En la calidez de un auditorio lleno de rostros conocidos, Víctor Hugo Valencia Valera, director del Centro INAH Morelos, impartió la conferencia titulada «El cronista y la comunidad”. Acompañado de Alejandro Vázquez, presidente del Seminario de Cultura Mexicana, corresponsalía Cuernavaca y del director del Museo Regional de los Pueblos de Morelos, el Palacio de Cortés, Rodolfo Candelas quién moderó la mesa en el renovado auditorio Juan Dubernard del recinto.

El cronista no solamente es la figura en la que históricamente recae la responsabilidad de recabar la información que da luz a los acontecimientos y hechos suscitados en cada ciudad, pueblo o comunidad de cada país, comienza Alejandro Vázquez, encargado de abrir camino en esta jugosa plática del miércoles por la tarde. Su labor (del cronista) tiene el propósito de legar a la historia y a los habitantes de los pueblos la información que sustente sus costumbres, tradiciones, su arte y, en general, su cultura y acontecimientos, lo que define su identidad en toda la extensión de la palabra, continua Vázquez, mientras que paralelamente reafirma el compromiso del Seminario de Cultura Mexicana, corresponsalía Cuernavaca, de difundir la sabiduría popular mediante la cultura, el arte, la ciencia y la tecnología, a través de la voz de sus miembros y distinguidos personajes de todo ámbito.

Un Viaje histórico

Víctor Hugo Valencia nos embarca de primer tiempo, en un recorrido por algunos datos históricos en que describe la evolución de la figura del cronista desde los primeros viajeros, como Heródoto, hasta los cronistas oficiales en España y América. “Este oficio comienza con la relevancia del viajero, quien compartía experiencias, como la mítica figura de Marco Polo, quien, a través de sus relatos de viaje, influyó en otros exploradores como Cristóbal Colón”, expresa.

La Historia, hasta el siglo XIX, no era una disciplina formal, y aquellos que relataban eventos históricos eran considerados cronistas. Continúa dándonos un recorrido por las primeras personas consideradas en esta profesión: en España, nos pone de ejemplo, se menciona el nombramiento de Juan de Mena como cronista oficial en 1444; en América, los cronistas de Indias, como Hernán Cortés con sus Cartas de Relación, desempeñaron un papel clave en la narración de la Conquista. Además, se destacan otros cronistas como Bernal Díaz del Castillo y religiosos como Fray Bernardino de Sahagún, quienes preservaron la historia y las lenguas indígenas en sus escritos. Finalmente termina el recorrido mencionando el papel de los cronistas criollos y mestizos tras la Independencia y la Revolución Mexicana.

El oficio de hacer comunidad

“Si el cronista no tiene una comunidad que lo lea, si no tiene una comunidad que le crea, si no hay una población o un sector que lo busque, entonces no existe”. Esta es la hipótesis que sostiene Valencia Valera, suscitando la omnipresencia de la figura del cronista tanto en el pueblo más olvidado como en la ciudad más grande, “pareciera que no existe, pero ahí están”; palabras que a provecha para exponer la pequeña diferencia entre el cronista y el historiador, una discusión endémica de ambas profesiones. Dice: el cronista es relator de los acontecimientos que le han tocado vivir, un testigo de su tiempo que vive los hechos, los experimenta; a diferencia del historiador que, por la naturaleza de su trabajo académico, describe los hechos desde cierta distancia.

El oficio del cronista no solo es un ejercicio individual entre la pluma y hoja del escritor, es crear un vínculo con la comunidad. de acuerdo con lo que nos expone el director valencia, “el cronista no solo narra hechos, sino que también da vida a las tradiciones, costumbres y emociones que forman parte del tejido social”, continua, “su capacidad para revivir y transmitir esas experiencias se enriquece cuando tiene un profundo entendimiento de su propia historia”.

Para tercer tiempo, con un auditorio lleno, se suscitó la conversación sobre la conexión entre el que hacer del cronista y su entorno, “esta no es exclusiva de un nivel social, puede encontrarse en individuos de diversos orígenes, lo que muestra que el interés por la crónica puede surgir de una necesidad humana universal de contar y compartir”, además nos comenta que un buen cronista goza de ser un buen conversador. la velada finalizó con la aseveración de que la figura del cronista es esencial en cualquier comunidad, ya que su labor va más allá de relatar simples acontecimientos. Estos narradores, movidos por una profunda vocación, como nos comparte Víctor Hugo Valencia, se convierten en guardianes de la memoria colectiva, preservando las historias que dan forma a la identidad de su entorno. A través de sus relatos, “construyen un puente entre el pasado y el presente, ayudando a la comunidad a comprender sus raíces y su evolución”.

Un grupo de personas sentadas alrededor de una mesa

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Jazmin Aguilar