La movilidad peatonal, o para decirlo en términos llanos, la facilidad de moverse sin vehículos por las calles es definitiva en las condiciones de habitabilidad de las ciudades y pueblos, mejora la salud pública, contribuye a la reducción de accidentes, es un factor de igualdad e inclusión social, ayuda a la conservación del medio ambiente, dinamiza el comercio, ayuda a la cohesión social integrando mejor a las comunidades, y eleva el valor inmobiliario de las propiedades.

Con todo y ello, las apuestas por la movilidad peatonal en Morelos son mínimas, desarticuladas, no obedecen a un plan integral y condenan a la mayoría de la población a arriesgar su vida desde que sale de casa a pie. Los morelenses no saben usar las banquetas y otros espacios peatonales porque desde pequeños han habitado (o sobrevivido) en espacios de condena.

La historia cotidiana de los peatones

Aunque las ciudades y pueblos de Morelos tienen una riqueza histórica, arquitectónica y comunitaria que las hace exquisitas para recorrer a pie, lo cierto es que la falta de planeación del desarrollo urbano, y la propia historia de muchas ciudades, han condenado a los morelenses a transportarse en autos o autobuses, aún considerando la mala calidad del servicio público.

Cuando un morelense sale de su casa a pie, encuentra banquetas destrozadas (si las hay), invadidas por postes, fracturas, hoyos, hierbas crecidas; otros obstáculos pueden incluir la ocupación del espacio por particulares que se adueñan de los espacios fuera de sus casas, por comerciantes semifijos en las zonas más transitadas de las ciudades.

Al cruzar calles transitadas, difícilmente encontrará un punto seguro para hacerlo, la señalización es escasa o está deteriorada; los puentes peatonales son un riesgo mayor por el deterioro y la inseguridad; es común encontrar vehículos estacionados demasiado cerca o encima de las banquetas.

Y es peor para personas en silla de ruedas, y madres o padres que lleven a sus bebés en carriolas; no hay rampas, las escaleras y desniveles son extrañamente frecuentes, y el ancho de las banquetas son insuficientes obligando a utilizar la calle como única posibilidad para continuar su camino.

Del llévele, llévele, y el súbale hay lugares, al ya me lo atropellaron

Claro que hay calles aún menos seguras que otras. En los centros de las ciudades, tomados por poderosas organizaciones de ambulantes que enfrentan las debilidades de los ayuntamientos, el problema de la movilidad peatonal se vuelve aún más grave.

En el centro de Cuernavaca, las calles transitadísimas calles de Degollado y No Reelección, son el ejemplo más evidente del desorden que pone en peligro a los peatones. Los peatones deben sortear no solo los obstáculos cotidianos de las aceras, también a los ambulantes y sus marchantes, y a las unidades del transporte colectivo cuyos conductores no suelen tener conciencia de la preferencia peatonal.

La misma situación se presenta en prácticamente todo el centro histórico de Cuautla, en calles del centro de Jiutepec, en Temixco, y hasta en Xoxocotla los sábados de tianguis.

Si bien no hay registros claros sobre todos los accidentes que han sufrido peatones en Morelos, el hecho de que entre 2020 y 2024 se hayan registrado mil 533 atropellamientos de peatones en el estado, muestra el riesgo que enfrentan los transeúntes en las calles del estado. Sólo en el 2024 el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reporta 293 “colisiones con peatón” en el estado, lo que arroja un promedio de 5.6 por semana, más de una por cada día hábil.

Las tardes y noches aumentan los peligros

La falta de accesibilidad y transitabilidad de las banquetas y otros espacios peatonales como callejones y andadores, aumenta conforme cae la tarde. La inseguridad reportada en muchas vías y espacios públicos se añade a los obstáculos presentados.

De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el 2024 se denunciaron 890 robos a transeúnte en vía o espacios públicos, de ellos en 626 se reportó el uso de violencia. A ello hay que sumar la mayoría de los peatones víctimas de asaltos no denuncian los robos, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) calcula la cifra negra en más de 90%; con ello, el dato de peatones víctimas de robo en vías y espacios públicos rondaría los nueve mil en el 2024.

Para el 2025, las cosas han mejorado, aunque no lo suficiente, con 346 casos en el primer semestre del año, las denuncias por robo a transeúnte en vía y espacios públicos han disminuido un 19% respecto del mismo periodo en el año anterior. Aun con ello, ya considerando la cifra negra, podría haber en el primer semestre del 2024, 3 mil 460 peatones víctimas de robo en calles y espacios públicos.

Parte de la reducción en este delito deriva de las mejoras en iluminación, videovigilancia y otros componentes para formas corredores seguros impulsados por los ayuntamientos donde mayor movilidad peatonal se registra, Cuernavaca, Jiutepec y Temixco.

