en obtener el grado Gran Maestro Internacional
Cada 20 de julio, los 193 países integrantes de la Organización de Naciones Unidas (ONU) conmemoran el Día Mundial del Ajedrez; uno de los juegos de mesa más hermosos del mundo, que se puede considerar una construcción colectiva de la humanidad, pues se origina en India, hace más de mil 500 años; luego se modifica en Persia, Arabia y España, hasta adquirir sus reglas actuales en Francia.
En la historia y la vida pública de México, el ajedrez ha sido acompañante y objeto de estudio de personas dedicadas a la literatura, la política, el cine, la pintura y la escultura, entre otras disciplinas. Desde su llegada al territorio, con los militares y frailes españoles, el juego que simula el combate entre dos ejércitos, sobre un tablero cuadriculado, ha estado presente en los largos días y largas noches que acompañaron a diferentes huelgas estudiantiles, reformas políticas y fundación de revistas.

El escritor Juan José Arreola, el cineasta Guillermo del Toro, el pintor Francisco Toledo, el artista conceptual Gabriel Orozco, los abogados Porfirio Muñoz Ledo, Fernando Zertuche y Miguel González Avelar, practicaron o practican el juego de estrategia infinita en el que se busca capturar la pieza que representa al rey enemigo, mediante los movimientos ordenados de las piezas propias: peones, torres, caballos, alfiles, reina y el propio rey.
En el estado de Morelos, también hay capítulos de la vida pública asociados al ajedrez; por una parte, la visita que hizo a Cuernavaca, en 1971, el poeta ruso Yevgueni Yevtushenko, quien se reunió en La Tallera con David Alfaro Siqueiros, como parte de un viaje en el que escribió el poema El ajedrez de México. Tres años antes, en 1968, el mismo Yevtushenko había logrado una proeza, al reunir a 20 mil jóvenes a escuchar cómo recitaba sus poemas, en español, en la Arena México.
También en Cuernavaca vivió su infancia y jugó sus primeras partidas de ajedrez Marcel Sisniega Campbell, niño genio, escritor, documentalista y segundo mexicano en obtener el grado de Gran Maestro Internacional, de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), que es el más alto reconocimiento que un ajedrecista puede obtener, sólo detrás del campeonato del mundo. Sisniega, quien falleció en 2013, todavía es recordado como “el niño güerito” que jugaba y derrotaba a ajedrecistas adultos en la peluquería El rizo de oro, en la calle Matamoros, frente al anterior edificio del Congreso de Morelos.
Es tan vasta la historia del ajedrez y la manera como se entreteje con la evolución de México, que es imposible abarcar toda su influencia en un texto periodístico, pero se puede ilustrar la gran afición de los mexicanos por el ajedrez con tres datos numéricos: 1) Dos veces México ha sido poseedor del Récord Guinness por organizar las mayores partidas de ajedrez simultáneas de todo el mundo: en 2000 reunió a 10 mil jugadores en el Zócalo, y en 2006 a 14 mil, en el mismo lugar. Actualmente India superó el récord con 20 mil jugadores en una partida simultánea. 2) En México existen 35 asociaciones estatales y universitarias afiliadas a la Federación Nacional de Ajedrez de México (FENAMAC), y 3) En la actualidad hay más de 500 mexicanos activos en el ranking de la FIDE, que compiten en torneos internacionales.
Compañero de activistas
Es difícil elegir un solo episodio «indispensable» de la historia del ajedrez ligada a la historia de México, desde la llegada del juego al territorio que los europeos llamaron la Nueva España, pero su influencia entre frailes, militares y aristócratas fue muy amplia desde la llegada del libro «Reglas y usos del Ajedrez» de Ruy López de Segura, del año 1561.
Durante 300 años, las partidas de ajedrez estuvieron asociadas a muchos movimientos políticos y culturales; desde las reformas borbónicas hasta la conspiración de independencia y la Reforma. Hasta antes del siglo XX se decía que la única razón por la que un hombre podía entrar a los aposentos de una mujer, sin ser su esposo, era para jugar una partida de ajedrez.
En el siglo XX, José Vasconcelos fue un impulsor y practicante del juego del tablero en blanco y negro. Además, muchos de los estudiantes universitarios abrazaron con fervor la práctica del ajedrez en sus movilizaciones y actos políticos, como quedó registrado entre 1914 y 1915 cuando estudiantes tomaron la Escuela de Jurisprudencia para evitar su destrucción ante los combates, vandalismo y saqueos de la Revolución. Así lo cuenta el arqueólogo e historiador Alfonso caso, quien entonces era estudiante:
“Había tan poco qué hacer en aquella época que yo me dedicaba a jugar ajedrez cuando asistía a la Escuela de Jurisprudencia […] Es que la Escuela prácticamente se había convertido en algo así como en un club. Las clases se interrumpían a cada rato; que si entraban los villistas, que si se iban y entraban los zapatistas”, cuenta Caso, en entrevista con Sara Moirón para el libro Cuando el árbol daba frutos.
Más adelante, el ajedrez también fue compañero de largas horas de trabajo y convivencia de un grupo de estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que fundaron la revista universitaria Medio Siglo.
Forman parte de esa revista: Porfirio Muñoz Ledo, Javier Wimer, Sergio Pitol, Salvador Elizondo, Carlos Fuentes, Rafael Ruiz Harrell, Fernando Zertuche, Carlos Monsiváis, José Miguel González Avelar, Sergio García Ramírez, Marco Antonio Montes de Oca, Salvador Bermúdez Castro, Raymundo Ramos y Arturo González Cosío.
De acuerdo con el propio González Cosío, “esta generación logró coordinar los movimientos estudiantiles nacionales tanto de politécnicos como de normalistas. La Confederación de Estudiantes se enlazó a ese movimiento y se puede decir que entre 1953 y 1957 este grupo predominó en la vida de las organizaciones juveniles. También se estructuró una federación de publicaciones de periódicos y revistas estudiantiles”, como señala el autor en su libro El Séptimo Sabio.
De ese grupo surgieron encuentros de ajedrez que continuaron durante décadas. A fines de los años 80s y principios de los años 90s, todavía eran conocidos los torneos de ajedrez que realizaban, a puerta cerrada y durante dos días, Miguel González Avelar, abogado, autor de palíndromas, quien llegó a ser secretario de Educación Pública y Senador; Fernando Zertuche, secretario ejecutivo del Instituto Federal Electoral (IFE); Porfirio Muñoz Ledo, Senador y fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD); Sergio García Ramírez, abogado y Procurador General de la República, y el escritor, profesor y ajedrecista destacado Juan José Arreola.
