

Hace 50 años, una muy joven Margarita González Saravia inició su activismo político para organizar a colonias populares y a campesinos. Luego militó en el Partido Socialista Unificado de México y en el Partido Mexicano Socialista, donde trabajó muy cerca de Heberto Castillo Martínez.
Pocos se habrían imaginado que aquella mujer que prefería trabajar de la mano con campesinos y obreros que cerca de los banqueros y el gran capital, se iba a convertir con el tiempo en la primera gobernadora en la historia de Morelos, y mucho más, sería quien encabezaría la reconciliación entre el gobierno del estado y la ciudadanía después de casi doce años de distanciamiento.
El triunfo electoral incuestionable de Margarita González Saravia en las urnas puede reconocerse como una victoria colectiva de miles de mujeres que lucharon por la paridad de género, la inclusión y el acceso de ellas a los espacios de decisión en la vida pública. Lo que sólo es de ella, más allá del reconocimiento a las luchas colectivas, es la capacidad con que asumió, desde su precandidatura, un esfuerzo enorme de reconciliación con todos los morelenses, incluidos sus rivales políticos.
Con ese espíritu de construcción de comunidades que marcó el inicio de su carrera como activista de izquierda, Margarita marcó el tono de su campaña, su triunfo en las urnas, y la transición e inicio de su gobierno.
El reto de González Saravia no era sencillo, asumir el que está llamado a ser el primer gobierno de izquierda en Morelos significaba, reponer a esa corriente política del enorme fraude que habían significado las dos administraciones anteriores que presumían serlo, por lo menos en sus siglas; pero también recomponer a una clase política erosionada, incorporar nuevos talentos, rescatar aprendizajes históricos, reencontrar al gobierno con la gente que, después de doce años de desencuentros, confiaba ya muy poco en la política.
Mucho antes de asumir la gubernatura, Margarita ya trabajaba todos los días en la construcción de su proyecto de gobierno, uno incluyente y para toda la ciudadanía, empezando por los más necesitados. Logró mucho más que la visibilización de los grupos y sectores vulnerables (comunidades indígenas, afromexicanas, mujeres campesinas y obreras) el diseño de instituciones para su atención, inclusión e impulso. Inició la atención de temas obvios de agenda que habían sido olvidados por sus antecesores, conformó un gabinete con experiencia, ganas de trabajar y compromiso con Morelos.

Así que cuando llegó el 1 de octubre, fecha de su toma de protesta, González Saravia ya tenía muchos más apoyos de los que había logrado durante su campaña, pero también una mayor exigencia ciudadana. Su primer acto, abrir las puertas de Palacio de Gobierno a los morelenses fue el símbolo de una reconciliación que ya se sentía en el ambiente, pero requería un elemento mucho más visual.
Margarita González Saravia no solo es la primera gobernadora en la historia de Morelos, lo que sin duda resulta digno de reconocimiento; se trata de la primera gran reconciliadora en la historia del estado algo que, a la larga, será mucho más importante que cualquier cuestión de género. Por sus logros, pero también por su trabajo, esfuerzos y talento, la gobernadora de Morelos merece ser reconocida como la figura morelense del año.


