

Al mediodía el sol cae sobre el barrio de Gualupita mientras se prepara para su fiesta patronal, la de la Virgen de Guadalupe que es una de las más grandes dedicadas a la Morena del Tepeyac en Morelos.
La modernidad y las exigencias de la vida cotidiana redujeron los festejos que antes duraban nueve días, por aquello del novenario, a poco más de dos días y medio, que inician de forma discreta con jornadas culturales y artísticas la tarde del 10 de diciembre y concluyen ya entrada la noche del 12, la fecha de la aparición de la Guadalupana a Juan Diego en el cerro de la Ciudad de México.
Por eso no extraña que al mediodía del miércoles 11 los puestos tradicionales apenas vayan instalándose, los juegos mecánicos estén apagados y muy poca gente pasee por las callejuelas empedradas del barrio que aspira a ser reconocido, con todo derecho, como uno de los pueblos originales de Cuernavaca.
Los preparativos para la fiesta

El cierre de calles para la fiesta inicia desde el triángulo que forman Carlos Cuaglia y el nacimiento de Melchor Ocampo justo delante de los tradicionales arcos que distinguen al barrio y que pertenecen al acueducto que fue construido con piedra y ladrillo en el siglo XVIII por instrucciones de José de la Bordas, e incorporado al Catálogo Nacional de Monumentos Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia en el año 2000. El acueducto conducía agua para el campo y los molinos de las haciendas y dejó de utilizarse en algún momento del siglo XX.

Ahí, en los arcos empiezan a verse los adornos en tiras de papel picado blancas, azul claro y rosas, que medio sobresalen del cablerío para anunciar que la fiesta está a unas horas de iniciar.

Primera acotación importante
Desde fuera, el barrio de Gualupita parece igual a muchos otros de Cuernavaca; en sus límites hay negocios tradicionales, lavandería, sastrería, tiendas de abarrotes, una excelente cevichería, talleres mecánicos, dulcerías, carnicería, todo lo que uno pudiera esperar en cualquier barriada de Cuernavaca; pero andar por sus calles es trasladarse a la Cuernavaca de antes, con una densa vegetación de enormes árboles que juegan con el sol para regalar amplios espacios de sombra, el ruido del agua que corre en el parque que aloja (el Melchor Ocampo), la amabilidad de su gente -una cualidad cada vez más extraña en una ciudad que se “metropolitaniza” poco a poco.
Así que Gualupita, a pesar de estar entre zonas difíciles de la ciudad por su actividad intensa y problemas de seguridad pública (Patios de la Estación, La Selva, el mercado Adolfo López Mateos), es una especie de remanso de calma en el ambiente y paisaje de la ciudad.
La organización de la vendimia
La entrada principal de la feria, por llamarla de alguna forma, es donde nace la calle Melchor Ocampo. Tendrás que avanzar varios metros antes de encontrar los primeros puestos de artesanías, comida y tantas chucherías que venden en las fiestas patronales de las colonias de Cuernavaca.
Hay marcas para unos 300 puestos, pero a esta hora hay instalados apenas poco más de una decena. Cuando atravesamos la calle, ya para llegar a la iglesia, una pareja está instalando su punto de venta de joyería artesanal, más adelante ya puedes comprar pan artesanal (pan de feria, pues), elotes, esquites en diversas variantes, dulces tradicionales, el famoso puesto de deliciosas garnachas de la esquina de Melchor Ocampo y Manuel León Díaz sigue abierto, y otros muchos ya se preparan para recibir a la gente, con deliciosos antojitos, botanas, golosinas.

