


Dr. Árbol*
De acuerdo con el inventario de la Secretaría de Desarrollo Sustentable (SDS), existían 147 árboles tanto en la vía pública como dentro de los predios involucrados en el proyecto de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Vista Hermosa. De ese total, 44 árboles del predio #1 y 14 del predio #2 fueron talados bajo la justificación de estar “enfermos o muertos”. Ante ello surgen preguntas obligadas:
¿Quién realizó esos dictámenes?
¿No existían alternativas de manejo, tratamiento o conservación para los árboles enfermos?
Los árboles maduros no se reemplazan con facilidad. Suprimirlos sin explorar tratamientos, aunque éstos sean costosos, implica para el municipio perder décadas de servicios ecosistémicos: regulación térmica, captación de agua, retención de suelo, sombra, hábitat y calidad del aire.
A este escenario se suman 19 árboles talados “por proyecto”, es decir, árboles sanos cuya eliminación se debió únicamente al diseño arquitectónico. Todo indica que eran ejemplares de gran porte, difíciles de reubicar debido a su tamaño. La pregunta es inevitable:

¿Por qué no se adecuó el proyecto para conservar estos árboles sanos y maduros?
En toda ciudad con política ambiental sólida, el proyecto se ajusta a los árboles, no al revés.
Por otra parte, el informe señala que 25 árboles fueron “reubicados” o banqueados. A la ciudadanía le debe quedar claro que el banqueo de árboles maduros es una de las prácticas más complejas de toda la arboricultura, y que requiere maquinaria especializada, predios con accesibilidad muy particular para la maquinaria pesada, personal altamente capacitado y un plan de cuidados posteriores por al menos tres años. Cuernavaca no cuenta hoy con esa capacidad ni con antecedentes de trasplantes exitosos de grandes ejemplares.
Tomando como referencia lo ocurrido en el camellón Adolfo Ruiz Cortines, donde árboles fueron arrancados con grúa, con más del 80% de su follaje mutilado, resulta preocupante que ahora se afirme que “se reubicaron 25 árboles”.
Ante esto, es importante transparentar:
¿Qué empresa o especialista realizó esos banqueos?
¿Qué certificaciones específicas posee para reubicación arbórea?
¿A dónde fueron llevados esos árboles y quién garantiza su supervivencia?
¿Se presentarán reportes de seguimiento?
La realidad técnica es contundente: la mayoría de los árboles maduros sometidos a reubicación sin estándares profesionales están condenados a morir.
Con estas cifras, tenemos que 102 de los 147 árboles (el 70%) están muertos o en condición desconocida. Y aunque se reporta que quedan 45 árboles “no afectados”, la experiencia profesional nos dice que esto es poco probable. La maquinaria pesada utilizada en obra (pipas, retroexcavadoras, montacargas y camiones de varias toneladas) compacta el suelo y destruye raíces, incluso sin tocar el tronco. A esto se suman cambios de nivel por excavaciones y rellenos, otra causa común de muerte diferida en árboles urbanos.
También debe mencionarse que en algunos casos se han documentado daños provocados intencionalmente para justificar derribos posteriores.
Como compensación por la pérdida de estos 102 árboles maduros, se han mencionado cifras de hasta 5,000 “árboles» de restitución, aunque existe el riesgo de que muchos terminen siendo plantas de ornato que es imposible equipararlas con los beneficios que generan los árboles maduros.
Y aún si se entregaran verdaderos árboles jóvenes, surge otra duda crítica:
¿El municipio tiene la capacidad técnica para garantizar su mantenimiento profesional?
Es indispensable que la ciudadanía comprenda una verdad fundamental de la arboricultura:
Las funciones ambientales de un solo árbol maduro no pueden ser reemplazadas ni con 100, ni con 3,000 árboles jóvenes.
Por eso decimos los arboristas que un árbol maduro sólo puede ser sustituido por otro árbol maduro… y en ocasiones ni siquiera así. Y es importante subrayar que las campañas de arborización serias, lideradas por arboristas, utilizan árboles jóvenes con tallos de 2 a 3 pulgadas (que suelen medir entre 2 y 3 metros de altura) porque son los que desarrollan mejor sistema radicular y tienen mayores probabilidades de adaptación después del trasplante. Esto contrasta con la idea de plantar árboles muy grandes: en México existen muy pocos viveros capaces de producir ejemplares de gran porte (mayores a 4 metros) con estándares adecuados de calidad, lo que hace su supervivencia mucho más limitada.
Cuernavaca es reconocida internacionalmente por su diversidad arbórea: es prácticamente un arboretum urbano. Muchas especies no nativas —como jacarandas, nísperos, hules, ficus, panduratas, laureles de la India, tabachines, tulipanes africanos, araucarias y casuarinas— forman parte esencial de nuestro paisaje y de la identidad ecológica de la ciudad. Afirmar que las especies introducidas son perjudiciales para la salud humana o ambiental es técnicamente incorrecto en el contexto de Cuernavaca, donde aproximadamente 70% de la cobertura vegetal proviene de especies no nativas.
Lo ocurrido en el predio del templo no es sólo un asunto administrativo: es una cuestión de responsabilidad ambiental, transparencia y protección del patrimonio vivo de nuestra ciudad.
La ciudadanía merece información clara y fundamentada, y Cuernavaca merece decisiones públicas que respeten y protejan su arbolado maduro.
*Juan Pablo Plata, arborista certificado ISA

