

El dramaturgo, amigo y colaborador de La Jornada Morelos, Jaime Chabaud fue galardonado con el Premio Nacional de Dramaturgia Manuel Herrera Castañeda 2025 convocado por la Secretaría de Cultura del Estado de Querétaro, por su obra inédita Más si osare. Este premio, que lleva más de dos décadas reconociendo lo mejor de la escritura teatral en México, representa para Chabaud no sólo un reconocimiento a su trayectoria, sino también un reencuentro simbólico con un viejo amigo y referente de la cultura queretana.
“Me llena de orgullo porque fui muy amigo de Manuel Herrera Castañeda, dramaturgo, escritor, gestor cultural y funcionario. Trabajamos juntos entre 1987 y 1989 en un proyecto para rescatar la historia del teatro mexicano”, recordó Chabaud en entrevista. “Ahora ganarme el premio que lleva su nombre es muy simbólico; porque fue una perdida prematura, de esas que te dejan con muchas conversaciones pendientes”.
Con más de dos décadas de existencia, el Premio Nacional de Dramaturgia “Manuel Herrera Castañeda” se ha consolidado como una referencia obligada en la escena teatral mexicana. Sin embargo, en los últimos años, comenta Chabaud, el número de reconocimientos públicos ha disminuido de forma alarmante. “En México, en los últimos tres, cuatro o cinco años, han desaparecido la mitad de los premios nacionales. Por eso, que este premio siga vigente ya es significativo”, afirma el autor galardonado.
La obra inédita
La obra galardonada, Más si osare, nos comparte en exclusiva, surge de una preocupación muy actual, la discriminación que viven los afrodescendientes en México, específicamente los casos de afromexicanos que han sido detenidos y deportados arbitrariamente por el Instituto Nacional de Migración por el simple hecho de “no parecer mexicanos”. “Ese fue el motor de esta obra. Me lo confirmó mi hermano Federico, quien era cónsul en San Pedro Sula, Honduras. Me contó cómo afromexicanos de la Costa Chica de Guerrero, eran repatriados a países de Centroamérica, sin reconocer que eran mexicanos de nacimiento”, relató.
La pieza fue escrita entre Morelos y Colombia, donde Chabaud ha impartido cursos recientemente. Es, además, una continuidad del trabajo escénico que realiza junto a su esposa Marisol Castillo, activista y directora de la compañía Mulato Teatro, fundada en 2005. “Mi esposa es afrocolombiana, mis hijos son mulatos. Desde nuestra agrupación hemos trabajado obras históricas sobre la presencia africana en México. Pero Marisol me retó: ¿por qué no escribir sobre los conflictos actuales?”, cuenta Chabaud. Más si osare es la respuesta a ese llamado.

Al preguntarle algunos detalles de la obra, el escritor describe la geografía imaginada de Más si osare: “huele a coco, a sal y a humo de pescado”. Jaime la concibe en una costa semejante a las playas del Istmo de Tehuantepec, donde las tarrayas se secan al sol, las lanchas descansan sobre la arena, y el ahumado del pescado se hace entre ladrillos, a fuego lento. Ese entorno, casi táctil, no es solo un paisaje, Jaime sostiene que es una metáfora de lo que el ser humano enfrenta. “La naturaleza somete”, explica Chabaud, “con huracanes, lluvia, sal, sol…”.
Aunque Más si osare se concibió sin un elenco específico en mente, está pensada para ser representada por los actores de su compañía de teatro comunitario. Su presentación se proyecta tanto en la Ciudad de México como en comunidades afrodescendientes del país. “La historia ocurre en Cuajinicuilapa, Guerrero, pero también podría representarse en Ticumán, donde este año se dio un paso histórico: el pueblo se reconoció oficialmente como afrodescendiente, el primero en Morelos en hacerlo”, señaló Chabaud.
Además, compartió su visión para esta puesta en escena: “Deseo que sean otros: directores, escenógrafos, iluminadores, quienes propongan y construyan el universo visual y emocional que se presentara en la obra”. Porque el teatro, para Chabaud, siempre termina siendo un acto colectivo.
Mulato Teatro
Durante la entrevista, aprovechamos para preguntamos sobre el papel del teatro; para Jaime Chabaud, el teatro es más que un género, es su forma de vida. A lo largo de 40 años de trayectoria que comenzaron en el periodismo cultural, ha cultivado una dramaturgia comprometida con la historia, la memoria y las luchas sociales. “Renuncié a la narrativa muchos años para dedicarme de lleno al teatro. Me fascinó el trabajo colectivo, la farándula, la escena. Ahora, después de tanto tiempo, volveré con una novela que publicaré el próximo año”, adelantó.
Desde 2010, Chabaud radica en Ticumán, Morelos, donde fundó junto a su esposa, la directora afrocolombiana Marisol Castillo, la compañía Mulato Teatro. El grupo se ha consolidado como un laboratorio de creación artística profesional y comunitaria. “Mi esposa es afrodescendiente, mis hijos son mulatos, y nuestra compañía nació desde esa identidad. Hemos trabajado obras como Estampas zapatistas, Domingo Angola o Xochimancas, que recuperan la historia afro especialmente en Morelos, pero también en todo México”, explicó.
Mulato Teatro se estructura en tres líneas: montajes con actores profesionales, proyectos con actores comunitarios, a quienes se capacita y apoya gratuitamente y trabajos híbridos, que integran ambos perfiles en escena. “Esos cruces han sido muy ricos. A veces, los profesionales salen transformados por la experiencia de los actores comunitarios, por sus historias y la riqueza de sus memorias. Aquí todos tuvieron abuelos Zapatistas, y los que no, posiblemente no sean de aquí. A través del teatro comunitario se genera un ecosistema creativo donde todos se afectan positivamente”, detalló.
Desde su perspectiva, el teatro comunitario es una herramienta ancestral, no una novedad. “Morelos tiene una larguísima tradición de teatro popular y comunitario, desde los apaches de Quebrantadero hasta las representaciones de Zapata o el padre Matamoros en Jantetelco. No vinimos a inventar nada: llegamos a un territorio que ya tenía raíces teatrales profundas. Nosotros solo dimos continuidad con nuevas metodologías y respeto por los saberes locales”.
Hace falta más teatro
Sobre la función del teatro en su escritura, Chabaud concluye que “el teatro es una forma de construir identidad, de rebelarse contra las narrativas hegemónicas, de mirarnos en el espejo del pasado y del presente. Hay historias que no se han contado, desde la época colonial hasta hoy. El teatro permite hacerlo con cuerpo, con voz, con emoción. Y eso es insustituible”.
Antes de despedirse, Jaime Chabaud lanza un mensaje que funciona tanto como invitación como deseo personal. “Me encantaría generar un proceso formativo en Morelos. Aquí hay muy pocos dramaturgos, y sería valioso impulsar un movimiento serio y articulado. Hay dos dramaturgas estupendas: Silvia Peláez y Gabriela Román, que es una chava de Cuautla, talentosísima, con becas en Estados Unidos y una escritura muy potente. También está Luis Aldama. Pero falta sistematizar el trabajo, crear espacios donde esto florezca”.
Para Chabaud, el teatro es un viaje al que cualquiera puede subirse, ya sea como espectador o como creador. “Ojalá podamos articular algo pronto entre quienes estamos en este quehacer, pero también con la Secretaría de Cultura. El teatro es generoso: lo que hace falta es darle cauce”.

Jaime Chabaud. Imagen: dramatologia.com