La dotación de infraestructura se suma, en el caso de la capital del estado, por ejemplo, con políticas de vialidad que ponen al peatón en el centro de la movilidad, en las que se incluyen la reglamentación de tránsito, la concientización de los automovilistas. Gracias a esos nuevos enfoques, se ha comenzado la atención a los espacios peatonales por parte de algunos ayuntamientos. Aunque cualquier peatón puede dar cuenta de que los esfuerzos son desiguales.

La ignorancia del problema

Aunque es evidente la falta de espacios para la movilidad peatonal segura en todo el estado, nadie parece tener un dato que permita diagnosticar con certeza la magnitud del problema. Ni siquiera el Ayuntamiento de Cuernavaca, el que más ordenada tiene su información sobre el espacio urbano tiene un dato oficial sobre el número toral de banquetas y calles.

Parte del problema nace de la proliferación de las invasiones de áreas, los asentamientos humanos irregulares y la falta de continuidad en las gestiones municipales provocan que los datos sean inexactos, incompletos y no estén actualizados.

Sin datos oficiales, la inversión que hace Cuernavaca, por ejemplo, de 36.7 millones de pesos para mejorar espacios públicos, vialidades, construcción y rehabilitación de banquetas y espacios peatonales en colonias prioritarias, es un esfuerzo evidente dado que representa un aumento de más del triple que hace seis años; pero su impacto real en la atención a los problemas de movilidad urbana en la ciudad no puede ser medido.

La situación empeora en otros municipios donde la información es aún menor.

La movilidad peatonal, el paso seguro a ciudades habitables

Hay un consenso general entre los urbanistas de todo el mundo que parte de la obviedad de que, en algún momento de nuestra rutina diaria, todos somos peatones: la movilidad peatonal es fundamental para la habitabilidad de las ciudades y los pueblos pues influye directamente en la calidad de vida, la seguridad, la inclusión social, la sostenibilidad y la salud pública.

La experiencia ha demostrado que los espacios públicos con un diseño centrado en la movilidad peatonal reducen accidentes de tránsito y mejoran la seguridad para las comunidades. También contribuyen a la disminución de emisiones, la limpieza y accesibilidad de las ciudades y a la reducción de la dependencia de vehículos motorizados.

Una buena planeación centrada en la movilidad peatonal, aseguran los expertos, permite que la niñez, los adultos mayores, las personas con discapacidad y el resto de la sociedad accedan más fácilmente a servicios como la educación, salud, comercios, empleos, algo fundamental para disminuir la desigualdad.

Los espacios peatonales estimulan caminar, lo que está asociado a mejores condiciones de salud física y mental de la población, permiten a la comunidad apropiarse de sus espacios públicos y sentirse responsables de ellos y del territorio.

Una ciudad con espacios peatonales bien diseñados y con mantenimiento adecuado es, además, muy atractiva para el turismo.

Un problema histórico, ciudad añeja contra ciudad moderna

Las ciudades antiguas privilegiaban el tránsito peatonal, el trazo de sus núcleos históricos es de estructuras compactas y densas, callejuelas estrechas donde no se consideraban banquetas porque no había automóviles cuando fueron concebidas. Si bien parecieran privilegiar a los peatones, lo cierto es que no eran para nada incluyentes; su trazo no consideraba a las personas con discapacidad, tampoco a la niñez, y mucho menos consideraba los retos que plantearía siglos después el crecimiento urbano, según nos enseña la historia.

El trazo de las ciudades modernas, en cambio, estuvo fuertemente marcado por la fascinación de la humanidad con los automóviles y otros vehículos motorizados, se sacrificaron espacios peatonales para construir enormes vías donde los autos corrieran a su potencial y los peatones fueron restringidos a espacios cada vez más pequeños.

A finales de la década de los setenta, cuando la Ciudad de México empezó a fortalecer su orientación de beneficio al tránsito vehicular con la creación de ejes viales usando para ello las avenidas más amplias, se bromeaba sobre el riesgo que significaba para los peatones atravesar un eje vial. En los hechos, a más de 45 años de la creación de los ejes viales, las barreras peatonales que significan no han sido todavía superadas y los transeúntes a pie parecen haberse resignado a la pérdida de una ciudad que ya solo existe en los relatos de los abuelos.

Una mirada hacia un futuro que privilegie al peatón

Aunque estamos muy lejos de ciudades que privilegien la movilidad peatonal, algo que implica prácticamente rediseñar las ciudades, existen lineamientos básicos que deberían ser exigidos en el desarrollo de la vía y los espacios públicos.

ONU Hábitat, el capítulo de las Naciones Unidas para transformar las ciudades y asentamientos humanos, emitió una carta de diez derechos peatonales: cruzar la calle con calma y seguridad; tener aceras limpias y continuas; contar con un diseño de ciudad a la medida del peatón; caminar con seguridad por la calle (son robos ni acoso sexual); convivir en el espacio público; jugar en la calle; contar con mobiliario público suficiente y adecuado; contar con un servicio de transporte público adecuado como complemento a los recorridos a pie o en bicicleta; gozar de un medio ambiente sano; y tener centros urbanos organizados.