Esos torneos privados consistían en ciclos de partidas con el sistema Round robin o “todos contra todos” y el trofeo podía ser una copa, adquirida con la aportación de todos, e incluso un centenario de oro. En una remembranza de Miguel González Avelar, compartida con este reportero, detalló que se encerraban a jugar en una casa, a lo largo del fin de semana, con suficiente comida, bebida y tabaco para no salir hasta que hubiera un ganador. Desde luego, en esos torneos, las conversaciones sobre política, derecho y literatura abundaban.
Mucho se puede hablar de este grupo de mexicanos, pero vale la pena destacar la pasión ajedrecística de Juan José Arreola; una de las mentes más brillantes de México del siglo XX, quien no terminó la primaria pero aprendió a leer y escribir hasta obtener una poderosa formación autodidacta. Fue autor de libros de cuentos, como Bestiario y Confabulario; de novelas, como La Feria; fundó numerosas revistas como Cuadernos del Unicornio y Méster, y editó libros de tremenda influencia, como La Tumba, de José Agustín. Además, fundó y dirigió la Casa del Lago, de la UNAM.
A pesar de todo ese trabajo literario, el mismo Juan José Arreola afirmaba que no le dedicó a su obra ni la milésima parte de lo que le dedicó al juego de peones, torres, caballos, reyes y reinas.
“El ajedrez es la forma de conformarse del hombre para saciar su sed, su nostalgia de infinito, conformarse en hacer la guerra allí en un espacio limitado, pero al mismo tiempo capaz de alojar al infinito. ¿Cuál es el infinito? Las infinitas complicaciones que crean entre sí las piezas del ajedrez”. “Se trata de un duelo de un hombre contra otro, donde lo que es la personalidad del hombre queda comprometida. Cada jugador lucha contra su enemigo interior que es su torpeza o sus hallazgos”, escribió el propio Arreola.
Más personajes de la vida pública de México han sido practicantes de ajedrez, por ejemplo, varias mujeres ajedrecistas mexicanas.
La doctora Marcela Contreras Rivera ha sido una promotora fundamental del ajedrez en México, especialmente entre las mujeres. Es una destacada ajedrecista, ha sido presidenta de la Federación Nacional de Ajedrez de México (FENAMAC) y ha dedicado gran parte de su vida a visibilizar y fomentar la participación femenina en el juego a nivel nacional e internacional.
Adicionalmente, nombres como la Maestra Internacional Diana Carime Real Pereyra o la Gran Maestra Internacional Denisse Vega Gutiérrez son ejemplos de mujeres referentes en la práctica del ajedrez, que han representado a México en competiciones internacionales.
El rizo de Marcel Sisniega
En Morelos, se sabe, con orgullo que en Cuernavaca transcurrió la infancia y primera etapa del campeón ajedrecístico Marcel Sisniega; la cual fue bien documentada por la escritora y periodista Nadia Piemonte, quien ha compartido parte de sus conversaciones:
“Marcel se inició en el ajedrez desde los cuatro años. De su madre recibió las primeras nociones del juego en un viejo tablero del abuelo. A los doce años, Marcel pasaba de tarde en tarde a El Rizo de Oro –una peluquería que luego se convirtió en La Española, cerca del Cine Alameda– y llegaba a retar a la clientela de don Rufino, poseedor de un legendario ajedrez de madera que ocupaba buena parte de esa peluquería de la calle de Matamoros. De esa época, el ajedrecista recordó que durante los primeros seis meses fue ganando y perdiendo como cualquier jugador de los que participaban en El Rizo de Oro. Pero después de un año jugando, aumentó su posibilidad de ganar y ganar. Y entonces decidió ampliar sus horizontes e inició excursiones de fin de semana a Ciudad de México para jugar en el Club Metropolitano”, escribió Piemonte. A ella le compartió Sisniega las siguientes palabras sobre cómo vivía el juego infinito:
“Después de conocer lo básico, todo en el ajedrez es creación, improvisación, posibilidades infinitas. No terminar nunca de sorprender y sorprenderse… Es la posibilidad de enajenarse, picarse en el juego, soñar con el juego, vivir para el juego, morir sin el ajedrez.”
“Es pasarse las horas frente al tablero con un rival que hay que matar, aniquilar. Un rival que está maquinando lo mismo. Un rival que quiere arrasar tus jugadas y al que le quieren adivinar las suyas. Un ser que tiene las mismas piezas en juego y al que hay que acorralar.”
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RECUADRO 1 Ajedrez para educar a los jóvenes Desde la Edad Media, el ajedrez no solo se considera un pasatiempo; sino un modelo en miniatura de la sociedad y la guerra. A través de su práctica, numerosos profesores intentaron cultivar, entre los jóvenes, una serie de virtudes y habilidades consideradas esenciales para la vida en sociedad, el liderazgo y la buena gobernanza. Desde el punto de vista Ético y Moral: Numerosos tratados y «moralidades de ajedrez» utilizaban el juego como una alegoría de la vida y las virtudes, porque enseñaba principios de vida y conducta, como las siguientes: 1) Paciencia y templanza: No precipitarse, controlar las emociones. 2) Justicia y equidad: Tratar a todas las piezas (o personas) según su función y valor. 3) Humildad: Aceptar la derrota con gracia y aprender de los errores. 4) Vigilancia y diligencia: Estar atento a las amenazas y oportunidades. 5) Honestidad y honor: Jugar según las reglas. Y 6) Consecuencias de las acciones: Cada movimiento tenía un impacto, enseñando la responsabilidad. Desde el punto de vista Intelectual y Cognitivo: Más allá de las lecciones específicas, el ajedrez es considerado un gimnasio para la mente y un gran ejercicio para el desarrollo de habilidades cognitivas, como: 1) Pensamiento abstracto: Visualizar movimientos y escenarios en la mente. 2) Lógica y razonamiento deductivo: Inferir las intenciones del oponente y las consecuencias. 3) Concentración y memoria: Mantener la atención y recordar las estrategias. Y 4) Resolución de problemas: Encontrar la mejor solución a una posición compleja. |

