

José Luis Urióstegui Salgado
El alcalde de Cuernavaca, José Luis Urióstegui Salgado cierra este año su primer trienio con un innegable éxito: en una ciudad que ha estado administrada por cinco fuerzas y al menos una decena de grupos políticos en las últimas dos décadas, logró su reelección incluso con mayor número y proporción de votos que los obtenidos en el 2021.
A pesar de un muy complicado inicio de administración, en que las desgracias se sumaron, el alcalde de Cuernavaca logró cosas que parecían imposibles cuando fue electo: reducir la deuda de la ciudad que le había sido heredada por las cuatro últimas administraciones; sanear las finanzas del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado (SAPAC); construir un sistema de seguridad con policías mejor equipados y pagados y un C4 que mejora sustancialmente las tareas de prevención del delito; recuperar la confianza ciudadana; mejorar la recaudación y consolidar un programa de obra pública para la capital de Morelos incluso a pesar de los bloqueos que enfrentó, hasta septiembre pasado, del gobierno estatal.
Para ello, el alcalde confió en la identidad de los habitantes de Cuernavaca, la recuperación de sus tradiciones, la colaboración con la ciudadanía y las empresas, y un equipo de trabajo que, en términos generales, ha sabido dar resultados en prácticamente todas las áreas.
Y aunque no era difícil confiar en José Luis Urióstegui, un hombre identificado con Cuernavaca y la labor política y social en el municipio; restaurar la fe de los contribuyentes en condiciones económicas adversas, derivadas en parte de la pandemia pero también del añejo abandono de la promoción de inversiones y el fomento a las empresas, debe considerarse una de las grandes hazañas del alcalde; mucho más porque permitió la inversión más grande en obra pública de la última década, con 632 millones de pesos durante su administración.
La recaudación en la ciudad aumentó 49% en los últimos tres años y las contribuciones permitieron la reducción de la deuda pública, obras de infraestructura y dotar al ayuntamiento de la capacidad financiera para resolver problemas. El impulso económico ha servido para que la ciudad genere alrededor de mil empleos anuales y dotar de apoyos económicos a 750 emprendedores.

Si bien aún hace falta mucho por rescatar a la ciudad, la nueva relación con el gobierno de Morelos promete muchos mejores resultados para el segundo periodo de Urióstegui al frente de la administración municipal. En sus propias palabras: “En la gobernadora, Margarita González Saravia hemos encontrado diálogo, colaboración y suma de esfuerzos, de tal forma que nuestra ciudad verá pronto los resultados de la suma de esfuerzos para alcanzar metas más elevadas en pro de sus habitantes”, un hallazgo que, por cierto, es mutuo.


Editorial
Las comparaciones son odiosas pero…
Por un lado, un presidente municipal señala que la disciplina financiera fue su As bajo la manga para sanear la economía de su demarcación, por el otro, un presidente municipal usa discrecionalmente -con apoyo de algunos incondicionales- los recursos de su municipio. Hay una cosa que tienen en común: ambos son de la misma fuerza política: el Partido Acción Nacional.
José Luis Urióstegui Salgado consiguió en la pasada administración municipal dos cosas que se creían imposibles: atacar con éxito las estratosféricas deudas heredadas de Cuernavaca y ser el primer alcalde reelecto en la capital; el segundo, Sergio Alba Esquivel, tendrá que regresarle su oficina en Emiliano Zapata al Verde Ecologista para que la ocupe Santos Tavarez.
Como se ve, más que el ideario, los principios partidistas o la bandera política que ondeen, la forma de gobernar depende principalmente de la persona de carne y hueso que ocupa el cargo. En las pasadas elecciones fuimos testigos de diversos cambios de chaqueta por personalidades que antes denostaban los colores que terminaron vistiendo.
Desde luego, en Cuernavaca, Urióstegui se entregará el despacho a sí mismo y lo encontrará en una situación mucho mejor que la que él halló hace tres años, pero lo mismo hubiera sucedido si hubiera llegado al despacho cualquier otro; la gente lo reconoció y le entregó la reelección, lo que no sucedió en Emiliano Zapata en donde la gente prefirió votar por el partido que estaba antes.
Y así, a pesar de la oposición de algunos regidores que le demostraron que los bonos trianuales no están contemplados en la ley, Alba Esquivel decidió premiar a su equipo con una gratificación con el contradictorio argumento de que el gasto evitaría «una mayor carga judicial, laboral y financiera a las siguientes administraciones municipales».
Los regidores Antonio Díaz Alarcón y Jorge Luis García Ocampo se opusieron y, antes de la votación en la que se aprobó el bono, se lavaron las manos al señalar que «si el presidente no tiene corazón para dejar al municipio sin recursos, al menos nosotros debemos concientizar nuestro voto».
García Ocampo, independiente, fue más allá al calificar la propuesta como «inverosímil» pues «es absurdo otorgar gratificaciones como si hubieran hecho un excelente papel en esta administración», quizá por eso la gente decidió regresar a ser gobernados por el partido anterior y será Santos Tavarez, cuando haga un recuento de los daños, quien tenga la última palabra en este asunto.
Zafra
Claroscuros en el mismos partido: hay de panistas a panistas

