

A una década de la muerte de Ignacio Suárez Huape y su esposa Inés Delgadillo, familiares del líder social y activistas plantaron un árbol lluvia de oro y fijaron una placa para preservar su memoria y el legado que dejó en las luchas por los derechos humanos, la justicia, y la tierra en Morelos.
Flora Guerrero, Javier Sicilia, Pietro Ameglio, Gabriela Videla, Magdiel Sánchez, y otros activistas se reunieron en la “Plaza de Armas Emiliano Zapata Salazar” para recordar y rendir homenaje a Nacho con remembranzas, música y poesía. En el acto coincidieron en que el legado de Suárez Huape se mantiene vivo en los movimientos sociales y con ello en la vida pública de Morelos.
Ignacio Suárez Huape, conocido afectuosamente como «Nacho», fue una figura central en la política y el activismo social del estado de Morelos, México.
Nacido en Michoacán el 15 de marzo de 1960 pero criado en Jojutla de Juárez, Morelos, Suárez Huape dedicó su vida a la defensa de los derechos humanos, la justicia social y la lucha contra la corrupción.
Fue de los fundadores del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en Morelos y diputado local durante la XLVII Legislatura (1997-2000), impulsó reformas institucionales y denunció abusos de poder, destacándose por su papel en el juicio político que destituyó al gobernador Jorge Carrillo Olea en 1998.
Su activismo trascendió la esfera partidista: cofundó el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad junto a Javier Sicilia y lideró iniciativas contra la minería extractiva. Su muerte en un accidente automovilístico el 20 de mayo de 2015, junto a su esposa Inés Delgadillo, conmocionó a la sociedad morelense y dejó un vacío en los movimientos sociales.

Nacho estudió en la UNAM, pero probablemente su mayor maestro haya sido el Obispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo, gracias a quien la formación del activista estuvo profundamente ligada a la Teología de la Liberación, corriente católica que prioriza la opción por los pobres. Se integró a las Comunidades Eclesiales de Base desde donde fomentó la organización popular y la resistencia civil pacífica.
Cuando Nacho llegó al Congreso del estado como diputado en 1997 ya era un reconocido activista a quien incluso las estructuras del régimen y los adversarios políticos aplaudían la congruencia. En el Legislativo se le asignó la presidencia de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos, desde donde impulsó las investigaciones sobre los vínculos de funcionarios de seguridad pública y procuración de justicia en Morelos con bandas de secuestradores. Ante la omisión del gobernador, Jorge Carrillo Olea, para enfrentar esa realidad, tocó a Nacho y grupos ciudadanos la promoción del juicio político que se uniría a las presiones federales con las que finalmente se dio la dimisión de Carrillo Olea.
Nacho no volvió a tener un cargo con tantos reflectores, pero no le hacía falta, su activismo y lucha por la paz continuó ya en este siglo. Durante el sexenio de Sergio Estrada Cajigal se involucró en la lucha por la defensa del Casino de la Selva. En 2011 fue cofundador del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad junto al poeta Javier Sicilia. Dos años más tarde fundó el Movimiento Morelense contra las Concesiones Mineras.
El triunfo del PRD en las elecciones del 2012 por la gubernatura estatal no resultó algo que festejar para la izquierda de Morelos. Nacho encabezó el movimiento de perredistas que marcaron distancia de Graco Ramírez a quien acusó de traicionar los principios del partido y de la izquierda y de impulsar megaproyectos sin respaldo ciudadano.
El accidente que cobró la vida de Suárez Huape y su esposa el 20 de mayo de 2015 generó una ola de solidaridad en redes sociales y medios alternativos que destacaron su coherencia ética y su capacidad para unir a sectores diversos en la lucha por causas comunes.

La lluvia de oro en honor a Nacho Suárez Huape en la Plaza de Armas de Cuernavaca. Foto: Cortesía / Nuestras Voces Morelos.

José Ramón Corona (qepd), Guillermo Peimbert, Óscar Menéndez y Nacho Suárez Huape. Foto: Cortesía / Archivo