México ha ganado, dos veces, el récord Guinness por la partida simultánea de ajedrez con más jugadores. FOTO: Chase Base

Al encabezar la Casa del Lago, Juan José Arreola fue un gran impulsor del ajedrez entre los jóvenes. FOTO: Biblioteca de Autores Mexicanos

Marcel Sisniega creció en Cuernavaca y fue el segundo mexicano reconocido como Gran Maestro Internacional de ajedrez. FOTO: Asociación de Ajedrez de Morelos

La presencia cultural del ajedrez en territorio mexicano inició con la llegada de los españoles. FOTO: Antimio Cruz

En numerosos hogares mexicanos hay juegos de ajedrez para esparcimiento familiar. FOTO: Antimio Cruz

En este país se ha popularizado celebrar al ajedrez en el Zócalo de la Ciudad de México. FOTO: Pilares

En 2013, tras la muerte de Marcel Sisniega, se le realizaron homenajes en Cuernavaca. FOTO: Especial

En Morelos se sigue impulsando con fuerza el ajedrez, como en este torneo en Tepoztlán. FOTO: Asociación de Ajedrez de Morelos

En abril y mayo de 2025, Morelos albergó el XVI Campeonato Continental Femenino de Ajedrez de las Américas. Foto: Asociación de Ajedrez de Morelos