Y aunque la fiesta no es tan grande ni concurrida como hace años, la tradición guadalupana sigue enraizada en el barrio que finca gran parte de su identidad en la imagen de la virgen y su relación con ella.
La Iglesia se adorna para el festejo
Los cronistas de Cuernavaca, como Juan José Landa Ávila, cuentan que en 1882 a iniciativa de Abraham Salazar residente del barrio de Gualupita en aquellos ayeres, inició con vecinos, amigos y familiares el proyecto de construcción de la iglesia que fue consagrada al culto de la virgen de Guadalupe. Entre los conflictos revolucionarios la capilla, que aún no estaba terminada, se utilizó como cuartel. Luego fue una escuela la Felipe Neri, que creció tanto que tuvo que ser reubicada en 1949 cuando fue entregada a la Diócesis de Cuernavaca.
La construcción se prolongó entonces hasta mitad del siglo XX. Y en 1965 elevó su rango a parroquia. Desde esos tiempos de llama “Parroquia de la Resurrección del Señor y Nuestra Señora de Guadalupe”.
Como cada diciembre desde mediados del siglo pasado, la parroquia se viste de gala para estas fiestas para recibir a los miles de peregrinos que, en diferentes procesiones, llegan a rendir culto a la Guadalupana durante todo el novenario, y especialmente a quienes celebrarán con ella las Mañanitas la madrugada del 12 de diciembre y las celebraciones religiosas de este día.

Peregrinaciones a la parroquia de Gualupita en el sexto día del novenario. Foto: Cortesía
Segunda acotación importante
La imagen de la virgen que se venera en la parroquia fue donada por Francisco Gutiérrez González, un veterano del ejército zapatista que nació en el barrio y colocada para la primera fiesta patronal en 1949.

Juan Diego y la Virgen de Guadalupe en la parroquia. Foto: Cortesía
La imagen tiene un cuadro de la Guadalupana en el fondo y una escultura de Juan Diego frente a ella mirando su rostro con devoción. Hoy se ubica tras un cristal, aunque las luces de fuera dificultan apreciar toda su belleza.

A mediodía la actividad en la Parroquia es poca, pero sirve para que algunos fieles acudan a rezar con toda tranquilidad. Encienden veladoras con sus peticiones mientras afuera, los jóvenes voluntarios renuevan los adornos en la carpa instalada en el atrio para recibir nuevas procesiones de peregrinos que llegarán a la fiesta.
La fiesta frente al parque
Cumplido el compromiso de fe, sigue la fiesta, y para eso Gualupita tiene una larga tradición. Frente al Parque Melchor Ocampo, alrededor de la glorieta y un poco más allá, se extiende un área de juegos mecánicos y otras diversiones de feria.
Los juegos mecánicos son para niños pequeños, entonces hay un mini carruseles y otros juegos para dar vueltas, una pequeña rueda de la fortuna, un trenecito, un miniavión, remolino, y para los más grandes concursos de tiro, pesca, y esas suertes comunes en las ferias tradicionales.

Una recomendación para el paseo
Si vas de día a la feria, puedes darte una vuelta por el parque Melchor Ocampo; una enorme zona arbolada con largos pasillos donde puedes escuchar el correr del agua y gozar de una refrescante sombra. Aunque requiere de una remozada importante para rehabilitar sus fuentes y caminos, el parque sigue gozando de una enorme belleza natural. Tiene biblioteca, mesas para comer y muchas bancas donde puedes sentarte a descansar del peregrinar.

El pequeño kiosko del Parque Melchor Ocampo. Foto: Daniel Martínez Castellanos

La biblioteca de parque Melchor Ocampo. Foto: Daniel Martínez Castellanos
Una fiesta casi como cualquier otro año
Y aunque la fiesta de hoy en Gualupita será muy parecida a la de otros años, los habitantes del barrio tienen la esperanza de que pronto se les reconozca, por fin, como uno de los pueblos originales de Cuernavaca.
Méritos suficientes los tiene el barrio que fue poblado desde la era prehispánica en asentamientos que fueron cubiertos por el paso del tiempo, la construcción de la estación del ferrocarril cercana, y otras edificaciones que ocultaron los vestigios de aquellos primeros pobladores. Lo que demuestra, por cierto, que la población en la zona ha sido constante, desde aquella época pasando pro la colonia, la Independencia, la formación de la República, la Revolución, el México postrevolucionario y hasta nuestros días, donde el barrio mantiene su vitalidad y nos obsequia rincones que permiten a los habitantes de Cuernavaca renovar su identidad, y recordar la ciudad que quieren recuperar.

Un café en el barrio Gualupita. Foto: Daniel Martínez Castellanos