Ello supone que las autoridades locales establezcan límites de velocidad urbana que seguros para la vida de las personas; el rediseño de los cruceros donde ocurren más incidentes de tránsito; el ajuste de los semáforos para que los peatones tengan tiempo suficiente para atravesar las vialidades.

Además, debe crearse un reglamento de aceras; dirigir recursos de los fondos de bacheo a la rehabilitación y adecuación de las banquetas, y priorizar su mantenimiento y reconstrucción; asegurar la accesibilidad de los espacios públicos; implementar ajustes razonables en los edificios públicos para garantizar su accesibilidad; sustituir los puentes peatonales por cruces seguros a nivel de calle (esto empieza a hacerse ya en Cuernavaca).

En materia de seguridad, expone ONU Hábitat, las autoridades deben “identificar las zonas de la ciudad con mayor percepción de inseguridad; mejorar la imagen urbana mediante mantenimiento de fachadas, iluminación nocturna y poda de vegetación; crear campañas de comunicación para prevenir el acoso sexual contra las mujeres en las calles y el transporte público”.

También recomienda la eliminación de las restricciones de juego en los espacios públicos, señalar las entradas y salidas de las calles de tránsito calmado (con límite de velocidad de 30 kilómetros por hora); y eliminar el mobiliario hostil en el espacio público.

En materia de transporte público establece “aumentar la cobertura del servicio de transporte público; formalizar las paradas de transporte público mediante señalización y mobiliario; y garantizar la accesibilidad a las unidades de transporte”.

La mejora del medio ambiente pasa, según ONU Hábitat por “crear jardines de lluvia en las calles para filtrar el agua al subsuelo; gestionar el tránsito motorizado en zonas residenciales o en entornos hospitalarios, para disminuir el ruido y la contaminación en los horarios más críticos; y arborizar las calles usando especies nativas y de bajo consumo hídrico”.

Otras recomendaciones son la creación de instrumentos de planeación urbana que fomenten la creación de ciudades más densas, conectadas y diversas; la limitación de la presencia conjuntos habitacionales cerrados e integrar los asentamientos precarios al resto de la ciudad; y el diseño de sistemas de espacios públicos que interconecten la ciudad y promuevan la movilidad activa.

Pero podría empezarse por las banquetas

Y aunque todo eso es exigible y urgente, un paso por un camino diferente es la construcción y rehabilitación adecuada de las banquetas bajo los principios elementales que proponen los especialistas.

Una banqueta bien hecha tiene un mínimo de 1.5 metros de ancho libres para permitir el paso de los peatones; no debe presentar barreras para usuarios de cualquier edad o con cualquier tipo de discapacidad (las rampas de acceso deben ser suaves y contar, además con elementos táctiles para guiar a las personas con discapacidad visual); debe tener cruces a nivel para facilitar el desplazamiento seguro.

En su diseño y construcción se debe privilegiar la seguridad por lo que deben estar bien iluminadas, hechas en materiales antideslizantes, proteger al peatón de los vehículos con guarniciones adecuadas, y permitir la convivencia armónica en las intersecciones; además debe considerarse una inclinación leve (2%) para evitar encharcamientos.

Además, debe considerarse que las banquetas forman parte de una red peatonal, por lo que no deben presentarse interrupciones; sus materiales y diseño deberán ser uniformes.

Sería un buen principio.

Un coche en la calle

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En Ahuatepec, hay banquetas que terminan en enormes fosos. Foto: DMC

Imagen que contiene edificio, exterior, tabla, viejo

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Un horno de leña invade esta banqueta en Ocotepec. Foto: Cortesía

Un puente de piedra

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Callejón peatonal en la colonia Los Volcanes de Cuernavaca. Foto: DMC

Vista de una calle

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En Morelos las pocas banquetas que hay suelen ser estrechas y hace años fueron invadidas por postes, a las que se suma basura y hierbas. Foto: DMC

Un jardín de una casa

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Aunque algunos vecinos les dan mantenimiento, el abandono de otros es evidente. Foto: Cortesía

Vista de una calle

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Las fracturas de las banquetas son comunes en todo el estado. Foto: DMC

Una calle de tierra

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Pasear a pie en Morelos se vuelve casi imposible sin arriesgar el cuerpo. Foto: DMC

Un puente de piedra

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En muchas calles, las banquetas solo desaparecen. Foto DMC

Un grupo de personas en una plaza

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La gente también colabora con la obstrucción de las banquetas. Foto: DMC

Edificio en medio de la calle

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Los obstáculos en las banquetas son comunes desde su diseño. Foto: Cortesía

Un coche en una calle

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Y los obstáculos hacen que la gente arriesgue el físico. Foto: DMC

La Jornada Morelos